Federico: Francamente, un ridículo

(Opinión) Federico Franco está culminando una de sus más afiebradas pretensiones: su momento de fama como Presidente, su obsequio preciado para su papá, su éxtasis íntimo.

Federico Franco en el paroxismo de su locura, se autocondecoró. Foto: Presidencia.gov.py

Por su parte, el Paraguay tuvo la tragedia de periodo de un poder Ejecutivo del Paraguay uno de los periodos más ridículos, de florecimiento del “zonceraje”, del conservadurismo, del derechismo reaccionario.

El gobierno de Franco sólo fue soportado porque toda la derecha reaccionaria en un amplísimo pacto lo mantuvo a pesar de su estupidez y torpeza, ya que ni siquiera podía ser útil a la burguesía y al imperialismo, con sus boñigas aquí y allá.

El PLRA, Franco y sus miles de rapiñeros!

¿Puede imaginarse la cantidad de mancos que habría en el país si Franco llegara a cumplir su promesa de que cortaría la mano a los corruptos? ¡Una interminable estela de liberales mancos buscaría la forma de disimular su desvergüenza! Pero como todo representante de la burguesía, Franco mintió.

Lo que resulta hasta increíble es el tamaño de la corrupción del PLRA, ese partido que el badulaque de Lugo llamó “la reserva moral de la nación”.  Robaron desde el tiempo del gobierno de Lugo, pero tras el golpe les tomó una “pasión por la rapiña”. Luego del golpe parlamentario para sacarse de encima al gobierno de Lugo al que no sentían “seguro”, metieron la mano en la lata sin contención.

El ferviente deseo de mantenerse con la mamadera del Estado que tantos recursos les proveyó, Franco y sus rapiñeros del PLRA entraron a las elecciones con una clara consigna: “por falta de plata no vamos a perder las elecciones”.

Y se tomaron muy en serio la consigna, se cargaron las pilas para rapiñar dinero público de todos los lugares y de las formas más diversas. Fue un periodo de Alegre y desbocada podredumbre.

Entre bueyes no hay cornadas

Cartes y Llano logran un pacto que les asegura impunidad a los liberales y gobernabilidad para los negocios comunes como para los negocios faccionales de los colorados cartistas.

La impunidad es una moneda común entre los sectores de los capitalistas; sólo en situaciones agudas no se perdonan el “pecado común” que les hermana: robar al Estado o vivir de él para aumentar su riqueza y expandir sus negocios.

Hasta Lugo que entró al gobierno cantando “cambia todo cambia” ni investigó y mucho menos propició imputar a algún colorado por sus innumerables y evidentes actos de corrupción.

A este pillaje descarado, entre otros factores, hay que atribuir que el PLRA haya perdido las elecciones -vía el voto castigo-, a pesar del enorme despilfarro que significó la “inversión” electoral.

La paz y el juicio

Impresentable Franco afirmó en su discurso al nuevo congreso “que trajo la paz y la tranquilidad al país”. ¿A qué país? Si se refiere a los privilegiados y a las minorías ricas de nuestro país, sin duda alguna que les trajo paz y tranquilidad. Fue ése el objetivo por el que blindaron a su gobierno rapaz y desatinado.

Federico Franco, el juicio de la historia que nunca es indulgente, no tendrá misterios: Ud. ha encabezado uno de los gobiernos más reaccionarios del periodo post-stronista; un gobierno golpista, agudamente corrupto e hizo gala de una tragicómica impertinencia.

No tendrá consuelo ni con el karaoke desafinado de su señora en Mburuvicha Róga y no podrá ocultarse ni si se baña en su inacabable petróleo.

 

 

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