Giselle Caputo, autora del poemario Batel

Acá, una experiencia de taller literario. Por Carlos Bazzano.

“La poesía es una manera de des-encriptar al mundo, una forma de leerlo y, sin dudas, es también una forma de vida. El poeta no es como el contador, no puede dejar su oficio ni cuando va a dormir o al baño. La poesía es una especie de maldición. El verdadero poeta ve en todo la poesía”. Giselle Caputo

Antes de encender su cigarrillo nos saludó a todos con una sonrisa quizá algo tímida. Como la mayoría de los poetas se trata de una sonrisa tan tímida como segura. Ahora Giselle nos mira atentamente. Ahora todos miramos a la chica de vaqueros jeans y pulóver que llegó al Laboratorio de Creación Literaria armada con un cuadernito, de esos espiralados, de bolsillo, instrumento esencial para cualquier escritor aún no consumido por estos tiempos de celulares smartphone u otras herramientas digitales. De esta manera el silencio se apodera de un galpón en algún lugar de Asunción. Giselle rompe ese silencio con una sonrisa, y como pensando en voz alta nos pregunta, o nos confirma, confirmándose a sí misma, que la hemos invitado a conversar sobre poesía. Luego de la charla descubriremos que al describir su mirada no es lo preciso hablar de una mezcla de timidez y seguridad, sino de una intensidad ya no acostumbrada a estos agitados tiempos. A estos agitados tiempos donde ya no hay espacio en las apretadas agendas para sentarse y reencontrase con lo esencial de nuestro transcurrir entre la vida y la muerte. Detrás de esos ojos a veces ocultos entre el humo del tabaco, a veces ocultos con la lectura de los apuntes de ese ya vertiginoso cuaderno que lentamente en el transcurso de la charla se convertiría en una puerta o mejor dicho una llave, detrás de esa mirada intensa aprendimos a encontrarnos con la otra mirada de Giselle, igualmente tan hermosa como metafórica. Cuando hablamos de la intensidad de sus poemas o la intensidad de su mirada, o la intensidad de la cadencia de su voz, es lo mismo. Tan intensa como inquietante es la sensual cadencia de su voz, dijo alguien al final de la charla. Lo que pasa es que esa voz nos llevó a los ejes de su poemario editado hace unos años por Felicita Ñembyense Cartonera, lo que pasa es que cuando la chica de vaqueros jeans y pulóver nos saluda no estamos plenamente conscientes que transitaremos sin semáforos ni anuncios de peligro o stop, a los ejes de Batel y como si fuera poco a influencias, maldiciones, e inquietudes.

Ahora volvamos al inicio de la charla de nuestra invitada. Ella encenderá un cigarrillo. Nosotros  le pasaremos una copa de vino. De repente ella nos hablará, y nos preguntará sobre qué es poesía. Luego sin previo aviso entraremos al complejo mundo de la belleza. En cada instante que realice una pausa para hojear su cuadernito de apuntes, algunos sentiremos ese vértigo que seduce. Ese cuadernito se volverá en una especie de aleph a un mundo subterráneo en el contexto local y quizá en cualquier contexto, el mundo de la poesía en Asunción. Cada vez la charla se hará más intensa y densa. Por un instante tan permanente como fugaz y frágil, olvidaremos que estamos hablando en un galpón sobre algo que no sería un tema habituado para un viernes a la noche. Luego se irá como llegó, humilde y radicalmente.

Agradecemos la presencia de Giselle Caputo en las tertulias del Laboratorio de Creación Literaria. La autora nació en Buenos Aires en 1986 pero vive en Asunción desde 1991. Egresada de la Carrera de Letras de la Facultad de Filosofía (UNA). En diciembre de 2008 publicó el poemario Batel con la editorial Felicita Ñembyense Cartonera. Integra el equipo editorial de la revista literaria El Guajhú. Su charla giró en torno al rol del poeta y el rol de la poesía en estos violentos y solitarios tiempos en que vivimos. Desde el laboratorio brindamos a la salud de la amiga e invitamos al solitario lector, a la solitaria lectora, leer estos poemas de dicho poemario.

