Fútbol, el opio de los pueblos

Olimpia perdió en penales ante el Atlético Mineiros. La euforia del pueblo se apagó y con la cabeza baja cada hincha vuelve a su cotidianeidad olvidada por unos días.

Fuente de Imagen: josemari.miblog.blogspot.com

El fútbol, tiene muchas aristas, por una parte es -por mucho- el deporte más practicado en el mundo entero, por otra parte es negocio de los empresarios que lucran con los pases de los jugadores como si estos fueran esclavos modernos. Por otra más -en los últimos tiempos- ha sido reducto en algunos lares del lavado de dinero del narcotráfico y, como en varios casos conocidos, trampolín para acceder a la política.

Pero también el fútbol actúa sobre el pueblo como un eficaz narcótico que lo hace olvidar  de su pobreza cotidiana generando una ilusión de unidad de clases. Para esto se entretejen hilos muy finos desde las cadenas de comunicación que transmiten en directo los eventos deportivos y hacen soñar a la muchedumbre de espectadores que se encuentran en la cancha misma junto al onceno que disputa el balón a su adversario.

En estos días previos al partido de Olimpia ante el Atlético Mineiros por la Copa Libertadores de América se vivió en las calles de Asunción una sensación de euforia propia de cualquier droga, que hizo olvidar a muchos compatriotas olimpistas de los problemas nacionales, la pobreza, la inseguridad, la basura en las calles, la situación del transporte público de pasajeros, la audiencia preliminar en el caso Curuguaty, el impuesto a la exportación de granos, entre otros problemas que aquejan a la sociedad paraguaya. Para lo único que vivió en esta semana el fanático del fútbol –en especial el hincha del Olimpia- en Paraguay fue para la ilusión de ver coronado al Olimpia como campeón de la copa Libertadores de América.

Los comerciantes minoristas que sacaron provecho de esta situación fueron los vendedores de banderas, alcohol y carne. Pues la consigna para la noche del partido fue sin lugar a dudas ver el partido en un asado entre amigos regado con abundante cerveza.

La consigna de pan y circo para el pueblo, no deja de estar presente a la hora de abordar el fútbol como un fenómeno de masas que induce a la alienación social. Claro, con más circo que pan.

La conciencia del pueblo aún es débil en lo que se refiere a entender el fútbol como una gran empresa en la cual los empresarios más allá de lo que se disputa en el campo de juego, se juegan millones de dólares tras sus clubes, que en Paraguay se organizan como “sociedades sin fines de lucro”, y que a la hora de definir los partidos poca atención prestan al fanatismo de sus seguidores y no pocas veces arreglan los partidos bajo la mesa a su mejor conveniencia.

Olimpia perdió, para los empresarios del fútbol, incluidos los que tuvieron los derechos de transmisión de los partidos, es difícil que signifique esto una gran pérdida, siempre especulan a gran escala. El gran perdedor ha sido el hincha de fútbol, especialmente el olimpista, que hoy vuelve a su trabajo cabizbajo y frustrado luego de una semana de ensoñación y con la sensación de resaca que producen los opiáceos.

Todo lo que aquí se señala no es nuevo, ya en 1978 la dictadura argentina había organizado el mundial de fútbol para hacer olvidar a la población los horrores que se estaban viviendo en las cárceles de la dictadura. Como este existen muchos casos en la que el fútbol se instrumentalizó para la alienación social.

Sí Karl Marx hubiera vivido en nuestra época tal vez hubiera acuñado la frase “El fútbol es el opio del pueblo” al ver cómo por medio de este deporte se amansa a las muchedumbres y se genera un raro hálito de unidad y bienestar transitorio.

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