Estronismo: apuntes para una memoria política

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Stroessner, en uno de los innumerables desfiles
que se organizaban en su honor

Hace 20 años se cerraron las páginas de la dictadura estronista. Recordar y aprender de aquellos 35 años se hace impostergable. El rostro y la memoria vivos de Idalina Gaona nos interpelan a abordar nuevos desafíos políticos para el país.

Ayer abrí oportunamente la última edición de E’a impreso y vi la foto de Idalina Gaona. Idalina se toca la comisura de los labios con los dedos de la mano izquierda. Idalina mira con dureza y serenidad a la vez. Mira aún con la rebeldía de siempre, pese a que sus huesos fueron arrojados 13 años en las mazmorras estronista. Respondiendo a las preguntas del periodista Osvaldo Zayas, Idalina dice que no cree en el actual gobierno de Lugo, y sí cree en la gente de éste país.

Ese rostro de 85 años, surcado por la vida, es la memoria de un pueblo. Un rostro que, como un espejo, proyecta a centenares de rostros de paraguayos y paraguayas que lucharon contra la opresión. Es ella una memoria viva. Una memoria de convicciones, de lucha por el poder, de sed de justicia. Una memoria que debe proyectarse en el presente.

Memoria colectiva

Recuerdo que aquella noche y madrugada entre el 2 y 3 de febrero de 1989 se cerraron abruptamente las puertas de una discoteca asuncena. Alguien dijo que había un golpe de Estado, y que por seguridad, los tragos seguirían hasta la mañana siguiente. Recuerdo que, fugazmente, un hilo de miedo cruzó mi memoria. Luego, como los demás, me ocupe apasionadamente del trago hasta la mañana.

No sabía yo (parte de la amplia generación de la «paz estronista») que las luchas de muchos y muchas Idalinas terminaban, por los menos para esa etapa de la historia.

Hoy y mañana se recuerda un aniversario más de la caída de la dictadura. Esta recordación debe activar la memoria colectiva: mirarnos para no cometer, colectivamente, los mismos errores, y para rescatar los aciertos.

Me parece que la larga opresión comandada por Stroessner no fue sólo un antojo del dictador. Aquellos 35 años fueron fruto de la compleja y contradictoria historia de esta nación. Dentro de esta complejidad, debemos recordar las atrocidades cometidas por el dictador y sus esbirros, como actos de crimen contra la humanidad que no deberían repetirse. Recordar las injusticias cometidas con las y los centeneras de Idalinas que se animaron a desobedecer el orden del régimen. También memorar la complicidad de los imperios, sobre todo del imperio estadounidense.

Pero traer también a la memoria porqué yo y millones de paraguayos y paraguayas estábamos o parecíamos contentos con el régimen de Stroessner.

Memoria y política

Creo que, en una síntesis muy apretada, la dictadura activo una serie de mecanismos políticos, sociales, económicos y culturales para implantar su sistema de dominación. Esto llevó, como la otra cara, a la legitimación del poder estronista. Un dar, un con-ceder poder de las grandes mayorías del país al régimen.

Creo que Stroessner, hábilmente, aprovechó la coyuntura de los primeros años del 50. Al desorden completo iniciado con la revolución del 47 prometió y realizó seguridad para todos, muchas veces perpetrando el terror. Gestionó, sin titubeos, el respaldo del imperio norteamericano y del sub imperio brasileño, para cubrirse las espaldas, en el marco de la guerra fría. Aprovechó la cultura de resistencia política pasiva (de negociación con el poder) y de extrema cohesión cuando los peligros acechan a la nación, practicadas históricamente por este pueblo. Y gestionó una economía básica que, aunque de corto alcance, le sirvió para que la gente no muera masivamente de hambre (como ahora sí ocurre) ayudado por los dólares de los imperios. En realidad dio un proyecto país a la gente, más allá de todas sus locuras.

Estoy hablando sobre memoria y poder. Un poder que debe ser eficiente para que se mantenga. Un poder que deber tener conveniencias para las grandes mayorías, que son las que finalmente deciden los destinos de cualquier nación. Memorar que, en asuntos de poder, el pueblo se mueve por utilidades simbólicas y materiales. Y que justamente la gente, al sentir que ya no les servía más, actuó contra el régimen, éste que va muriendo de a poco.

Hoy vivimos un recodo muy importante en la historia política del país. La vieja oligarquía terrateniente, sus aliados locales y los imperios están desorientados, luego de que las mayorías decretaron el 20 de abril la caída de la ANR.

Hoy las mayorías esperar un nuevo proyecto país. Uno que les entienda y resuelva sus problemas concretos. Ahora recorremos un pasaje sensible, delicado, decisivo para el futuro. Y es hoy cuando se necesitan el coraje y el arrojo de miles de Idalinas que sí entendieron su tiempo y desafiaron al poder estronista. Muchas Idalinas que entiendan su tiempo de hoy, con sus complejidades, sus debilidades y sus potencias.

Por la memoria de Idalina, por este país y su futuro.

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