Gil Alegre Núñez, un excepcional artista comprometido con su pueblo

El artista sanjuanino formado en Italia conversa con E’a, en el día de sus 61 cumpleaños.

Autoretrato de Gil Alegre Núñez

Autoretraro de Gil Alegre Núñez. Fotografía: Statio.

@SebasOcampos

Juan de Dios Valdez, discípulo de Gil, escribió hace dos años en el Correo cultural de Statio: “A 196 kilómetros al sur de la capital del Paraguay, lejos del estruendo y el centralizado movimiento cultural-comercial, un hombre trigueño, delgado, de barba espesa, deja un cuadro a medio terminar, pone en marcha su vehículo y se dirige a su granja. Vuelve durante las últimas horas de la tarde y dedica el resto del día a su familia. A pesar de la excelente carrera que hizo como artista plástico en Italia (en la década de los 80), regresó al Paraguay para trabajar en el arte y vivir en el interior, fuera de la élite hermética de las artes plásticas.”

Hoy, 1 de septiembre de 2011, en pleno festejo de sus 61 años de vida, el pintor, escultor, maestro y promotor cultural Gil Alegre Núñez nos cede un poco de su valioso tiempo para conversar sobre su vida.

¿Cuándo, cómo y dónde iniciaste tu carrera en la pintura, Gil?

Mi carrera nació en San Juan Bautista, pues de niño ya había desarrollado cierta habilidad en las aulas de la escuela. En ese entonces fui animado por mis compañeros de escuela. Considero esa motivación inicial como un compromiso que fue tomando forma y exteriorizándose posteriormente con más fuerza, gracias al conocimiento.

San Juan Bautista, en los años sesenta e inicio de los setenta, como todas las ciudades del interior, era muy pobre en lo que se refiere a una formación fuera de la educación formal. No existían espacios alternativos de formación o capacitación en cuanto a las artes, como la música, la danza, la plástica, etc.

Ya en Italia cursé la carrera de economía, pero en realidad a la par estaba volviendo a mi pasión inicial, formada por el dibujo y la pintura, que había cultivado antes. Como pintor, me inicié en Italia. Fue allí donde desarrollé mi conocimiento en las bellas artes.

¿Por qué viajaste a Italia? Italia, de por sí, es uno de los países más representativos de la pintura. ¿Ésta es una de las razones por la que fuiste a vivir una buena parte de tu vida ahí?

En las décadas del sesenta y setenta, si uno quería seguir una carrera universitaria debía salir de su pueblo, su país. Eso exigía una posición económica, ser de cierto nivel social y tener a alguien que pudiera presentarte para acceder a una universidad, sin que la capacidad fuera precisamente necesaria. Si no se reunía esas condiciones, la carrera de uno terminaba en el bachillerato.

Yo viajé a Italia porque conocí al italiano Norberto Bellini, quien fue el cura de mi parroquia y mi profesor de latín en el colegio. Al terminar el bachillerato, lo acompañé en ciertos momentos en sus tareas por las compañias de San Juan Bautista, cuando él iba a educar a los niños de las escuelas rurales. En esos días yo preparaba algunos dibujos para ilustrar las lecciones de los niños. Entonces surgió el planteamiento de viajar a Italia para trabajar y seguir una carrera de formación superior. Y claro, Sebastian, Italia es la cuna del arte. Yo no elegí ese país, sino él a mí.

¿Cómo fue tu vida allá desde que llegaste? ¿Qué tiempo del día le dedicabas a la pintura? ¿Y desde cuándo empezaste a vivir exclusivamente de la pintura?

Cuando se concretó el viaje a Italia, empecé a estudiar lo básico del idioma italiano con otros jóvenes. Por un lado, tenía cierta seguridad en el sentido de que estaría en contacto con los familiares del amigo Norberto en Italia, mientras empezaba a trabajar para sobrevivir e iniciaba una carrera universitaria.  Así fue como al poco tiempo ya podía vivir con lo que ganaba trabajando en el depósito de una fábrica de griferías. El compromiso con el trabajo era de ocho horas. El estudio lo desarrollé durante las horas nocturnas y los días sábados. Este ritmo continuó dos años sin interrupción, tiempo en que me adapté al ritmo de vida.

A partir de ahí empecé a frecuentar las reuniones de los grupos de artistas y seguir algunos cursos organizados por los mismos. Desde entonces, todo el tiempo libre lo dedicaba a capacitarme en los talleres o cursos de pintura, escultura, grabado, etc., siguiendo a la par el curso de historia del arte. A inicios de los años ochenta ya era una actividad importante para mí. Empecé a participar en algunos concursos de pintura, ganando menciones y premios. A partir de ese momento la pintura fue la actividad principal para mí.

