Gobierno necesitará mucho dinero para refundar la esperanza

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Ilustración: W. Krauch

En el 2009 el orden político puede cerrar las válvulas abiertas de cambio. El escenario podría quedar atrapado en la inercia que impone el orden económico latifundista y agro exportador. Es posible y peligroso que ingresemos a una parálisis fundamental que recree la vieja y nefasta idea de que «acá luego no pasa nada» y que nuestro país es el «cementerio de las teorías». El gobierno necesitará conseguir mucho dinero de algún lugar para «refundar la esperanza».

No en vano el movimiento que catapultó a Evo Morales a la presidencia de Bolivia avanzó con el plan de nacionalización de hidrocarburos y la idea de la renovación constitucional. Dos cuestiones que trascendían el orden económico (invirtió los valores de la ganancia en favor del Estado) y político que heredaba. No fue una casualidad que el movimiento que reformuló la política ecuatoriana, con Rafael Correa a la cabeza, se haya jugado casi toda su artillería en refundar el país en una Asamblea Nacional. El antiguo orden político, de partidos tradicionales, ingresó en una crisis sin solución durante el neoliberalismo, un proceso que subordina el Estado y sus gobiernos a toda la acumulación del capital nacional oligárquico y trasnacional. Las instituciones del antiguo orden terminaron fumigadas con el espíritu «del mercado», donde rifarse las empresas públicas al capital trasnacional es uno de los juegos favoritos del bingo latinoamericano. La recuperación del Estado de cierta parte del territorio en la regulación social y la amortiguación de las graves exclusiones provocadas por este período parecen una corriente regional y mundial inexorables. En nuestro país, cuyo estado Estado nacional fuerte quedara destrozado en la Guerra Grande (1865-1870), esta corriente llegó con aires muy contaminados. Casi por asfixia la gente en las urnas desplazó al antiguo gerente, el Partido Colorado. El desplazamiento del antiguo gerente del orden económico latifundista no fue producto entonces de un movimiento en ascenso, con acumulación de fuerza y dirección estratégica, sino de un desahucio extraordinario.
Estamos, con el gobierno de Fernando Lugo, en una transición tardía donde plenamente se puede identificar un componente hegemónico del antiguo orden (latifundista) y muy poca representación genuina de la necesidad profunda de los excluidos de dicho orden. En el diccionario del PLRA, por ejemplo, el aliado mayoritario, ni remotamente existe la idea de reforma agraria, la principal reivindicación de las fuerzas campesinas, aunque tenga este partido una masa campesina importante. Esta realidad imposibilita una visión estratégica superadora del orden vigente para, por ejemplo, reformar la Constitución, camino imprescindible para adaptar las leyes de expropiación a la reforma agraria o cambiar el sistema de selección de magistrados.

El antiguo orden, que aglutina el poder institucional (Justicia, Parlamento, Policía, Fuerzas Armadas…), no cambia por buenos deseos sino por acciones concretas del nuevo orden que se dice aspirar y representar.

El gobierno de Fernando Lugo no tiene condiciones reales para romper el cerco institucional. No tiene condiciones o no tiene una aspiración profunda de hacerlo, al frente de una alianza de distintos intereses que se neutralizan en el ejercicio del gobierno.

Lugo sigue siendo el «poncho juru» tan afín a su condición de obispo. El compañero Miguel López lo dijo en su columna de Última Hora: «Lugo debe dejar de ser obispo».

Se percibe un escenario de parálisis para el 2009

En su fragilidad institucional, el proyecto Fernando Lugo, con un grupo pequeño de fuerza escasa en el Parlamento, intenta construir una alianza con un sector social, en forma contradictoria: con el garrote de la «ley y el orden» en la mano, para luego dialogar «en la búsqueda de la paz social».

Tal vez la expresión más contundente de este desplazamiento fue la represión del Frente Popular y Social, brazo considerado luguista. De una saña inédita en los últimos tiempos, cuyas consecuencias en la movilización popular son muy difíciles de determinar, muchos de los manifestantes, especialmente gentes del campo, quedaron golpeados moralmente al no poder entender el juego: la saña con que «su propio gobierno» lo reprimió.

«En realidad, Lugo juega a desmovilizar, a descabezar el movimiento popular», arriesga el periodista y dirigente del PT, Eduardo Arce.

El orden antiguo tiene mayoría en el Parlamento y en todas las instituciones del país. Esa veta que se abre con el desplazamiento del Partido Colorado para disputar con la oligarquía puede, esencialmente, cerrarse en el 2009, de no encontrarse un plan que trascienda el juego casi rastrero de los intereses latifundistas, base de casi toda fundamentación en la actualidad de la derecha.

