«La marihuana es menos adictiva que el alcohol y el cigarrillo”

Pocos profesionales de la salud mental de Paraguay conocen tan bien sobre drogas como Barúa Caffaerena, sea desde la experiencia médica o desde los libros. Formado en siquiatría comunitaria en Paraguay y luego en Cuba -donde vivió 5 años-, a su vuelta trabajó como médico de familias por varios años y con mucha intensidad en los bañados de Asunción. El psiquiatra da respuestas profesionales sobre el consumo de la marihuana desde la salud mental, haciendo un repaso desde su ilegalidad hasta la hipótesis de que pudiera ser legal en el Paraguay, uno de los mayores productores de la hierba a nivel mundial. Este análisis lo sitúa además en la política, la economía y la cultura paraguayas.

Barúa Cafferna tiene también un masterado en antropología por la Universidad Católica de Asunción. Fue docente en las facultades de Medicina y Sicología de la Universidad Nacional de Asunción.  Escribió el libro Clinitarias, acompañamientos clínicos en salud mental desde las sensibilidades comunitarias.  Actualmente vive en Montevideo y trabaja en la ejecución de políticas estatales de drogas en Uruguay.

 

-¿Cómo opera el  humo de la marihuana en nuestro cuerpo y qué  reacciones nos genera a nivel síquico?

-La marihuana, según sus efectos predominantes, actúa más como sedante y tranquilizante. Como todo químico puede producir otros efectos (incluso el contrario, hiperactivarnos), pero la tendencia es producir un efecto relajante. Podemos decir que incluso el agua pura puede intoxicarnos.

El uso prolongado y en grandes cantidades puede producir otros efectos.Por ejemplo problemas de concentración, disminución de la iniciativa y el impulso para realizar actividades.Según la psiquiatría dominante los que tienen una disposición genética a la esquizofrenia, el consumo de marihuama de manera prolongada contribuirá a que esta se manifieste.

Una precisión: por lo de “humo”: la marihuana también se absorbe por otras vías a más de la respiratoria, como es el caso de la digestiva.

-¿Qué pasa si fumo marihuana y lo mezclo con otras drogas como el alcohol?

-La mezcla de drogas, en general, suele potenciar los efectos jodidos. Si bien, hay mucha gente que hace experiencias más cuidadas con químicos (sobretodo alucinógenos), la mayoría de las veces el consumo mezclado o policonsumo se realiza con el trasfondo de angustias y malestares importantes. Estas van desde las más existenciales hasta las relacionadas con la desigualdad social. En este punto asocio cuestiones muy presentes en la sociedad paraguaya como la pobreza y su estigmatización, represión, falta de oportunidades. A ello le sumamos el consumismo, discriminación, conservadurismos,  lo que hace que hasta el pequeño consumo tienda a ser mal visto.

– ¿Qué efectos le puede Foto Agustin 1producir consumir marihuana al quien sufre de paranoia, depresión o es proclive a tener brotes sicóticos?

-Dentro del campo de lo psicótico (que es el nombre psiquiátrico de la locura) los efectos están vinculados a la esquizofrenia. Estas tienen más chance de emerger con el uso crónico y en grandes cantidades de marihuana. También tiende a agudizar el rasgo de personalidad paranoide, que está vinculado a la suspicacia y a la desconfianza.

– ¿Podríamos decir que la marihuana es más adictiva que el cigarrillo y el alcohol?

-No. En los intentos de medir con precisión -lo que se ha visto es que la nicotina -un componente central del tabaco- tiene una potencia adictiva elevadísima y el malestar por su falta es enorme. Por cierto, al modelo médico dominante le interesan esas cuestiones de medir y precisar. Pero que lo humano tiene una dimensión que escapa a esto, lo que tiene que ver con lo subjetivo, lo singular, lo complejo, lo contradictorio y lo misterioso.

Por otro lado, la falta (o abstinencia) de alcohol tiene manifestaciones severas iniciando por el temblor a las 5 a 6 horas de no consumir, hasta el llamado “delirium tremens” con alucinaciones visuales y alteraciones cardiovasculares severas. Tanto con la nicotina como con el alcohol, también hacen falta consumos prolongados y en cantidades importantes para que se desarrollen estas manifestaciones.

¿La marihuana produce síndrome de abstinencia?

Está en discusión si produce síndrome de abstinencias. Algunos afirman que sí. Lo que está claro es que sus manifestaciones tienen, comparativamente, menos severidad adictiva que las del alcohol y la nicotina.

Ahora, vale decir que el hecho de que el alcohol y el tabaco sean aceptados socialmente como “normales”, “naturales”, “no drogas” (incluso entre profesionales), esconde o al menos minimiza los tremendos daños que producen en múltiples campos. Estos van desde la accidentes y violencia doméstica hasta problemas neurológicos, cardíacos. Creo que ahí sigue habiendo en nuestra sociedad un fuerte sesgo adultocéntrico (centrado en la autoridad de los adultos), siendo que la la marihuana es consumida por una población eminentemnte juvenil. Partimos desde el que se sigue despreciando por “pendejo”, por “vos no podes hablar si todavía no viviste nada” a todo lo joven y lo adolescente y lo niño.

