Frankfurt: El fútbol como excusa

Desde ElPororo.com

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El segundo largometraje de Ramiro Gómez participó en la Sección «Otra Mirada» de la 21º Rencontres Cinémas D`Amérique Latine de Toulouse que finalizó este domingo. En el catálogo se destaca la intimidad que logra Ramiro al captar momentos cotidianos. En Mayo próximo Frankfurt participará en la Sección “Documental Original” Documenta Madrid 09. Merece la pena hablar de esta película.

Una fogata se enciende a la mañana, hace frío. La fogata es para el cocido del desayuno, ya que el hogar no necesitará ese fuego para tener calidez. Un hombre viejo, con líneas cansadas, marcadas y ojos llenos de vida, enciende un cigarro, expectante. Esa mañana todos estarán reunidos para un ritual cuyo final aun es desconocido. Pero eso tal vez no importa, mañana será otro día, pero hoy… ¡Hoy es día de fútbol!

¿Hasta que punto habitamos el cine, sea ficción o documental? Construir es habitar. Podemos afirmar que Frankfurt construye un espacio existencial a través de las imágenes, ya que el director no propone tanto una lectura sino más bien un acto de habitar en el espacio registrado y montado, nos cede a nosotros el darle sentido, en base a nuestras sensaciones.

El reciente documental del realizador paraguayo Ramiro Gómez nos cuenta, por un lado un fragmento de la vida de algunos jugadores de la liga rural de fútbol y por otro, parte del breve desempeño de la selección paraguaya, jugando el mundial de Alemania del 2006, casi de manera paralela. La excusa, esta vez, es el fútbol, y qué mejor manera de hablar de nuestra gente a través de un deporte tan importante para el paraguayo.

Frankfurt se construye con el pulso narrativo proveniente de la vida misma que se desarrolla frente a la cámara. Con dos matices, por un lado el contemplativo, cuando esperamos expectantes que algo suceda o acompañamos la cotidianeidad, el silencio y las acciones de los personajes, en donde Ramiro casi no mueve la cámara. Por otro tenemos momentos que podríamos denominar como más emocionales, en los cuales vemos el partido de fútbol y sentimos a través de los rostros, las emociones y reacciones.

Así como lo hacía en Tierra Roja, nos ofrece una mirada desde adentro de las familias campesinas, mientras éstas se preparan para ver el partido de Paraguay y otros para jugar en la liga rural. Mete la cámara adentro de las viviendas, dejando que las cosas sucedan, tratando de no intervenir en lo más mínimo en la realidad, convirtiéndose él mismo con la cámara en un mobiliario más, mostrándonos cómo estos desempeñan sus actividades.

La calidez del hogar es rescatada por la opción de Ramiro de sacar poco la cámara para mostrarnos el entorno, a excepcion de las escenas del partido de futbol rural y la caminata de los personajes hacia el encuentro; es así que llegamos a sentir el frío, podemos oler el aroma de la madera húmeda y el salitre en las paredes, vemos las imágenes de santos como empapelados, las camas amontonadas y escuchamos la televisión casi como un personaje más en algunos momentos. Todo esto hace que el espectador se deje llevar por la atmósfera y esto es vital para que el documental funcione. Podemos decir que el espacio es un personaje más que nos cuenta talvez más de los personajes que sus palabras.

Por otro lado, el cineasta interviene en la realidad de manera sutil con el montaje; en algunos momentos usando el sonido, por ejemplo el de la televisión, para armar un juego narrativo y proponer un punto de vista, lo que se sale de la contemplación y aporta otra dimensión al documental: la dimensión crítica.

Con 61 minutos de duración, el documental funciona perfectamente, así como Tierra roja, como reflejo del día a día del campesinado, con imágenes acogedoras. Tal vez la poca duración hace que busquemos algo más; quedarnos un poco más con esos personajes y espacios, saber un poco más sobre ellos. Pero la experiencia del documental ya es suficiente y nos quedamos esperando talvez, la tercera parte de una trilogía que empezó con Tierra roja.

Al día siguiente todo es silencio, canta el gallo rompiéndolo, recibiendo entre la bruma a la luz del amanecer. El hombre de líneas cansadas y ojos llenos de vida camina silenciosamente, tranquilo. Todo sigue igual. Agarra el machete y empieza a carpir la caña de azúcar, al lado de su hijo. De repente una voz rompe el monocorde de los machetazos. En el fondo, la voz pregunta: ¿Quién metió el gol?

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