¿Cuánto tiempo estuviste en ese país? ¿Por qué decidiste regresar al Paraguay, especialmente a San Juan Bautista? ¿Y cómo fue el regreso, el cambio radical de ambiente?

Viví en Italia desde 1974 hasta 1993, interrumpido por viajes anuales a Paraguay, que coincidía generalmente con las fiestas de fin de año. Y por qué regresé es una pregunta que frecuentemente escucho. Hay dos razones que motivaron mi regreso, o tres. La primera es que el país parecía encaminarse hacia la libertad y las posibilidades de futuro; otra, por el compromiso con mi pueblo, el de ofrecer mi humilde conocimiento a los niños y jóvenes que quisieran aprender las artes plásticas; y por último, la familia, la cultura arraigada en el ser paraguayo.

Regresar a Paraguay resultó en una soledad tremenda, más pesada que cuando llegué a Italia. No tenía argumento relacionado a lo que hacía, artísticamente hablando. No tenía con quién hablar de arte. Pero a meses de mi vuelta, a fines de 1993, me topé con una perspectiva inesperada, que me ha distraído de esa soledad. Volví a la casa de mis primeros años de escuela (porque en los años cincuenta funcionaba como escuela), la que fuera la casa de los padres de Agustín Barrios, Mangoré, el lugar de mi formación inicial y mis primeros dibujos.

Retrato de Agustín Pío Barrios, Mangoré, por Gil Alegre Núñez

«Creamos el Centro Cultural ‘Agustín Barrios’, con los objetivos de hacer conocer su figura de gloria universal. Mangoré, en ese momento, en San Juan Bautista, su cuna, era un perfecto desconocido.» «Parte de mi tarea actual consiste en promocionar actividades culturales y fortalecer el turismo en torno a la figura de Agustín Barrios Mangoré. Es una tarea ardua, pero con resultados satisfactorios.» Fotografía: Statio.

Desde el regreso hasta estos tiempos, ¿cómo ha sido tu vida? ¿A qué más te dedicas, además de pintar?

Creamos el Centro Cultural “Agustín Barrios”, con los objetivos de hacer conocer su figura de gloria universal. Mangoré, en ese momento, en San Juan Bautista, su cuna, era un perfecto desconocido. En 1994 abrimos al público la casa como un centro cultural. En mayo del mismo año se habilitó la Casa Museo Mangoré, dedicado a su persona, que coincidió con el año internacional de Mangoré, por el cincuentenario de su fallecimiento.

Habilitamos al mismo tiempo la galería de arte “El viejo taller”, donde en junio pasado realizamos la edición N° 30 de la exposición de arte, con la participación de artistas ya formados en el taller de arte de San Juan Bautista.

Parte de mi tarea actual consiste en promocionar actividades culturales y fortalecer el turismo en torno a la figura de Agustín Barrios Mangoré. Es una tarea ardua, pero con resultados satisfactorios.

¿Qué opinas de la centralización del arte y la cultura en Asunción? ¿Cuáles son los pasos a seguir para descentralizar nuestros conocimientos en el país?

La cultura paraguaya es rica de por sí y esta centralización perjudica su desarrollo pleno, vulnera  las ideas que pueden desembocar en la riqueza, la creatividad y la originalidad. Más que conocimientos se deben descentralizar las oportunidades para que los recursos y las informaciones puedan fluir y ser aprovechados por todos los actores involucrados en esta área.

¿Cuál es tu percepción de la realidad artística del Paraguay, en especial en cuanto a la pintura? ¿Percibes una generación de jóvenes con tendencias a sobresalir como artistas en el mundo?

En general, en el campo artistico hay resultados positivos, hay reconocimientos importantes  a nivel internacional. Es bueno profundizar este momento. Hay una buena perspectiva para los jovenes que se dedican a la pintura. Todo radica en el deseo de superarse, que presupone una voluntad, una sólida formación intelectual, es decir, de conocimiento y una visión crítica de la realidad en donde se desempeñan.

Gracias, Gil, por tu valioso tiempo, y muchísimas felicidades por, como dijiste por teléfono, los treinta años de vida.

Ja, ja, ja… El espíritu nunca envejece. Muchas gracias por las felicitaciones, el espacio y la consideración, Sebastian. Hasta pronto.

Más imágenes de las distintas obras de Gil Alegre Núñez

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