Incendio: Victoria del olvido

El Cine Victoria comenzó a funcionar en Asunción en el año 1950. Foto: Twitter @680carlos, Carlos Martini.

El incendio de unos de los pisos del Cine Victoria volvió a recordar a la ciudad y al país el nivel de degradación del edificio. Las llamas y el humo eran señales inequívocas de que hasta Dios se olvidó del Victoria y parece que solo triunfará la desidia de las autoridades.

Crónica de teléfonos sonando en salas vacías, publicada originalmente el  8 junio de  2013 y actualizada con el ciniestro.

Por Carlos Elbo Morales

Esa mohosa película, mezcla de smog, lluvia, frío, calor y hollín son como las huellas del paso del tiempo que ha caminado por sus paredes. Pero aun así la fachada del Cine Teatro Victoria se yergue majestuosa en la esquina de Oliva y Chile, como queriendo abrazar las nubes. Un edificio que desde afuera fascina a los transeúntes y que adentro guarda un sinfín de historias que arrancaron con su inauguración el 2 de diciembre de 1949.

El Victoria formó parte de esos históricos cines que abundaban en Asunción y el mundo, salas equipadas con asientos súper pulman y pantallas ciclópeas. Desde la primera película exhibida en sus instalaciones, Juana de Arco con Ingrid Bergman, congregó a multitudes que en muchos casos formaban filas que se alargaban por cuadras, luego pasó la lujuriosa faceta de cine porno, para intentar redimirse años más adelante con las películas comerciales.  Posteriormente pasó por el purgatorio de ser un centro de recaud…digo, adoración evangélica hasta cerrar definitivamente sus puertas.

Gloriosas épocas aquellas del esplendor único de estos dinosaurios del entretenimiento en pantalla grande. Pero no solamente el ser uno de los más grandes y  modernos cines del país en su momento cimentó la fama del Victoria. También otros episodios cargados de anécdotas y testimonios han contribuido a lo largo de las décadas a convertirlo en un referente de situaciones que se mezclan entre la más inverosímil anécdota y la realidad misma, cual filme de Luis Buñel o Meteoro de las hermanas Wachowski.

Backstage

El edificio está ubicado en una esquina del corazón mismo del microcentro asunceno. A un costado está la plaza de la Libertad, conocida comúnmente como la de jubilados y desempleados. En este espacio público se daban cita las parejas que luego de encontrarse se dirigían al cine para un memorable atraque. También dicho espacio público era (¿sigue siendo?) estratégico punto de levantes de chicos que iban a buscar la compañía de otros chicos. Cuando el proyector empezaba a funcionar lo que menos importaba era el argumento de la película. Cual afrodisiaco polén, el penetrante olor a humedad, mezclado con la cuerina de los asientos, más la penumbra y un discreto lente hû de los demás espectadores permitía el inicio de un espectáculo más íntimo.

Nobleza histórica obliga decir que en su gran mayoría eran los gays quienes le daban el uso al sitio. Dentro de la sala era notable el modus operandi de estos muchachito. Primero se acercaban situándose a uno o dos asientos de distancia de la presa elegida, sin importar si era hetero o no. En la gran mayoría de las veces, la acechanza furtiva la realizada un solo individuo, en otras ocasiones dos o incluso tres. Se quedaban un largo rato mirando al elegido, no precisamente Neo,  para luego avanzar. El elegido solo podía fingir demencia ante el avance silencioso, cual tropa del General Patton. Posteriormente, no contentos con la miraba detequierocomertodochocolatín se acercaban aún más. Este hecho ya generaba una sensación bastante incómoda a la ocasional víctima que seguía en un estado de perplejidad fílmica y expectante a lo que pudiera ocurrir en los siguientes minutos.

Si el afectado ignoraba estas señales, el cazador hasta podía retirarse. Pero en ocasiones estos mozalbetes estiraban la mano posándola en el muslo del que fue señalado. Un manotazo del afectado ayudaba a detener el atrevimiento.  Pero si el calenturiento susodicho proseguía con sus intenciones, uno recurría a medidas más extremas como un tongo bien dirigido, lo cual servía para bajar la temperatura de las excitadas fieras y posteriormente darse a la retirada, cual lujuriosos orcos.

Este articulista no recuerda haber leído alguna denuncia por intento de consumación forzada del acto. Tal vez porque los muchachos no llegaban a tal nivel de zarpadez o porque al final todos gozaron. Vaya uno a saber cómo se develan esos enigmas.

Hardcore

Cuando ya había pasado la época de gloria absoluta, el Victoria también fue víctima del periodo de decadencia de los antiguos cines. Unos años antes de caer, las funciones de trasnoche de los fines de semana ya eran todo un clásico. Estas películas, que iban de un simplón film eroticón hasta una de triple X al cuadrado. Esas noches eran copadas por solitarios errabundos y soldaditos que por unas horas y aprovechando su día de franco huían de la tortura del Servicio Militar Obligatorio.

