Etiopía: perseguidos por el hambre y la guerra

Casi 120.000 somalíes se han refugiado en Etiopía.

  • La mitad de ellos en los últimos meses, huyendo del hambre causada por una sequía que ha devastado cosechas y ganado en un país afectado por 20 años de conflicto bélico.

“Los refugiados llegan en un estado de salud muy frágil, empeorado por los largos días de camino para llegar a la frontera con Etiopía desde sus lugares de origen”, explica Guillem Pérez, coordinador de emergencias en Liben, Etiopía. Pastores seminómadas o pequeños agricultores, esperaron en vano la llegada de las lluvias hasta el último momento. Foto: Sisay Zerihun / MSF

Dolo Ado, Agosto 2011 – Hadija Isaac Abdu juega con la jeringa de plástico con la que alimenta a su hijo de 3 años con desnutrición severa, en el centro de estabilización de Médicos Sin Fronteras (MSF) del campo de refugiados de Malkadida en Liben, Etiopía. «Somos agricultores, cultivamos maíz y sorgo. Teníamos vacas. La cosecha no llegó por la sequía y cuando se murió el ganado decidimos ponernos en camino. Tardamos siete días en llegar caminando y sin comida. Comíamos sólo lo que nos daba la gente por caridad en el camino,» cuenta.

Yussuf Jemale Hassan, de 51 años y padre de seis hijos, llegó a los campos de refugiados etíopes desde Garbaharey: «Tenía 40 camellos y 150 cabras. Cuando me marché, quedaban dos camellos y cinco cabras. Ahora no tengo manera de ganarme la vida, ningún lugar tranquilo al que regresar. En Somalia sólo quedan minas, guerra y hambre».

Las historias de Hadija Isaac y de Yussuf Jemale son la historia de buena parte de los 118.000 refugiados somalíes que están en los campos de la región etíope de Liben. Casi la mitad llegaron en los últimos meses huyendo del hambre, la sequía y una guerra de dos décadas. La entrada masiva de refugiados ha desbordado la capacidad de los campos de Liben, concebidos para albergar a 45.000 personas, una situación que se agrava con unos niveles de desnutrición muy elevados: uno de cada dos niños menores de 5 años que arriban a los campos etíopes de Liben están desnutridos, según las evaluaciones rápidas que MSF realiza de forma sistemática entre los recién llegados.

Combatir la desnutrición

Campo de tránsito. Refugiados haciendo cola para recibir su ración de comida. El campo de tránsito está diseñado para albergar a unos centenares de personas. En la actualidad son más de 15.000, a la espera de que abran nuevos campos en Liben. Foto: Sisay Zerihun / MSF.

Esperaron las lluvias hasta el último momento. Pastores seminómadas, pequeños agricultores, no se habían planteado tener que salir de su país. Fue su último recurso por la falta de precipitaciones, la muerte de su ganado (su principal sustento) y la falta de cosechas, en un país inmerso en 20 años de conflicto. Cuando salen de Somalia, muchos niños ya se encuentran desnutridos, y la larga caminata para cruzar la frontera -para algunos de hasta 20 días – contribuye al deterioro de su estado.

«En junio eran miles los que llegaban cada día (2.800 sólo el 28 de ese mes). Me impactó mucho el caso de una abuela que llegó con sus tres nietos pequeños. Los tres murieron al llegar. Llegaron demasiado tarde, no se pudo hacer nada por ellos», recuerda Kadir Abdi Ahmed, enfermero de MSF en el campo de prerregistro de Liben, el primer asentamiento al que acceden los refugiados tan pronto cruzan la frontera.

Abdi forma parte de un equipo que evalúa el estado de los recién llegados para poder transferir de inmediato a los que están más graves a los centros de salud. Sólo en el mes de julio, MSF ingresó a 200 niños en sus centros de estabilización para pacientes con desnutrición severa y complicaciones médicas, como infecciones o diarreas persistentes.

Campo de Bokolmayo. Es uno de los campos más antiguos, creado en 2009. Con capacidad para 20.000 personas, alberga el doble. Se pretende abrir dos campos más para acabar con el hacinamiento actual. Foto: Sisay Zerihun / MSF.

«Vendimos las últimas cabras para comprar algo de comida para el camino», dice Amina Dakey, de 30 años, que recuerda los precios prohibitivos que el maíz y otros alimentos básicos alcanzan en los mercados somalíes. Desde Dinsor fueron 10 días de camino. La comida no fue suficiente, y uno de sus pequeños ha tenido que ser ingresado en uno de los programas de nutrición de MSF en los cinco campos de Liben, donde ofrece tratamiento nutricional a más de 10.000 niños. La organización reparte asimismo comida (harina y aceite) a sus familias, para evitar que éstas compartan los alimentos terapéuticos del hijo desnutrido con los demás, todos con hambre.

‘Será difícil volver a Somalia’

Las causas principales de la salida de Somalia de millares de personas son la sequía y el hambre. Pero la causa de que la gran mayoría de los refugiados vean complicado su regreso al país es otra: la guerra.

«No, no creo que podamos volver a Somalia. No creo que allí podamos encontrar, a corto plazo, lo que necesitamos: paz y algo para comer», dice Hadija. Sonríe un poco: su niño se está recuperando, y añade: «Espero reunirme con mi madre. Se quedó con nuestras dos últimas vacas y decidió ponerse en camino cuando también murieron. Se ha traído sus pieles para dormir sobre ellas. Está en el campo de tránsito y espero que pueda venir pronto con nosotros. Será difícil volver a Somalia».

Combatir la enfermedad

Los niños en programas de nutrición acuden semanalmente a los centros donde se hace el seguimiento de su evolución. Foto: Sisay Zerihun / MSF

Por las consecuencias de 20 años de conflicto bélico, el acceso a servicios de salud, hospitales o ayuda humanitaria en Somalia ha sido difícil – sino imposible – para una buena parte de la población. La gran mayoría de los niños refugiados no ha recibido vacunación alguna, ni las madres atención pre o postparto. MSF ha iniciado una campaña de vacunación masiva a los menores de 15 años contra el sarampión, una enfermedad altamente infecciosa que, conjugada con niveles de desnutrición elevados, puede ser letal.

El hacinamiento en los campos supone que el riesgo de epidemias sea más elevado. Con mayores necesidades de comida y agua y falta de saneamiento, muchos niños son ingresados por diarreas persistentes e infecciones respiratorias.

MSF ha aumentado su capacidad operativa en los campos de Liben con cerca de 700 trabajadores locales y 40 internacionales, ha enviado 855 toneladas de alimentos terapéuticos preparados, comida y material médico, y está ampliando los centros de salud en los campos, tanto en los que llevan más tiempo establecidos (Bokolmayo, Malkadida, campo de tránsito), como en los abiertos recientemente (Kobe y campo de prerregistro).

Por: Médicos sin Frontera.

Campo de prerregistro de Liben. Refugiados somalíes esperan a ser transferidos al campo de tránsito, donde son oficialmente registrados como tales y reciben sus primeras raciones de comida. Foto: Sisay Zerihun / MSF.

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