Fútbol, interactividad y hackeo en internet

El hackeo de la página web de este periódico, provocado por anónimos del ciberspacio, reveló una certera combinación entre la realidad social del fútbol y la capacidad interactiva de los usuarios en internet. También reveló la intolerancia.

Imagen: Boom.es

“!Pero eso fue una provocacióoon…que le hackeen…¡ Cómo pio vos así le vas atentar a los perros…que le hackeen…¡”. Con esta frase, mucho más iracunda de lo que esas palabras pueden expresar,  Robinson –mi hijo- cerraba una discusión en la que yo trataba de persudirle que el hackeo de la página del E’a era fruto de la intolerancia a las opiniones ajenas y diferentes, por más que aquellas hayan sido expresadas con agresividad. Mi llamado la sensatez y a recordarle que lo del pasado miércoles a la noche “fue un juego y nada más” era despedazada por esta realidad: la noche del partido su tío Archi había cometido el craso error de asegurar la consagración de Olimpia Campeón para dejar el asado en la parrilla y comerlo al término de partido. El asado se secó sobre el fuego, porque Robin y toda la familia no probaron un pedacito de la carne. El desconsolado llanto de Matías y Erik, mis sobrinos de 8 y 9 años, ponía un aire casi fúnebre a aquella noche en la ciudad de Luque.

El otro caso es el de Alejandro Valdez,  cuyo empecinamiento posibilitó el diseño y la publicación de este periódico digital, hace más de cuatro años. Olimpista a rabiar pero adicto desenfrenado a las desopilantes películas de Tarantino y lúdico hasta el extremo, Alejandro era para mí el olimpista con quien se podía seguir jugando, pese a su dolor por la derrota. “Juaz…viste piko lo que Morales escribió”, fueron los caracteres que le tire por chat.  Las líneas que Alejandro respondió a mi intento de juego me dieron la certeza que si estaba frente él, en persona, cuando menos me  escupiría.

El ánimo de Robin y Alejandro es el de cientos de miles de paraguayos olimpistas que en estos días va mucho más allá de tomar el  fútbol como juego, como divertimento, para sentirlo como algo tan trágico como la muerte de un ser querido, algo que yo, en este caso, no podía sentir porque solamente soy un hincha cuando juega la albirroja. Ante esta aplastante realidad, recordé que el artículo del periodista Miguel Méndez, «Fútbol, el opio de los pueblos», era apenas una arista del complejo ovillo de la cultura del fútbol: los millones de almas en el planeta que viven este fenómeno sacan también provecho de la calculada provocación del mercado y de los medios, para resolver sus necesidades de entretenimiento, evasión, identificación, salud mental y afectiva, identidad y muchas otras cosas….

Esta es una realidad superior de la gente para quien el derecho de libertad de expresión ytolerancia a la opinión diferente es “irreal”, es una “abstracción” sin sentido. Cuento esta realidad. No la justifico.

Algunos (no todos) de este periódico sostenemos que fue correcta la publicación del artículo “¿Qué se disfruta?” firmado por Carlos Morales. Porque cumple con los requisitos básicos de buena redacción, utiliza adjetivos duros pero no improperios, es un enfoque más de los varios publicados sobre el tema, y porque medio Paraguay estaba pendiente del asunto.  Sin embargo, más allá del periodismo y la libertad de expresión, habíamos cometido un error: no percibimos bien esta realidad popular cuando decidimos publicar el artículo de Morales.

Además cometimos otro error: nos olvidamos que lo usuarios de internet cuentan con el recurso de la interactividad, y con algo letal: tienen disponibles en la red centenares de programas de aplicación para hackear cualquier sitio, en cualquier lugar del mundo. Nos olvidamos que no estamos en un medio tradicional, donde se está lejos del poder de la gente, sino en la red.       

Para las 23:00 del jueves vi en el rankeador de la página que el artículo de Morales trepaba al primer lugar en menos de tres horas. Me puse contento como colaborador de E’a. Pero también para esa hora los raudales de comentarios críticos contra el artículo, en la misma publicación, rebasaban los 100. Me preocupe. El día siguiente (ayer) antes de las 10:00 los comentarios superaban los 300. Casi todos de furiosos internautas olimpistas. Para poco después de las 10:00 de ayer, los sistemas de seguridad de nuestro servidor habían cedido y la página caía, molida por  el hackeo.

Hoy sigo pensando, periodísticamente hablando y teniendo en cuentan el derecho a la libertad de expresión en internet, que fue correcta la publicación del polémico artículo. Y condeno el ataque a nuestra libertad de expresarnos por nuestro medio. De lo que no estoy seguro es si lo hubiéramos publicado si antes hubiéramos percibido las dos realidades que no vimos.                               

              

 

Comentarios

Publicá tu comentario