Hay registro de muertes por agrotóxicos

“No hay registro de campesinos intoxicados”, dijo, entre otras cosas, el ministro de Agricultura, Jorge Gatini. En esta nota, recordamos dos casos fatales registrados: el de Silvino Talavera y Rubén Portillo.

Silvino Talavera, un niño de 11 años, vivía con su familia en Pirapey, Itapua. Vivía allí con su madre Petrona Villasvoa y su padre José Talavera.  El 6 de enero de 2003 el chico venía a su casa por un caminito de tierra que lindaba con sojales de los empresarios Hernán Schlender y Alfredo L. Laustenlager. Tenía once años e iba en el cuarto grado. Nada extraordinario podría pasarle. En el 2003 era reciente la incorporación de la soja transgénica. Lo habían habilitado en el 2.000, aunque kañyhape, como ocurrió con el maíz, se estaba utilizando desde fines de los 90.

Silvino, ejemplo fatal de la intoxicación por el veneno «matatodo» que se usa para la soja transgénica.

La fumigación había comenzado el primero y terminaría el 6. La comunidad había quedado sitiada. Llegó a la casa ya con máreos, vómitos.  El chico no aguantó mucho. Los médicos de Encarnación no pudieron con el cuadro agudo de intoxicación con Roundup y cipermetrina.

Petrona, madre ella, luego del duelo amasó coraje y acompañó las denuncias con organizaciones sociales. Lautenslager y Schlender fueran llevados a juicio oral y público, encontrándoseles culpables de homicidio culposo y producción de riesgos comunes. Condenados  a dos años de cárcel y a pagar una indemnización de 25 millones de guaraníes, apelaron y la Corte de Apelaciones anuló el juicio.

Tras nuevas postergaciones, se los condenó por segunda vez en junio de 2005.

Para el ministro de Agricultura, la protesta contra las fumigaciones corresponden a cuestiones ideológicas o  “problema cultural” de “campesinos radicalizados”.

A más del “ecocidio” (así determinó un informe de la Fiscalía General durante el gobierno de Nicanor Duarte Furutos que no fue publicitado”), rescatamos otro caso fatal más reciente: el de Rubén Portillo Cáceres que, muy por el contrario de lo que ha dicho el ministro, ocurrió en las zonas de conflicto actual: La colonia Yerutí, creada en los 90, a unos 30 kilómetros del centro distrital de Curuguaty, departamento de Canindeyú. Una comunidad de  400 personas.

En un reportaje publicado en este mismo medio, el compañero Jorge González, nos decía: “La muerte de Rubén ocurre el 7 de enero de 2011, según el certificado de defunción, pero empieza a morir el 6, luego de un cuadro de intoxicación con síntomas como tos, dolor estomacal, vómito, dolor de cabeza. Tras él, desde el 8 al 13 de enero de 2011, unos 22 vecinos y vecinas del lugar también presentan el mismo cuadro. En esos días las decenas de explotaciones sojeras que rodean el caserío se encuentran fumigando, por aire y tierra, sus cultivos. Es el calendario sojero, a más tardar en marzo hay que cosechar. En el pozo de la familia Portillo se encontraron 3 sustancias agrícolas prohibidas en bajos niveles».

Existen muchos estudios laboratoriales que advierten que el veneno roundup, cuyo principio activo es el glifosato, contamina las células placentarias provocando deformaciones en criaturas y cánceres a largo plazo. De todos estos estudios, rescatamos uno elaborado en el 2011 por el jefe de Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Carrasco.

La posibilidad de que se traigan criaturas deformadas al mundo aumenta en un 40% en las personas expuestas a la fumigación. Este porcentaje también ya fue establecido en Paraguay por un estudio encabezado por la doctora Estela Benítez Leite, con auspicio de Base Is y la Universidad Nacional.

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