Hay que encontrar un equilibrio entre la libertad de expresión y el respeto a las creencias

Ese día del atentado contra Charlie Hebdo en París, Francoise Lhouthe se encontraba en la rutina de cuidar a sus tres criaturas, en Ciudad del Este. Nunca sintió tan poderosamente la extrañeza de su país, aunque fuera su destierro una elección, al igual que su madre, uruguaya, que, de estudios en París, conoció a su padre y quedó a vivir en Francia. De encargada de relaciones internacionales de la Facultad de Ingeniería ESIGETEL, se vino a Paraguay con Víctor Hugo Bogarín, un programador informático.

-¿Francoise, cómo sentiste, cómo viviste el atentado en tu país?

Mucha tristeza, mucha emoción. Algo muy fuerte, y yo acá, sin poder estar allá. Eran (los dibujantes y periodistas de Charlie Hebdo), gentes que todos conocíamos, son parte de nuestra cultura, nuestra historia, encima la forma en que entró la barbarie a nuestro  país, un acto totalmente salvaje. Lo que más me llamó la atención es que es como un enemigo interno: son franceses. Nacidos en Francia (los ejecutores del atentado).

 -¿Cómo seguiste desde acá los sucesos?

Con mi bebé en brazos y con mi teléfono en el oído. Por suerte, tenemos comunicación, mi padre me mandó un editorial de Liberación sobre la marcha, la  manifestación mayor luego de la liberación durante la Segunda Guerra Mundial.

 -¿Qué significó para vos esa movilización tan grande?

Fue muy importante para mostrar que a los franceses les importa mucho la tolerancia, los valores de la República, tratar de integrar, rechazar la violencia. Ese día quería sí estar muchísimo en mi país.

-¿Eras lectora de Charlie Hebdo?

No, no creo que haya leído. Me encontraba con las tapas, miraba algo, pero no creo que haya leído, pero los que dibujan también estaban en otro medio, como Georges Wolinski (81 años), dibujante de L’Humanité, y Cabu, que cuando yo era chica él hacía dibujos infantiles

 -¿Qué es lo que pasa en Francia? ¿Por qué creés que sucede todo esto?

Las cosas no van muy bien. Cuando me fui, en el 2008, a los quince días comenzó la crisis financiera, desde entonces fue empeorando, mucha gente quedó sin trabajo, es cierto, no hay solidaridad como hay acá, que la gente se ayuda. Allá no es así. Si estás solo, estás solo.

Desde el punto de vista de la convivencia democrática, en los años 60 empezó a irse mucha gente del Magreb (Egipto, Argelia, Tunicia…), a trabajar en construcciones. Nunca se les integró bien, viven en las afueras, en edificios horribles, se les dejó un poco de lado, estamos pagando eso, creo. Eso nunca se trató.

Hay muchos que están súper bien integrados. Yo tengo amigos en todos lados, no todos son musulmanes.

-Con tantos amigos de origen árabe, ¿conocés algún caso inmediato de segregación?

Sí, a muchos árabes les cuesta conseguir empleos por su apellido. Un amigo, en julio, con un súper cargo en IBM, quiso comprar una casa. Le preguntaron el nombre y le dijeron que no. Solo cuando dijo que su novia era francesa, le dijeron que sí.

Hay una franja de esta población que no logra conseguir trabajo, están un “poco de balde”, como dicen ustedes. Hay algunos que van yendo hacia ideas muy radicales, atraídos por la religión. Hay movimientos del Yihad que quieren que vayan a las guerras; hay jóvenes que se van, los que hicieron el atentado fueron a Yemen a aprender…

 -¿Qué creés que puede sobrevenir del atentado y las reacciones diversas?

El problema con lo que pasó es que tenemos miedo de que le dé más fuerza a ese movimiento nacionalista (Frente Nacional). Que la gente se asuste más. Que vote más aún por el movimiento liderado por Le Pen (Marine). En las últimas elecciones ya tuvieran muchos votos. Esa marcha que se hizo fue tan grande y la idea es que los franceses no caigan en ese miedo.

 -¿Vos creés que Francia se dirige hacia una mayor confrontación social?

No quiero pensar en ninguna posibilidad. Entre mi generación y más jóvenes estamos muy acostumbrados a convivir. Ya no te das cuenta quién es francés de origen árabe o latino. Pero la situación es difícil. Hay mucha gente que acusan a los extranjeros de que le roban empleo.

-¿Una idea que aumentó con la crisis financiera?

Exactamente, eso hace que la gente se repliegue más, se cierre más. Yo creo que tenemos que luchar entre todos para evitar eso. Evitar el odio, creo que se habla mucho, pero son una minoría, los del Frente siguen siendo una minoría.

En el Sur, gente mayor con más plata, más tradicionalista, tiene más miedo del otro, del extranjero, pero si te vas a París, hay menos gente con ese miedo.

 -Sos hija de uruguaya y padre francés. ¿Cómo se conocieron?

Mi madre, profesora de francés, se fue a estudiar en Francia. Le conoció a mi padre, se quedó con mi padre. Yo hice lo mismo pero en sentido opuesto. (Se ríe. Tiene una risa abierta y una ggg francés combinada con cierto chhh porteño)

-¿Cómo te sentís en Paraguay?

Me encanta estar acá, primero que tengo a mi familia, y después una calidad de vida que no podés tener en Francia. Vivimos bien con un buen sueldo, en Francia es todo caro. Las dificultades son más a nivel de adaptación, siento muy distinto, me costó muchísimo hacerme de amigos, ahora tengo amigos que son todos extranjeros.

 -¿Cómo quisieras que fuera Francia?

La verdad es que no sabés, a nivel económico… Hay que insistir sobre la marcha, algo muy fuerte que mostró justamente que la gente quiere ir juntos, que tiene ánimo, quiere más tolerancia. No sé cómo resolver estos problemas. La verdad es un poco complicada. Esta cuestión de los musulmanes. Defender la libertad de expresión pero también el respeto a cada uno, yo creo que lo del dibujo era muy fuerte, aunque nada justifica el atentado.

-¿Un equilibrio entre la libertad de expresión y las creencias?

Para los musulmanes no podés dibujar al profeta, para un musulmán es lo peor, hace años que vienen haciendo esto. Esa tapa de Charlie Hebdo (luego del atentado). Otra vez qué hacen: publican un dibujo del profeta diciendo: “seguiremos en nuestra línea”. Estoy en favor de la libertad de expresión, pero tenemos que respetar las especificidades…

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