 

Del poemario Batel.

 Ya a nadie

          a Rubén Bareiro Saguier

 

Ya a nadie le importa

la manera en que un poeta

muere hoy tan impunemente,

y vienen sus monstruos a buscarlo

y se lo llevan arrastrado,

pataleando,

gritando un grito mudo que nadie lee,

mientras, en la ciudad,

uno se ejercita,

otro se alimenta,

alguno tal vez lo recuerda de paso

en una conversación de sobremesa

y los demás simplemente persisten

hurgando,

sin espanto, en sus  propias cosas.

 

 Cuando el calendario se deshoja

 

Me pregunto qué es lo que crece

cuando el calendario se deshoja

y qué es lo que sugiere el circulito

del minuto si uno no engorda

 

si uno no transcurre

no madura, no vuela,

no aprende a coser,

a cocinar, a amamantar

 

a qué llaman progreso

si de este lado no veo más

que deformados y mutantes

con restauraciones trilladas

y discusiones no perecederas

y muchachitas con formol

y edificios embalsamados

y fugitivos que huyen

hacia el ancestral horizonte

 

me pregunto si la rebelión

más lúcida en todo esto

no es la del niño terco

que llora y zapatea.

 

Persecutores

 

Nos siguen con sus antenas,

con sus tonos polifónicos,

monotemáticos, irreversibles

 

Se te aparecen a la vuelta

de cualquier esquina, de cualquiera

de ellas se arman una puerta

y tocan, golpean, pronuncian tu nombre

 

Te recuerdan: terrícola, dicen,

tus pies siempre irán sucios

porque es lo que te queda de igualdad

 

Y sobre lo que queda de barro

construyen asfaltos y pedestales

donde colocan sus electrodomésticos

para montarse sobre ellos en eterno circuito cerrado

 

Vos sabes que nos siguen

por eso cuando te entra la paranoia

encendés la luz, agarrás el cel y llamás a un amigo.

 

El perro nuestro de cada día

 

Es como si las bolsas de plástico

se hubiesen puesto de moda para los muebles

porque para qué recordar a los muertos

y juntar polvo en la casa

 

Las telarañas emigran

y las hormigas hacen lo suyo:

se llevan la última miga

de un hogar, dulce hogar

 

Mamá cocina, barre, y me mira

con la sugerente pupila del plagueo,

y cuando pasea por el jardín

es porque anda buscando nidos vacíos

 

Pero cuando vuelve el chasquido del portón,

ella sonríe, el perro entra y nos pregunta

si hoy nos sobró un poco

de nuestro absurdo pan de cada día

 

Otros poemas

El café

 

A las 20.00 Hs. en punto
me preparo un café
y bajo las escaleras lentamente

Pero, de pronto,
llegando al último escalón
el café no es el café
es un brebaje extraño
hecho de migas, hojas de otoño
y algo de soledad.

 

Convivencia

 

No tenemos donde enchufar los electrodomésticos,

hay un solo triple en la casa

y está la mezquinada remera

que un día se convirtió en trapo de cocina.

Estos dos elementos,

junto con los platos sucios,

el desorden en la habitación,

las discusiones impenetrables

y el par de ideas que nos diferencian

constituyen el símbolo más claro

de una extraña aunque adorable

libertad compartida.

 

Artefacto

 

Un solo artefacto con su sonido jadeante

justifica a los sudados cuerpos que se tienden debajo

Es el ventilador de techo que está dando vueltas

y no da abasto con su cansado dale que dale

 

 

El departamento

 

El departamento es un agotado campo de batalla.

En pleno cuarto piso

quedan despojos,

y palabras mudas que laten

todavía en nuestras bocas

como latigazos o disparos.

 

Yo me poso en la baranda entonces

e imagino a esa suave y apacible brisa

que a veces viaja desde la bahía de Asunción

solo para vincular al balcón

con la extensa ventana del dormitorio,

o para conectar a esas dos fracciones

del infinito mundo que ya perdimos.

 

 

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