Ideología de la transparencia

El diario Abc Digital publica un buscador de empleados/as del estado donde uno puede encontrar información del puesto y salario de las personas bajo el título de “Se busca” en formato de Wild West con una invitación a “colaborar de forma confidencial” en buscar y denunciar a sospechosos de “mamar” del estado.

Captura de pantalla de la web del buscador de ABC Color

Lo que el diario denomina “crowdsourcing” en base a datos liberados por una serie de instituciones públicas, suelta a su alrededor un hediondo tufo a la cultura del pyrague, las listas (como la 108) y los mensajes anónimos. Tras el cartel de “Se busca” pareciera asomarse la frase “vivo o muerto” de forma tácita.

Indigna al diario que diferentes funcionarios y funcionarias aparentemente copen cargos por ser parientes, amigos y fieles políticos de la clase política.

¿Será que el amiguismo y la lealtad ideológica no son premiados en el diario ABC?

Con el “acceso a la información pública” en su apogeo, me pregunto si periodistas de investigación irán a buscar y publicar la declaración jurada confidencial de bienes de Cartes o darán un destaque a lo que pasa con los periodistas más críticos de ese y otros medios o harán una lista de «buscados» de terratenientes corruptos a partir de la información pública sobre tierras malhabidas de la Comisión de Verdad y Justicia?

En una época de neoliberalización desenfrenada, se consolida un discurso sobre la transparencia como el mecanismo central de la ortopedia de nuestra fallida democracia. Como si llenándonos de prótesis y fetiches se pudiera ocultar la brutal realidad que nos avasalla por donde se la mire.

Y sin embargo insisten. A partir de ahora transparencia se equivale a dar listas de servidores públicos. Casi se puede escuchar el frotar de manos de las altas jerarquías usurpadoras de los bienes públicos que, dándose mutuas palmadas en el hombro acomodan el tablero del saqueo, envían algún que otro peón a la hoguera (léase publican listas de empleados), se ungen de demócratas transparentes, aprueban una que otra ley, limpian sus conocidos y nefastos nombres, reciben el aplauso de la prensa y organizan un devastador jaque mate de lo que aún no han logrado usurpar, quebrantar, expulsar o privatizar.

La información sobre quiénes trabajan en el estado y cuánto ganan debe ser información pública desde el vamos, como también lo deben ser todos los registros del país y absolutamente toda la información generada en el Estado. Lo macabro es que esta medida parcial e incompleta está reviviendo lo más ruin de una cultura conservadora y delatora que martilla sobre los subalternos los pecados de los verdaderos arquitectos de la prebenda que seguirán impunes a pesar de que se publiquen los diez millones que cobran oficialmente.

¿Alguien verdaderamente sigue pensando que la acumulación económica del poder político se organiza a partir de un salario de funcionario público o dos?

Interesante ejercicio de la ideología del status quo, esto de las listas.

No hay que olvidar que la prebenda es una carretera de doble vía con un carril exclusivo para los autos de lujo y otro carril para aquellos destartalados, colectivos chatarra y motonetas viejas.

Pero como suele suceder cuando operan la mayoría de los mecanismos de poder asimétrico, nos preocupa más el destino del desfachatado prebendario que anda en zapatilla y sin casco sobre su moto con esposa, hijos y bolsas de hule a cuestas que de los designios del señor del elegante automotor con doble airbag y articulado discurso técnico sobre la transparencia, que es dueño y señor del motoquero que apenas logra girar, tambaleante, el empedrado de la esquina.

Mientras que el fino señor se apresta a liberar otro carril más para los nuevos descapotables y sus nuevos rumbos en la supercarretera del saqueo a costa de su barata carne de cañón (léase todos aquellos que venden su alma al diablo en cada elección pidiéndole puestos de trabajo), la sociedad es interpelada a levantar el teléfono anónimamente para delatar las contradicciones de quienes viven las consecuencias de un sistema de acumulación que impone el olvido, la impunidad y la inequidad en nombre de la transparencia.

Para la prensa estamos ante una revolución de la información, a la ciudadanía se le agradece la anónima delación, a los campesinos les siguen torturando y el poder se recuesta en su ancho y cómodo sillón y se legitima.

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