La lucha de un pueblo por la justicia

Cuatro años no pasan en vano en la vida y menos para las familias y víctimas del Ycuá Bolaños. Aquel aciago 1 de agosto el sistema estalló por el lado conocido, por el de los débiles. Pero allí no solo murieron 400 personas. Allí también nació una lucha. La lucha de un pueblo. La lucha por la justicia.



Antes de que su vida entera sea agosto, gran parte de la rutina de Bersabé Meza se agotaba en los correteos de la construcción del hogar y en los laberintos de rutina de cuidar a siete hijos y un esposo. Harta de verla postrada, un día su hija mayor le gritó: «mamá, a papá lo mataron. Algo tenemos que hacer. Entendés mamá». Esta sacudida de adentro, muy adentro, la ubicó en el centro de una lucha; allí donde muchas cosas recobran sentido. Salió de la casa con rabia, con dolor, con sed de justicia. «Si no estábamos organizados, en este momento íbamos a estar en el Neuropisquiátrico», asegura.

Manifestaciones Ycua Bolaños

Foto de Lucas Nuñez

En estos cuatro largos años, las organizaciones en torno al incendio de Ycuá Bolaños han entrado en contacto con las cloacas de este sistema, producto de la confabulación enmarañada de los poderes judiciales, económicos y políticos. «Hemos conocido desnuda a la Astrea paraguaya, que pone la mano al mejor postor», interpela Roberto Almirón, víctima directa del incendio. En esta etapa descubren la existencia de «océanos jurídicos que permiten a los más pintados abogados hacer sus chicanas».

Pero por sobre todo han aprendido a valorar la vida humana. «Reconocemos que hemos utilizado la presión social y la fuerza…pero nunca estuvimos de acuerdo con hacer lo que ellos hicieron con nuestros seres queridos. A pesar de que recibimos muchísimas propuestas de gente que estaba dispuesta a hacerlo». Sin lucha, sin presión, sin fuerza, sin la organización, «Paiva a esta altura habría ligado multa nomás y estaría tomando sol en un país caribeño».

El psiquiatra argentino Alfredo Moffatt sostiene que esta tragedia en otro país equivaldría mínimo a 10 suicidios posteriores. Aquí solo hubo un caso. «El haber tenido un norte común dentro de la organización ha sido decisivo; el ser nosotros una gran familia», asegura Almirón.

Además del importante rol de contención, esta lucha se resume en las palabras de Bersabé Meza: «Que todo el mundo se entere que nosotros hemos luchado por la verdad, que somos luchadores por la vida. Si no hay verdad, no hay justicia; y si no hay justicia, no hay paz. Y no le vamos a dejar en paz a nadie mientras no consigamos esa anhelada justicia, incluido a este nuevo gobierno».

Las organizaciones se formaron a la semana de la tragedia. La primera etapa estuvo signada por el esfuerzo titánico de administrar socialmente la catástrofe y aminorar sus efectos. Después vino el curso judicial desde que «nos dimos cuenta de que ahí nunca hubo una seguridad para la vida y que se cerraron las puertas», dictamina Bersabé Meza. Allí empezó el segundo calvario con la «protección» de Riera de toda responsabilidad sobre la tragedia a pedido del propio presidente Nicanor; la prisión domiciliaria a Pío Paiva y el primer juicio oral. Esa etapa ciertamente continúa, pero también dio lugar a una tercera etapa: la política.

Las organizaciones se dieron cuenta de que no se podía separar lo judicial de lo político de este sistema. «Si no entendíamos así, nuestros cambios, nuestros objetivos, iban a ser no duraderos y parciales (…) Únicamente estas cosas se cambian con un proyecto político que saque la maraña de la dictadura y sus secuelas; que borre estos hombres escombro y que haga nacer una casta nueva con una visión política diferente», dice el doctor Almirón. A partir del 5 de diciembre de 2006 acompañan el proceso de lucha más de cuarenta organizaciones sociales. Empieza la conexión con las víctimas de la dictadura estronista, las víctimas del Marzo Paraguayo y otras víctimas de la impunidad.

«Ycuá Bolaños es la lucha social más importante entre todas, por la cantidad de seres humanos que de una vez liquidaron», dice Bersabé Meza. «Ycuá Bolaños despierta compromisos. Algo tan magno, tan perceptible… Ycuá Bolaños es un compendio de lo que es el país, un compendio de lo que puede pasar con un país que toma el camino que tomó el nuestro, la historia de un fin anunciado», dispara Almirón. Afirma, no obstante, que el acompañamiento del pueblo paraguayo ha sido parcial y no integral como lo hubieran deseado. El apoyo fue más durante la tragedia, «pero no fue ciudadano, no durante las marchas y juicios».

En lo que respecta al futuro, el doctor Almirón explica que ellos tienen claro «el final de esta película». Entiende que lo más problable es que la causa llegue a las instancias internacionales, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Y asegura que el Estado va a tener que pagar una suma gigantesca. A partir del proceso político de alternancia que se abre, ellos revitalizaron esperanzas de que se revisen algunas causas.

Si bien son concientes de que en este tiempo aportaron en el despertar ciudadano, advierten que el país está completamente vulnerable a otra tragedia igual. «Ycuá Bolaños no fue casualidad ni excepción, Ycuá Bolaños más chicos pasan todos los días. De nosotros depende que estas cosas no ocurran, no de las autoridades. La ciudadanía tiene que saber exactamente cuál es su rol. Esta es una lucha nacional del país que queremos, y no uno que mata a sus hijos, que mata a sus ciudadanos. Queremos que esta causa sea de todos, esta causa es nacional, es por la vida».

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