“¡Estelaaaa!”: El Grito más recordado del fallido golpe del 2000

El periodista Andrés Caballero, quien transmitió en vivo por televisión, “desde el lugar de los hechos”, y vio venir el disparo de la tanqueta rebelde hacia el Congreso Nacional aquel 18 de mayo, recuerda como fue esa noche y sus anécdotas tragicómicas. Así se dio el golpe del 2000.

Una de las tanquetas que asedió al Congreso en el 2000. Foto: Ultima Hora.

Una de las tanquetas que asedió al Congreso en el 2000. Foto: Ultima Hora.

El golpe fallido del 18 y 19 de mayo de 2000, quedó impregnado en la memoria colectiva con el grito de “¡Estelaaaa!”. Ese era el llamado desesperado del periodista Andrés Caballero, en la noche del 18, al ver a una de las tanquetas de la Caballería apuntar hacia el Cabildo de Asunción-entonces Parlamento- y disparar. Todo transmitido en vivo por Canal 9, para una audiencia de millones de espectadores.

Eran como las 10 de la noche, vehículos de la Caballería habían llegado al Microcentro, en medio de una ola de rumores de Golpe de Estado.

Andrés Caballero, recuerda que ese día estuvo cubriendo desde tempranas horas el Congreso. Había un ambiente tenso, mientras se esperaba una sesión de los legisladores. Previamente se generaron muchos rumores sobre lo que acontecería ese día, “se olía que se estaba gestando un golpe”. Había policías por todas partes. La información que corría entre los periodistas, en los pasillos del antiguo Cabildo, era que la policía iba a tomar detenidos a los parlamentarios que no estaban de acuerdo con Oviedo. Ninguna información era clara.

Había pasado poco más de un año del Marzo paraguayo, donde a partir del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, miles de manifestantes se agolparon en la Plaza de Armas para defender la democracia. Fueron masacrados 8 jóvenes manifestantes. El estallido social obligó a Raúl Cubas a renunciar. El General Lino Cesar Oviedo, sindicado autor moral de los asesinatos, huyó al exterior. Asumió desde entonces el mando del Ejecutivo Luis Ángel González Macchi.

En el transcurso de la noche de aquel 18 llegaron las tanquetas, y una de ellas subió a la plaza dirigiéndose al edificio parlamentario. Es el que dispararía. Posteriormente se supo que la misma debía recibir apoyo de hombres armados que saldrían de la Comandancia de la Policía, luego del bombardeo, pero esto nunca sucedió. La tanqueta no podía avanzar sola y quedó el plan en la nada.

En otro momento, recuerda Caballero, una de las tanquetas se dirigió a un copetín que se encontraba en la esquina de la plaza. El oficial que lo conducía, le ordenó al dueño que se retire, «¡civilacho, raje de acá!”, le gritó. Como no le hicieron caso, le dispararon dos o tres ráfagas, para atemorizarlo.

Tragicómico

En medio del confuso momento, recuerda el periodista, cuando se trasmitía en vivo una intervención del diputado Luis Guanes Gondra, quien estaba con otros legisladores en uno de los corredores frontales del edificio, y al momento que el mismo expresaba convencido sus celebres frases: “son tanques amigos, son fuerzas amigas”, se vino lo impensable. En ese mismo momento,  el tubo del cañón de la tanqueta que se montó a la plaza empieza a levantarse y apunta al edificio. Disparo, estruendo, gritos, Caballero llamando a Estela. El bombazo hace temblar el edificio. Varios de los presentes, en su mayoría civiles, hacen cuerpo a tierra. “Se movió todo el edificio, las vigas son del mismo hierro de las vías de tren, solo por eso no se vino abajo”, cuenta.

“Ahí seguimos la transmisión y en un momento dado se corta, se va la imagen pero sigue el audio”, relata. Quedó congelada en la última imagen, donde se ve a personas cuerpo a tierra, entre ellos, el sindicalista de Acepar Hugo González Chirico. La televisión retorna a la imagen del estudio del noticiero, donde se ve la expresión de preocupación de la conductora Estela Rufinelli, quien trataba de obtener respuesta del periodista, “¿¡qué paso, qué paso?!”. También le llamaban por el radio. “Como yo tenía el retorno de la televisión, yo gritaba y pedía que me pasaran la señal”. Posteriormente se dio cuenta que el camarógrafo desconecto su equipo, siguiendo las órdenes de sus directivos, de cuidar la cámara. “Estaba gritando sin saber que el camarógrafo se fue, pidiendo que me pasen al aire”.

Solo eran músicos

Andrés Caballero. Foto de su página en Facebook.

Andrés Caballero. Foto de su página en Facebook.

