Gancheros mbya guaraní de Encarnación impulsan proyecto de rescate cultural

Mediante la fabricación de productos artesanales, con materia prima, mayormente, extraída del vertedero municipal del barrio.

El proyecto, Ñemomora Mbya Guarani Rembyapo, involucra a unas diez familias de recicladores del vertedero, que están reaprendiendo los diseños étnicos que forman parte de su cultura ancestral y estampándolos en platos cerámicos, remeras, tapices y planteras.

¿Cuánto tarda un neumático en descomponerse?

Manuel se ríe de la pregunta, mientras pinta diseños sobre una plantera hecha de cubierta de camión.

Un neumático abandonado demora más de 1000 años en degradarse y desaparecer de la naturaleza. En San Antonio Ypecurú suelen quemarlos para vender como chatarra el hierro con el que están cosidas las cubiertas. Pero es una “solución” que no abarca a todas y son cientos los neumáticos desparramados por el barrio, representando una amenaza mayor como potenciales criaderos del mosquito transmisor del dengue.

Pero desde que comenzó el Proyecto Ñemomora, Manuel y el resto de quienes integran el equipo, entre señoras, niños y niñas, convierten los neumáticos en piezas útiles que, de paso, tienen mayor valor agregado que si se los destina para el fuego.

El proyecto Ñemomora es también una forma de reconstruir la identidad de este puñado de familias Mbya que hace un cuarto de siglo salieron de la comunidad Pindó, de San Cosme y Damián, y buscando trabajo llegaron a Encarnación, donde no encontraron más alternativa que sumarse al ejército de familias pobres que trabajaban de gancheros.

Es un proyecto muy interesante, por las características mismas del grupo que lo impulsa, y por lo que tiene de sustentable en términos ambientales, y las esperanzas de hacerlo sostenible económicamente que tiene la gente, cuyo máximo anhelo es dejar de trabajar en el vertedero.

Según Juana Cañete, coordinadora del Proyecto, hay un aspecto más importante todavía, que es la necesidad de parte de estas familias de consolidar una identidad, que no esté divorciada totalmente de lo ancestral mitológico de su cultura, pero que contenga características nuevas, producto de su contacto con lo urbano, y su integración a la “cultura” paraguaya.

Elisa, una de las abuelas de Ñemomora, resume la idea con mayor pragmatismo. Según dice, ellos no pueden regresar más que de visita y por dos días a su comunidad original de Pindo, ya que allí no le perdonan el hecho de haberse mezclado con los blancos, haber hecho parejas, familias, descendencia con los blancos.

Hoy, gracias a esta iniciativa, el vínculo ha venido estrechándose en los últimos meses, y hombres, mujeres, niños y niñas, están reaprendiendo con artesanos y artesanas de Pindo los dibujos ancestrales que olvidaron.

SNC.

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