La derecha

La derecha cierra el año con un tractorazo, como reacción preventiva del grupo de intereses dominantes ante cualquier posibilidad de cambio. El ministro de Interior Rafael Filizzola queda como un ídolo de los latifundistas mientras que los de abajo, a quien Lugo dice representar, soportan cruentas represiones y desalojos.

Lino Oviedo ya se ha envalentonado y en su último discurso, luego de reunirse con sus legisladores en el Parlamento, se trepó al «descrédito» de Fernando Lugo, señalando: «Acá lo que falta es trabajo, qué cambio de la Corte, eso no resuelve nada».

«Los aliados del cambio»

Al interior del Partido Liberal Auténtico no se discuten las líneas propuestas por el «cambio». Solos aparecen dos políticos que intentan formular políticas agrarias: en el Norte, José Ledesma, gobernador de San Pedro, y en la Cámara de Senadores, Luis A. Wagner, intenta liderar la fuerza «luguista» en el PLRA.

El juego contradictorio tiene una particularidad en el Ejecutivo. El vicepresidente, Federico Franco, tiene una agenda propia y representa a un partido, el plra, que hace aguas por todos lados detrás de los cargos y con voces como la de Alfredo Jaeggli que recrean una arrogancia casi caricaturesca. Veamos lo que dijo en el congreso de los liberales en Villarica: si no cambia (como ellos conciben el cambio), «tenemos que echarlo a patadas» .

Tekojoja, el brazo político creado por Lugo, intenta, con un congreso fundacional del partido, recuperarse de la profunda derrota sufrida en las elecciones y de la ausencia real de liderazgo de Fernando Lugo. Esta depresión de Tekojoja ha dejado al P-MASs casi en soledad la batalla simbólica. Es grupo pequeño pero con liderazgo de fuerte construcción mediática y altísima disciplina orgánica. Camilo Soares recibe los golpes a conciencia, polariza a conciencia, en este juego en que posiciona a su partido, urbano, pequeño, con sentimiento de poder. En cada «pulsión y acción revolucionarias estamos con vos», le dijo Rocío Casco, secretaria general, durante el respaldo que se le otorgara su partido tras la interpelación del 18 de diciembre.

El recorrido

En el 2009 el modelo de exclusión social y de fragmentación puede arribar a escenarios insospechables. La oligarquía quiere un agro de máquinas y las fuerzas campesinas deben resistir a como dé lugar la agresión a sus lugares de vida y de producción.

Lugo mantedrá apoyo fragmentado de fuerzas consideradas de izquierda (menos del Partido de los Trabajadores, que ya lo ha caracterizado como un gobierno neoliberal, y del Frente Popular Paraguay Pyahurã, brazo de la FNC, OTEP y otras organizaciónes) porque no se vislumbra posibilidad de revertir el cuadro de fragmentación y falta de liderazgo de consenso entre las fuerzas sociales y políticas de este sector.

El dinero

«Ciertamente, las fuerzas reaccionarias son superiores», sostiene el periodista Roberto González. «Hay que ver cómo el gobierno se maneja con el presupuesto, el Partido Colorado le dejó sin oxígeno este año».

El Estado actualmente administra pobreza, como bien se describe en el material de Economía de este número. Para revertir el cuadro de depresión económica (el crecimiento económico por exportación de granos es ficticio), el gobierno necesita de mucho dinero. Un poco de oxígeno lo puede conseguir si se grava la exportación de la soja y la carne. Según el análisis de Jorge Villalba Dígalo, periodista de Economía, unos 200 millones de dólares fácilmente se puede sacar en concepto de impuesto por exportación solamente de soja. Un proyecto de impuesto a la renta personal, que ya parece como esos proyectos fantasma tipo la Franja Costera o el corredor bioceánico, podría sumar algo de dinero, de concretarse. Ambas posibilidades dependen actualmente del Parlamento, donde existe una correlación de fuerzas absolutamente superior de la derecha para impedir la sanción de esos proyectos de ley.

El Frente Social y Popular propuso el uso de una parte de la reserva del Banco Central (más de 3.000 millones de dólares). Un acuerdo con Brasil que permita más ingreso económico por Itaipú es otra posibilidad. Son todas posibilidades.

El gobierno de Fernando Lugo tendrá que sacar más dinero este año de algún lugar para invertir en obras públicas de gran envergadura y en asentamientos rurales y suburbanos para refundar «la esperanza ciudadana». Por el lado de los cambios institucionales no tiene salida.

Lugo dijo en su discurso de los cien días que él es «hombre de segundo tiempo». El tiempo de las expectativas se acaba y el tiempo de los cambios no llega.

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