Ferreiro y su descabalgadura

Opinión sobre la declinación de Mario Ferreiro a la candidatura presidencial.

Mario Ferreiro.

Guste o no, es la mejor opción para dejar de hacer politiquería desde izquierda, lo que ciertas veces se hace (a sabiendas o en plena infantil ingenuidad) con la mendaz argucia del «manejo de realidades».

Ciertamente se podría perder caudal electoral, dado que se trata de una figura farandulera de alto perfil. Pero, si nos detenemos en hacer un acelerado racconto (independiente a su identidad política) en cuanto a los desenlaces de hacer primar las necesidades del contexto por sobre las prioridades siempre políticas pero más estratégicas, demasiado poco han servido las apuestas netamente electoralistas. Ello se puede apreciar con lo que quedó del movimiento de Filizzola luego del 1991, o por sus partes de Encuentro Nacional u hoy Patria Querida, que tras la guarda de sus líderes en “cuartel de invierno” (Caballero Vargas y Fadul, respectivamente), presentan una dinámica decadente irreversible (que sería de UNACE sin Oviedo también).

Esto igualmente es parte de la excesiva atención en la figura “candidatable” por sobre los programas (aún los electorales) y por sobre la consolidación y fortalecimiento de los espacios de convergencia política frentista (en especial dentro de la izquierda y su diversidad en la adscripción de sus preferencias ideológicas). Es que al concentrarse desproporcionadamente en la performance comicial, indirectamente desprecia los trabajos más a largo plazo de consolidación de espacios políticos UNITARIOS, que refuerzan los programas por sobre las «oportunidades» meramente co-yun-tu-ra-les.

Así también, es la demostración de lo que podría haber pasado con otro «neofito» más en política y su supuesta representación de la «izquierda». Esta decisión última y la posibilidad de caerse en cualquier momento, hubiera “a lo peor”, haber sucedido en plenos comicios, en sus vísperas o tras la (tal vez posible) victoria en las urnas, y dar por tierra todos los esfuerzos comprometidos detrás de ello. Por eso, es mejor que se haya dado tal decisión ahora (y habría que felicitar la relativa seriedad de Ferreiro al descabalgar rápido y percatarse prudentemente de las debilidades propias) no cuando ya fuera tarde.

Muchas veces el jehechakua’a es un gran mérito, y el haber hecho caso omiso a determinadas presiones, tal vez de sectores que por porfiados, pretendieron forzar situaciones que nadie desconoce (seguramente) se habrían convertido en insostenibles por las propias flaquezas de los protagonistas (como las que el propio Ferreiro admite).

En el análisis de su comunicado están traslúcida y ocultamente las razones de lo impropio de su candidatura. En el segundo párrafo empieza diciendo con reconocible y sorprendente tino: “Sigo considerando que la clase política debe hallar los mecanismos idóneos para generar sus propias candidaturas” (nada que discutir y mucho para hacer entender a los que no lo hicieron a tiempo, a no ser el usual mal uso de concepto “clase” que algunos desorientados, y él también, dan para los políticos). Los desafíos no se solucionan con «parches», parte de estos retos son los que Ferreiro llama “mecanismos” (de la política), y tiene que ver con la capacidad de los liderazgos de las agrupaciones transformacionistas en saber negociar, ponerse de acuerdo y emprender mancomunadamente proyectos conjuntos y estratégicos.

Luego, Ferreiro nos demuestra en el mismo párrafo demuestra por qué el no es demasiado “idóneo” (en uso de sus propios términos) al demostrar palpablemente su descolocación política. Entonces refiere: “El hecho de ser querido, respetado y admirado por una importante franja de la población en relación a mis tareas profesionales, no me otorga el derecho a exigir de ese público la adhesión a mis ideas políticas personales.” Para un político “de raza” (como burdamente se los denomina) ese carisma del que se ve poseer (aunque lo llame de otro modo), no es para nada un desmerito impropio, jamás puede ser un abuso el buscar convencer a alguien sobre las “ideas políticas personales”, sino que por un lado es la labor natural de la política y dicho atractivo carismático, una herramienta más en el arte de convencer a “la ciudadanía” (“las masas”) para el acompañamiento de un cometido. Obviamente cuando esto es lo único que se tiene y ningún proyecto detrás, esa virtud se convierte en algo vil (y esto es lo que quizás quisiera expresar con esas palabras).

Entretanto (y como anécdotas de color que destiñen de contenido nuestro escenario político), se van dando ciertas “paradojas” en la usual irracionalidad que hasta hoy domina. Si hubiera sido un advenedizo enriquecido en tiempos de Stroessner el que hubiera aceptado  (dado que estos tipejos no se distinguen por poseer las neuronas suficientes y bien conectadas), habría sido un episodio tragicómico en el vernáculo lodazal de nuestra mediocre politiquería. Pero justamente por poseer el implicado conciencia de sus limitaciones y rechazar la candidatura (esto, mucho por tener cierta formación progresista), algunos (y quizás hasta los medio de “deformación”) busquen poner como ejemplo para los “zurdos” al periodista-animador (en sus diversas variantes: de los duros del estronismo, de los estronianos vergonzantes, de los libero-estronistas) para intentar hacer retroceder el proceso en curso.

Mientras y por su lado, también hay cosas que reconocer y rever por parte del resto de la izquierda. Deberíamos dejar de tirar nombres (que inoportunamente ya se está haciendo costumbre) y que además tiene el peor de los resultados, donde los propios implicados son los encargados de dar las desmentidas del caso, desautorizando a los mismísimos impulsores y descolocándolos y descolocándonos a todos (quieran o no admitirlo el resto de los compañeros, que al mirar a otro lado pretenden que no nos afecta).

Para convertirnos en una alternativa ante la derecha kachi’aï y cada vez más lamentable, una de las premisas es también ser serios, y estas pifias no colaboran.

Fuente: 3So

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