Identidad verde

Asunción, capital verde Iberoamericana ¿Iniciativa real o mero formalismo? Opinión.

Asunción. Foto: Felipe Méndez.

Asunción. Foto: Felipe Méndez.

Asunción quiere ser “oficialmente” verde una vez más. La intención no es nueva, ya durante la década de 1920 la Municipalidad había desarrollado variados e intensivos programas de arborización de calles, creación de plazas y parques, diseños de jardines y compra varios de lotes para el efecto. Con el paso del tiempo estas iniciativas fueron mermando hasta casi desaparecer.

Esta nueva apuesta municipal -iniciada a mediados del 2012- se ha intensificado en los últimos meses. Hay campañas, lobbys, logos, slogans, prensa y propaganda. Espacios en internet que hablan específicamente de eso. Comentarios variados, desde lo bien que se quiere hacer, hasta lo mal que se está haciendo. Y como en la actualidad es más fácil la difusión de este tipo de campañas, resulta mayor el involucramiento de los asuncenos en el tema. Quizás ésa sea la gran novedad: la opinión pública. De un tiempo a esta parte temas como vegetación o reforestación han dejado de ser exclusivos de especialistas y ONGs. El público sigue, pregunta y -por lo general- tiene muy poca paciencia. En un balance rápido, para una notable mayoría, la idea gusta pero el procedimiento no convence.

Desde el mismo balcón del shopping puede contemplarse cómo el lugar quedó devastado.

Contrariamente a la iniciativa que impulsa, la Municipalidad de Asunción autorizó la tala de añosos árboles para la ampliación del Mariscal López Shopping.

No parece mala idea utilizar la posibilidad del reconocimiento de “Capital Verde Iberoamericana” como motivador, para impulsar un proceso de fortalecimiento del verde como identidad.

Lo que no va a llevar a ninguna parte -más que a un autoengaño de alcance internacional- es que la meta sea solo cumplir requisitos y formalismos necesarios para ese reconocimiento. Y hay varios indicios que sugieren esto.

Las acciones más importantes que tienen alguna vinculación con el tema oscilan entre la anécdota aburrida y preocupante: cierta cantidad de arbolitos puestos en tal o cual parte, aumento de enrejado de plazas para proteger su vegetación, o el anacrónico proyecto para el Instituto Municipal de Arte que -en un arrebato de ingenuidad- ha sido presentado como futuro ícono de la ciudad, “un edificio verde, como los que actualmente se están haciendo en Europa” (sic). El simple hecho de ver ya desde el inicio a las autoridades lanzando la campaña acompañados, no por expertos en botánica o en arquitectura del paisaje urbano, sino en marketing y emprendimientos inmobiliarios de carácter corporativo privado, da la pauta de que algo aquí no cierra. Identidad, palabra clave en este asunto, no es sujeto de análisis.

Aun así -e incluso sin promoción- el verde es silencioso rasgo de Asunción desde siempre. No obstante, pese a ser signo de identidad, no lo es de un modo que denote reflexión, planificación, interés, apropiación, orgullo.

Para fortalecer la vegetación como signo de identidad, es ineludible prestar atención a sus características particulares ¿qué cosas, qué elementos la distinguen, sea por singularidad, sea por repetición? Esto es hablar de especies, tamaños, colores, olores, formas, sombras. Descubrir o redescubrir características que puedan ser sensiblemente potenciadas, fortalecidas.

¿Habrán considerado los responsables de esta campaña, los corredores verdes a lo largo de los cursos de arroyos? ¿Los mini-bosques formados por agrupación de árboles en los fondos de los terrenos de una manzana cualquiera? ¿Recordarán las pérgolas de jazmines, santarrita o mburucujá en tantas casitas de la ciudad? ¿Cuánto de apelar al rescate de la memoria hay en la estrategia municipal? Y, de haber lugar para la memoria, ¿cómo eludir los esfuerzos serios que décadas atrás hiciera la propia Municipalidad al respecto? Obras de intendentes como Alfaro, Ballario o Guggiari, incomprensiblemente olvidadas y sistemáticamente destruidas, cuyos vestigios, en muchos casos, aun tienen presencia y en otros, pueden ser perfectamente recuperados, revitalizados o destacados, como las hileras de cítricos del centro, los corredores de jacarandá sobre Mcal. López, los gomeros de Rodríguez de Francia o los jardines clasicistas en plazas y parques que rondaban la docena, sin contar la veintena de jardines temáticos que tuviera alguna vez el Jardín Botánico.

Imagen: Filatelia Arguello.

Imagen: Filatelia Arguello.

Además, desde principios del siglo pasado, la Municipalidad ya tenía muy claro que el mayor volumen de vegetación era propiedad e iniciativa doméstica (casa por casa). El rol de los vecinos pues, es importantísimo desde los orígenes de esta historia ¿Se contará ahora con ellos?

Hace más de ocho décadas, cuando la Municipalidad decidió involucrarse, lo hizo sin presupuesto, promesas de premios internacionales, ni intereses de corporaciones privadas, y las crónicas de la época cuentan que no fallaron. Los que sí lo hicieron fueron las administraciones posteriores. Que haya sido por desinterés o ineptitud, hoy es ya lo de menos. La cuestión es que en el proceso de degradación de los logros, se despreció el valor de identidad de lo que ya existía y se instauró la cultura del “así nomás”, que considera que el enunciado, la intención o la vaga idea -y algo de barullo mediático, por supuesto- son más que suficientes. El tiempo se ha encargado de demostrar que esa estrategia no es funcional a objetivos tan trascendentes.

Independientemente de que sea o no otorgado el reconocimiento internacional, hoy no parece muy difícil identificar si la actual administración municipal adscribe o no a esa autocomplacencia ilusoria tan característica de las administraciones anteriores.

Carlos Zárate es arquitécto y docente de FADA/UNA – czarate@arq.una.py

 

 

 

 

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