Idea Vilariño: Poeta uruguaya – Ya no, ya no más de Idea sin embargo, queda…

En agosto habría de cumplir 90 años. Ocurrió apenas este 27 de abril pasado. Veinte días después, el domingo 17 de mayo, se fue Mario Benedetti. Misma generación, mismo país, misma labor, imposible no pensar en uno y en otro a la vez ante tantas casualidades. Mas, los bombos y platillos de la prensa internacional no resonaron con la misma intensidad. La culpa la tiene la fama, azarosa y traicionera.

 

Su nombre, una foto y su poesía

 

Idea Vilariño. Más de uno se preguntará qué luz habrá encendido la idea para un nombre así.

Hoy queda una vieja fotografía suya, color ocre, la más representativa quizá, la que recorre portadas de libros y páginas de Internet; nos mira e interpela con su porte que parece desinteresado y aburrido frente a un mundo que, pareciera ser, reboza de tontería. Su frente  pronunciada y descubierta, sus pómulos prominentes y marcados, los ojos metidos en una giba sin pestañas a la vista, labios oscuros y llamativos. Si uno se fija bien en estas observaciones se percata de que todo se destaca en ella, de que todo lo que se destaca llama la atención sin proponérselo directamente. Y aquella mirada suya que desde la foto se posa en uno sin importar la posición desde la que nos coloquemos para observarla, como si Idea estuviera contando algo de si misma sin abrir la boca.

 

Su poesía, que cautiva, quedó. No resulta melosa, rebuscada, incomprensible, erudita… aunque sí sensible, asequible, sabia, profunda. Una vez más, sin ánimos de incurrir intencionalmente en la coincidencia, salta el nombre de Benedetti con un comentario sobre la poesía de Idea, «el secreto de la transmisión de los poemas de Idea Vilariño, además de la calidad literaria, es su peculiar sinceridad, desgarradora, expresada sin espectacularidad, sin vanos agregados y, sobre todo, sin autojustificaciones».

 

Nunca pensó en publicar sus poemas

Pese a las reticentes y contadas entrevistas que aceptó convidar y a las negativas constantes por promocionar su poesía, toda ella se difundió. Un detalle que colaboró a ello fue la arrebatada historia de amor que nunca dejó de vivir con Juan Carlos Onetti, también escritor uruguayo. «Signada por la pasión, las despedidas y el distanciamiento, la relación se mantuvo a lo largo de la vida, aunque Onetti estuviera casado. Cuando se acepta un tipo de relaciones hay que saber que no será sencillo, afirma tranquila».

 

Ya cada quién tornará en juzgar de lamentable o no, o relativo, el hecho de que fuera un romance idílico con un escritor el detalle que casi decidiera la propagación de su poesía. Soy una mujer que «vivió como hombre», llegó a decir. «Yo escribo sobre el abandono, pero nunca me sentí una mujer abandonada. Nunca viví como una mujer abandonada». Dijo Idea que siempre vivió sola por elección, que si hubiera aceptado las exigencias de Onetti, sus celos y obsesiones, no habría construido su obra como poeta, ensayista, crítica literaria, autora de canciones, dramaturga. Ni menos hubiera tenido la vida de militancia y viajes y estancias en el extranjero.»1

 

1 Entrevista concedida a la periodista Norma Morandini.

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