Fallece Carlos Luis Casabianca, histórico luchador contra las tiranías pasadas y presentes

El presidente del Partido Comunista Paraguayo (PCP), Carlos Luis Casabianca, falleció esta madrugada a los 88 años en el hospital Nanawa del Instituto de Previsión Social (IPS), aquejado por un cáncer que hizo metástasis, informaron fuentes de la organización política.

Mirtha Maldonado, miembro del Comité Central del PCP, lamentó la pérdida física de Casabianca, al que consideró no solo como un legado del partido, sino de las luchas del pueblo paraguayo contra la tiranía y las injusticias sociales.

Maldonado subrayó que Casabianca deja una rica trayectoria y un testimonio de lucha y alegría, de profundo interés en la situación de la juventud. De hecho, alcanzó a vivir este «estudiantazo» que estalló en setiembre con los secundarios y luego con los estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), que están bregando contra los esbirros del estronismo empotrados en la alta casa de estudios.

La dirigente destacó la tolerancia y la apertura de Casabianca así como su adecuación a los tiempos, pues en la dura época del estronismo asumió la lucha armada para combatir a la tiranía fascista y posteriormente siguió perseverando por la construcción del socialismo en la época de la llamada «apertura política». Asimismo, resaltó que se trata de una persona que luchó por la unión de todos los explotados, del campo y la ciudad, que acompañó la lucha de las clases obreras por su liberación y se destacó por un profundo internacionalismo, habiéndole tocado precisamente en el exilio en Chile el golpe de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende.

Casabianca es autor de «Clandestino y bajo agua», unas memorias en que relata sus primeras épocas de militancia política en el ala izquierda del Partido Revolucionario Febrerista (PRF) hasta sus detenciones e incursiones armadas, ya formando parte de las filas del PCP, contra el régimen de Stroessner. Fue director de Adelante, órgano oficial del Comité Central del PCP, y colaborador hasta su último aliento de la publicación, convencido de que la formación teórica es fundamental para la praxis política.

Su libro, y su vida misma, está marcada por su militancia con su compañera de vida, la poetisa Carmen Soler, quien también padeció vejámenes en las mazmorras estronistas y cuyos versos son un hálito de vida para animar a los militantes a no quebrarse en la cámara de tortura.

El crítico literario Blas Brítez había calificado a la obra como una muestra clara de literatura testimonial: “Una literatura testimonial que es un lugar radicalmente sensible a la hora de construir memoria (…) El libro está traspasado por una profunda alegría, aunque es el inventario de un montón de atrocidades de la dictadura, no solo estronista, sino también la de Morínigo, pero también es la crónica de la resistencia del pueblo, marcada por un profundo heroísmo (…) Es un libro necesario, es un libro peligroso, pero… ¿qué libro que dice profundas verdades no es peligroso?”, manifestó Brítez respecto al libro.

«Su cuerpo conoció el encierro, la tortura y el amedrentamiento permanente. Conoció la fatiga, el cansancio y la desilusión como cualquiera de nosotros, pero lidió con ellos con sus ideas de valor, de esperanza y de emancipación. Y hasta unos días antes de su partida, estuvo con la gente en la calle, acompañando sus demandas y recreando esperanzas en un país atrapado por una oligarquía ruin, abyecta y vende patria. Salud, Luis Casabianca», escribió, por su parte, el periodista y narrador Julio Benegas en memoria del histórico dirigente.

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