Ganadería extensiva y soja entre los principales responsables del cambio climático

Por Eduardo Arce.

La ganadería extensiva del planeta, la producción de soja y maíz para forraje son responsables de la deforestación mundial, aseguraron en el seminario del que participaron expositores de Paraguay, de la Unión de Naciones Ayoreo, de EE.UU, Colombia, Filipinas, China, Irán, Argentina, Tanzania, Holanda, Rusia, Inglaterra y Alemania.

Latinoamérica  tiene los niveles más altos de deforestación del mundo. Las principales causas son la ganadería y los cultivos masivos, principalmente de soja, que se utilizan como alimento para el ganado. Estos métodos no sostenibles de producción ganadera industrial son uno de los principales contribuyentes al cambio climático.

Las emisiones de gases de efecto invernadero globales del sector ganadero varían de un estimado 14,5% a un sorprendente 51% si se tienen en cuenta todos los efectos secundarios. Se considera que la reducción del consumo de carne y productos lácteos es uno de los pasos más eficaces para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Cada año, más de 60 billones de animales son criados para consumo humano. De acuerdo a la Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), la industria ganadera mundial es “probablemente la mayor fuente sectorial de contaminación del agua”, y uno de los agentes principales de la deforestación y la pérdida de biodiversidad.

Si se continúa con los niveles de consumo actuales de carne y lácteos, será imposible alimentar a la población mundial en las próximas décadas, si se utilizan grandes cantidades de cereales y otros cultivos destinados para alimentación animal en lugar de alimento para las personas.

Situación en Paraguay

“La producción y el consumo excesivo  de todo tipo carne, son sumamente destructivos porque tiene un impacto negativo sobre los ambientes”, le dijo a E’a Miguel Lovera, ex presidente del SENAVE.

Lovera explicó que la producción extensiva reemplaza un tipo de vegetación rica, exuberante, por uno totalmente simple. “Un monte de 10.000 especies por un sembrado de un kapi’i, que es una sola especie. Ni que decir los animales. De cientos de especies a una o dos especies de ganado. Es una simplificación drástica que acarrea consecuencias, como la pérdida de biodiversidad, la erosión de los suelos, las emisiones de gases de efecto invernadero de toda la madera y la biomasa que se pudre y se gasifica, se convierte en metano y luego en anhídrido carbónico (CO2)”, explicó.

Lovera se refirió también al impacto socioeconómico y cultural. “Se simplifica el componente humano, porque en un bosque con área de humedales, vive gente adaptada a esos humedales, con la cultura, los conocimientos específicos para poder adaptarse a esos medios. Esa gente es desplazada, expulsada, como vemos que sucede en nuestro país”, dijo.

Citó el ejemplo del Chaco Paraguayo “como un caso cruelmente claro de esta situación en la que miles de hectáreas por día se transforman en páramos, luego por un tiempo, cuando crece el pasto, en un pastizal y luego se vuelve páramo nuevamente, en vez de mantener la vegetación natural que por miles de años ha mantenido a los pueblos del Chaco”.

En 2013, en el Chaco fueron destruidas 268,000 hectáreas, lo cual constituye la tasa de deforestación mas alta del mundo, llegando a las 2.000 hectáreas por día y la mayoría de esta deforestación es causada por inversores uruguayos y brasileros. En el Chaco, localizado en el norte cerca de la frontera con Bolivia, la mayoría de la deforestación es para expandir estancias y crear pastizales.

“Ese impacto sobre los pueblos aborígenes, es gravísimo, hay muchos que están en situación casi terminal, algunos y otro terminal mismo en cuanto a la viabilidad cultural de sus comunidades”, manifestó.

Algo hay que hacer

“Algo hay que hacer al respecto. En primer lugar detener esa  deforestación demencial que por un puñado de monedas estamos vendiendo a un conjunto de civilizaciones, perfectamente adaptadas que han mantenido las condiciones del Chaco durante milenios y que han contribuido a toda la humanidad con ese trabajo de protección e incluso de mejoramiento ambiental”, manifestó Lovera.

Todo eso cambia radicalmente con la ambición de generar más recursos a través de la cría de ganado para la exportación. “Nosotros, con 200 o 250.000 cabezas anuales, satisfacemos perfectamente nuestra avidez por un buen asado. Sin embargo estamos faenando por encima del millón, e incluso 1.200.000 cabezas por año, que obviamente se está produciendo para la exportación, para que unos pocos individuos y empresas que no pagan impuestos directos, se sigan beneficiando y que nos dejen esos páramos y a la gente de esos territorios, les dejen sin hogar”, concluyó.

 

 

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