Y luego llegó la etapa que precedió a todo cine antiguo y de la cual milagrosamente el cine teatro pudo sobrevivir luego: La transformación en cine porno a tiempo completo. Las proyecciones empezaban a las 13:00 y se extendían hasta las 01:00 de la mañana. Así fue un sitio de grandes alegrías para aquellos que estaban a la pesca de que algún mancebo deseoso de liberar la energía provocada por el filme “Ani, la virgen morena”  o “Calígula”. Y ni qué decir el baño, donde nunca había luz, el cual se transformó en la sucursal de Sodoma y Gomorra por un buen tiempo.

Durante esa época, el Victoria sobrevivía con los ingresos que generaban las películas condicionadas, mientras la modernidad decretaba la muerte de estos mamuts de la taquilla. Las salas enormes iban desapareciendo con mayor aceleración y eran copadas para otras actividades. A mediados de la década del 90 los shoppings traían consigo la parafernalia consumista con cines incluidos. Los prehistóricos sitios de entretenimiento tenían como únicos sobrevivientes al Victoria y al Yguazú. Este último también dejó de funcionar en enero del 2002.

¿Redención?

Durante varios años la fama del antiguo cine teatro se sustentó en su pornocidad manifiesta en la cartelera. Los carteles de las películas se exhibían alegremente a la vista de todos los transeúntes y microúntes de todas las edades, razas, religiones y clubes que iban como pasajeros en los ómnibus que se desplazaban sobre la calle Oliva.

Sin embargo, una iluminación del cielo o las boleterías hicieron que volviera al ruedo de las películas comerciales. A un menor precio y con un sonido vetusto, uno podía disfrutar de títulos que hasta hace un tiempo estuvieron en la cartelera de los cines más modernos. Aún así y todo, ir a esta sala a ver una película significaba ser parte de una leyenda viviente en la capital paraguaya. ¿Los gays? Sí, siempre estaban a la pesca de alguno y ya tenían un listado de presas más variado. Pero tampoco tenían tanto terreno libre como en la anterior Fase.

Además de las películas, un local antiguo como ese tenía su propia historia. Algunos decían que se podían escuchar voces y que había apariciones en la parte alta donde se proyectaban las películas. En el 2000 aproximadamente una marca realizó un concurso en vísperas de Halloween. Fueron elegidas tres personas y debían de pasar la noche en el añoso establecimiento. Si lo lograban ganarían algo así como dos millones de guaraníes. Fueron elegidas dos chicas y un chico. Las dos chicas quedaron y el chico se desmayó antes de entrar. Luego se supo que el desmayado era un actor y su desvanecimiento fue una estrategia efectista para darle más condimento a esa competencia.

También alrededor del año 2000, un grupo le dio vida al teatro llevando a escena una obra que se llamaba Marmotas rosadas o algo así, gestada por un chileno que ancló por esta tierra un buen tiempo. Según comentaron los que se participaron de dicha producción teatral, en el primer día que fueron hasta el sitio,  los funcionarios del lugar los habían recibido bien y vestidos de manera informal.  En la siguiente jornada se dio un cambio radical: El personal se había puesto su mejor atuendo para atender a los actores y al público que iría a presenciar la obra.

¿Fue la lujuria desatada en las pantallas y en los rincones del cine? ¿Fue el ya ni estar ni ahí de parte de los dueños de un patrimonio como este? ¿Fue por guita? Puede ser una mezcla de todo o algunas de ellas. U otra cosa. Lo cierto y lo concreto es que los ruidos de sables de luz, disparos y autos que frenan de manera brusca habían sido reemplazados por los salmos y alabanzas durante varios años. Parecía ser ese el destino inexorable del Victoria: Convertirse en el escenario de las sanaciones milagrosas gracias a los gritos desaforados de un pastor.

Sin embargo, esta etapa tampoco se extendió mucho tiempo.  Desde hace dos años aproximadamente las puertas de vidrio del ex cine solo muestran la oscuridad del vacío. Desde uno de los laterales del local, sobre la calle Chile, se podían ver las torres de los rollos de las antiguas películas. Hace por lo menos dos años, se derrumbó una parte del cielo raso de la entrada principal. En diciembre del 2018, la Unión de Actores del Paraguay instó a las autoridades  a ejecutar acciones de emergencia para la inmediata recuperación del edificio del Cine Victoria en favor de la memoria histórica y cultural de los paraguayos. El Gobierno, cual película muda, no emitió ninguna solución al respecto.

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