Se supo que el tanque habría direccionado el disparo a la parte de arriba del edificio, porque allí se encontraban armados efectivos de la Marina. “Gracias a dios ninguno fue herido, solo cayeron pedazos del edificio”, dice.

Los marinos posteriormente confesaron que no eran combatientes, sino músicos. Los marinos que debían combatir estaban parapetados detrás del parlamento. Ellos debían avanzar, pero no lo hicieron. Incluso hubo intenciones de volar con una bazuca el tanque rebelde, pero no se concretó la orden para el efecto. Los marinos estaban preparados para avanzar hacia la tanqueta y la Comandancia de la Policía.

“Tras el disparo, veo a todo el mundo cuerpo a tierra, incluso a una colega de radio Uno, Carolina Oddone, quien estaba embarazada de 9 meses”, rememora.

En el momento que se dio cuenta que la cámara estaba desconectada, fue en busca de su compañero, y lo encuentra escondido en el baño, donde también estaban refugiados unos policías. Eran los que debían detener a los parlamentarios.

Volvieron, y realizaron tomas de las tanquetas retrocediendo.

Otro momento cómico

Luego del bombardeo, el diputado “Luchi” Guanes, ofuscado porque descubrió que no eran “amigos”, salió con su veintidos’i y le pegó un tiro a la tanqueta. Esto generó la burla entre los presentes y el reclamo de varios de sus colegas, “no le vas a hacer nada con eso!”, le decían.

Encuentro con el atacante

Caballero luego supo que el oficial que condujo la tanqueta y disparó contra el Congreso era un antiguo miembro de seguridad del fallecido presidente Andrés Rodríguez. Lo conocía, y ya habían conversado en varias ocasiones. Un par de años después, con los aires políticos más calmos, lo encuentra casualmente en el Hospital Bautista. Allí, ya sin la ira de aquel mayo, le reclama en tono de broma: – “¡Mba’e pio pea, casi me mataste!”. Y el oficial se excusó: – «Solo era una bala de fogueo, no les iba a hacer nada”.

Caballero dice que tras el Marzo paraguayo habían creído en la derrota del fascismo, pero que el gobierno de González Macchi fue una gran decepción. “Uno pelea por idealismo, hasta que después va viendo muchas cosas que le golpean”.

Respecto a la reciente revelación de Alfredo Jaeggli, quien se dijo ideólogo del golpe junto a otros liberales, y que fue financiado por Aldo Zuccolillo, el periodista aseguró estar sorprendido, ya que la cúpula liberal había apoyado a González Macchi.

El golpe del 2000

En la noche del 18 de mayo de 2000, los militares se movilizaron con vehículos blindados e intentaron tomar el Cuartel de la Policía, en el centro de Asunción. Atracaron el Canal 13 de Televisión y Radio Cardinal, donde hicieron difundir una proclama en nombre del “Movimiento Patriótico Teniente Coronel Fulgencio Yegros”.

Tanques y vehículos blindados se dirigieron hasta al frente de los edificios del Congreso Nacional, donde estaban reunidos varios parlamentarios. Dispararon contra el edificio dañando la fachada.

Luego, el piloto de uno de los tanques se acercó a la guardia de la policía, pidió un teléfono y realizó una llamada, para posteriormente dar la orden de retirarse del lugar.

Sin culpables

Saltaron varios nombres en las investigaciones sobre el golpe, que apuntaban a dirigentes vinculados al oviedismo. Incluso el político liberal Hermes Rafael “Rambo” Saguier confesó en 2008 su implicancia. Sin embargo, nunca hubo procesamiento y el caso terminó en la impunidad.

Bombardeo de la vivienda presidencial

En una comunicación telefónica con Canal 13 de Asunción, el entonces ministro de Defensa Nelson Argaña habló del levantamiento. “El oviedismo explota hábilmente los rumores. Desde que asumí el cargo, todos los días escucho rumores de golpe de Estado.”, había dicho. “Ahora pasó lo mismo. Sabíamos de los rumores sobre un golpe en marcha. Pero como tenemos a los altos mandos de nuestro lado, dejamos que los golpistas actuaran. Ellos esperaban que nosotros bombardeáramos la División de Caballería (donde se inició la insurrección) para que las fuerzas armadas dudaran y el pánico quedara sembrado. Gracias a nuestra prudencia, donde iba a haber muertos sólo hubo heridos.”, indicó. Nelson Argaña relató además otro “trabajo sucio” de los golpistas. “Un avión civil Cessna, al mando de un hermano de Vladimiro Woroniecki (uno de los militares arrestados), tiró bombas y granadas cerca de la residencia presidencial, que no explotaron, para hacerle creer a la fuerza aérea que había cuadros suyos a favor del golpe”, aseguró.

 

 

 

 

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