Hoy marchan contra Monsanto

En el marco de las jornadas mundiales contra Monsanto, que desde el sábado se replicaron en centenares de ciudades de todo el mundo, la plataforma local de la campaña internacional dará a conocer un proyecto de ley para etiquetar productos que utilizan transgénicos. Para el efecto, Ñamosekê Monsanto (expulsemos a Monsanto) convoca a una marcha este lunes, a las 15.30 horas, que partirá de las calles España y Perú y terminará frente al local de la transnacional en el país, en las calles Juan de Salazar y Washington.

La campaña denuncia el control empresarial de la agricultura y la alimentación, además de los aumentos de enfermedades cancerígenas relacionadas al uso de químicos en el tratamiento de los organismos genéticamente modificados (OGM).

“Monsanto es la tercera empresa semillera más grande del mundo, la cuarta en agrotóxicos, y la primera productora de transgénicos. Además, es la responsable de desarrollar, producir y vender el glifosato, el herbicida más usado en el mundo, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es potencialmente cancerígeno”, señala la articulación convocante.

Para brindar detalles al respecto, Inés Franceschelli, investigadora de Base IS, participó como invitada en el programa Acción Radio emitido por Fe y Alegría 1300 AM. Allí hizo mención a la ligereza y al ocultismo del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) en la aprobación de seis variedades de maíces transgénicos. Expresó que el “órgano regulador” en la materia, la Comisión Nacional de Bioseguridad Agropecuaria y Forestal (Conbio), funciona como una oficina de las transnacionales. Incluso, al solicitarse información la propia coordinadora de la oficina estatal como el director de planificación del MAG los remitieron al portal de un organismo de cooperación internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD). Según dijeron, por “problemas técnicos” no fue posible difundir la información.

Franceschelli afirmó que –ante la duda existente sobre la inocuidad de los transgénicos y los químicos utilizados en su tratamiento– es preciso aplicar el principio precautorio. Es decir, suspender dichas actividades hasta que se demuestre que no son perjudiciales para la salud. Los empresarios y fabricantes, en tanto, dicen lo contrario, alegando que para una eventual prohibición es necesario probar la morbilidad de los OGM.

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