Historias de la dictadura: el partido que legitimó a Stroessner

Una vez depurado de infieles y docilizado el Partido Colorado, mediante sucesivas purgas, Stroessner y sus esbirros convirtieron a esta agrupación en su principal instrumento de inserción, legitimación y dominación social.

La ANR actuó conforme a su naturaleza. Desde sus orígenes (1887) fue dominada por conser­vadores y delincuentes y ha sido el sostén, al decir del fallecido investigador Aníbal Miran­da, de hombres fuertes, «caudillos-militares», casi todos con conductas delictuales, como el Gral. Bernardino Caballero, Gral. Higinio Morí­nigo, Gral. Stroessner, Gral. Andrés Rodríguez y el Gral. Lino Oviedo, que luego se retiró, y los discípulos civiles Juan Carlos Wasmosy, Luis González Macchi y Nicanor Duarte Frutos.

También desde sus orígenes metió manos en las arcas públicas para enriquecer a sus inescrupulosos líderes. En la época del Gral. Caballero los negociados a costa del erario eran groseros. El mismo héroe de la Guerra del 70 se vio involucrado en escandalosos hechos como la venta de tierras públicas, defraudacio­nes en construcciones de obras públicas, etc. Esta tradición delictual continuó durante todo el stronismo y el periodo de transición.

Contexto favorable

En un país conservador y de arraigada cultura autoritaria, la anarquía generada tras la gue­rra civil del 47 por las interminables disputas del poder entre facciones militares y colora­das, justificaba, para muchos, la presencia de la mano dura, que representaba un general como Stroessner. Este contexto facilitó que mucha gente de la dirigencia de base colorada, inclusive no colorada, viera con buenos ojos al nuevo caudillo surgido del seno militar y quiera apoyarlo. Los de la cúpula dirigencial ya asumían su rol de lugartenientes del dicta­dor y los pocos que quedaron con actitud críti­ca fueron radiados.

Stroessner y su camarilla, ya domesticado y ordenado el partido, comenzaron el trabajo de inserción y legitimación de los «valores» y métodos de su sistema político, misión en la que la anr tuvo un desempeño eficaz durante dictadura, y que dejó una nefasta herencia aún vigente.

Ejes del sistema

Esas tareas de inserción y legitimación posibi­litaron el desarrollo de los fundamentos prin­cipales del stronismo: terrorismo de Estado, prebendarismo y robos sistemáticos. El pre­bendarismo fue todo un sistema de relaciona­miento de poder, entre los jefes y subordina­dos en el Gobierno, y entre estos y la población. Se basó en la fórmula lealtad-premiación, que daba resultados dispares, dependiendo de la posición de los partícipes. Para los encumbra­dos, aquellos que por alguna razón Stroessner adoptó en su entorno, significó la oportunidad de volverse ricos o para algunos acumular aún más. Quedaban en sus manos las jefaturas o puestos clave de la administración pública, como oficinas de recaudación, aduanas, o ha­cían grandes negocios con el Estado. Para el común en cambio no era más que la posibi­lidad de sobrevivir a costa del erario público. Este mecanismo creó toda una nueva clase adinerada adicta al régimen que cada vez, por su posición privilegiada, sacaba más réditos.

El sistema prebendario

Una condición indispensable para ingresar a este sistema prebendario fue la afiliación al Partido Colorado, operativizado en todo el país a través de los caudillos y seccionales. Para ser empleado público, estudiar, entrar en la Po­licía y las Fuerzas Armadas era necesario el carnet partidario, que se convirtió en un docu­mento para el ascenso económico. Este méto­do de sometimiento al mismo tiempo ayudó al crecimiento superlativo del Partido Colorado.

El sistema prebendario, además de evitar el acceso democrático a los puestos del Estado y establecer condiciones de discriminación y de privilegios, características esenciales del stronismo, tenía su centro en la capital y una ramificación en todo el país. Se alimentaba del presupuesto nacional, para lo cual servían los recursos ministeriales y de las grandes en­tidades estatales, concentradas en Asunción, y todas las oficinas públicas, como de regis­tros civiles, juzgados de paz, Banco Nacional de Fomento, correos, todo el sistema de salud y educativo, diseminados en todo el territorio. Los docentes cooptados por la propaganda gubernamental, que se surtían de materiales didácticos (libros) que hablaban de las obras de progreso de Stroessner, fueron destacados agentes transmisores y legitimadores del régi­men. En medio del histórico abandono de lapoblación pobre, la seccionales eran conside­radas como verdaderos agentes de servicios con las migajas que repartían. Era famoso que los seccionaleros auxiliaran a las familias de los fallecidos con la provisión de un ataúd. Muchas bases coloradas ofrecían cursos para mano de obra básica.

El enriquecimiento ilícito, a través del robo sistemático, fue otro fundamento vital del stronismo, canalizado por el Partido Colora­do. Formar parte de la Junta de Gobierno, de las seccionales y hasta de las subseccionales era camino seguro al enriquecimiento rápido, objetivo principal de los sostenedores de la dictadura. La mayoría de los miembros de la conducción colorada detentaba el poder econó­mico: allí estaban los empresarios, los contra­bandistas, los aduaneros, los terratenientes que se apoderaron de tierras públicas destinadas muchas veces a la reforma agraria, o expulsa­ron a balazos a los indígenas de sus ancestrales tierras. El robo era aceptado y los ladrones, que exhibían su riqueza malhabida en mansiones, estancias, vehículos lujosos, derroche en cual­quier cosa, eran reverenciados. Eran los grandes señores. El régimen daba la oportunidad a los leales, que debían aprovecharla. De lo contrario serían unos flojos. En este sentido, los aduane­ros y los contrabandistas fueron una verdadera clase emergente, muchos inclusive de origen humilde, que a su vez retroalimentaban al todo el sistema con sus recursos afanados.

Un aspecto importante del sistema preben­dario y ladrón, y que tuvo importante valor para la legitimación del gobierno, era la única chance de movilidad social que ofrecía, a través del partido, a mucha gente de origen humilde

El terrorismo de Estado fue el otro pilar del stronismo. El dictador montó un gran aparato represivo e implantó el miedo con una despia­dada y sistemática persecución a todos quienes osaban criticar o rechazaban al régimen. En este trabajo el Partido Colorado también cum­plió un eficiente papel porque se constituyó en una red de delación en todo el país. El presi­dente de seccional, de subseccional, el sargento de compañía colorado y hasta el último seccio­nalero podía muchas veces disponer de la vida y hacienda de la gente. Esto posibilitó el pilla­je, el apoderamiento a la fuerza, de los bienes de muchos caídos en desgracia con el régimen. Tierras, fábricas, haciendas y hasta terrenos municipales destinados a plazas quedaron en manos de los caudillos y operadores colorados. El resultado fue de más de 450 desaparecidos y unos 20.000 detenidos en forma ilegal, la mayo­ría de ellos campesinos pobres.

 

Fuente: «Dossier Dictadura» publicado en E’a impreso en junio de 2009.

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