-¿Qué consecuencias positivas puede traer a la salud pública la legalización de la producción y consumo de la marihuana, como ocurre en Uruguay?

-Creo que el debate de la marihuana pone en tensión varias cuestiones subjetivas centrales.

Una, es nuestra relación con las libertades. Históricamente tenemos procesos de fuerte represión casi no elaborados y con gran vigencia: la colonización y la colonialidad. Esta es la continuidad de los imaginarios coloniales sin que se mantenga la estructura administrativa y militar de la corona española. También está la no saldada herencia de la guerra de la Triple Alianza en la región con nuestros países vecinos Argentina, Uruguay y Brasil, la guerra del Chaco como también el vivir de espaldas con la nación boliviana, la injerencia del gobierno de Estados Unidos, las dictaduras y en particular la stronista con su vigencia dentro de la estructura neo golpista del gobierno actual, lo patriarcal como  asimetría entre varones y mujeres).

Otro punto es nuestra incapacidad de pensar nuestros miedos: se construyen satanizaciones (puto, comunista, guerrillero, marihuanero) que obstruyen la escucha y la posibilidad de reconocer la diferencia.

Otro punto más que creo se tensiona son ciertas construcciones acerca del “ser paraguayo”; desde estas, creo se toma como que lo humano está cristalizado, como estamos eternamente fijos en una foto que se tomó y se sigue repitiendo, pero si hubiera algo que podemos llamar “paraguayidad” sin duda que sería algo heterogéneo, dinámico, complejo e inabarcable como totalidad.

Dicho todo esto, creo que hay un desafío de habilitarnos como protagonistas, como sujetos legítimos, como (aunque tengo ciertos reparos con el término) ciudadanos. Creo que hay una profunda falla ética de fondo que a veces siento coinciden en ambos lados del espectro político ideológico que entiende que “el paraguayo no está preparado”, o por ignorante o por alienado, y desde ahí tampoco estamos “preparados” para “la marihuana”. Desde esa perspectiva, lo paraguayo es entendido como una forma de bestialidad.

Me escaparía de clasificar en “positivo / negativo”; las consecuencias creo que serán complejas y contradictorias, difíciles de abarcar; sin embargo creo que hay algo respecto a la salud (y cuando hablo de salud, seguro que no me refiero solo a hospitales y medicamentos sino a la trama material y simbólica donde construimos vida cada día) que priorizó el querido Tomás Palau cuando citaba como los 4 poderes decisores en Paraguay, a las corporaciones transnacionales (y ahí incluía a la embajada de Estados Unidos), a los latifundistas, a los narcos y a los empresaurios (quienes se dedican a hacer negociados desde cargos en los tres poderes del estado); por cierto aclaraba que hoy, estos grupos están muy mezclados y no es raro que tengan intereses en más de uno de estos cuatro campos.

Retomo: si pudiéramos debilitar alguno de estos 4 campos, en este caso sobre todo el de los narcos, sería un  gran avance sanitario. Si pensás cuánto el poder narco tuvo que ver con los hechos de la historia política más reciente del país (me refiero al golpe de estado del 2012), creo que se dimensiona; solo un ejemplo: impedir que se extiendan los mil pendientes por crear equipos de salud de la familia de la red de Atención Primaria de Salud es sólo uno de los daños sanitarios que este gobierno ha hecho.

-Según el psiquiatra Manuel Fresco, existe el peligro de que la legalización de la marihuana sume nuevos adictos a los ya existentes y de esta forma sean objeto del mercadeo capitalista ¿cuál es tu punto de vista sobre este planteamiento?

-Creo que sin duda ese riesgo existe.

Sobre lo capitalista, creo que las luchas por los cambios sanitarios no se pueden pensar sin sus  dimensiones políticas, culturales, militares, espirituales. Pero acá el listado que seguro es más largo. Y esto no es habitual en la práctica médica en Asunción, sino al contrario, la tendencia es a reducir la discusión y a no problematizar un status quo social que avala que a la desigualdad social hay que responderle con indiferencia y militarizaciones.

Y cuando digo pensar, digo perder privilegios. Ponerle el cuerpo a la redistribución de la riqueza, generar condiciones para que existan concretamente ese montón de artículos muertos de la constitución nacional y  generar condiciones para poder pensar colectivamente los avances que aún faltan. Las luchas contra las lógicas capitalistas requieren una mirada con vocación integral, y lo integral nos incluye a todos.

-¿A quién o quiénes no convendría la legalización del cannabis?

-Sin duda de que los principales beneficiados son los grandes intereses económicos mafiosos que administran el negocio de la ilegalidad de la marihuana, con actores dentro del estado paraguayo, y que hacen parte de una lógica que nítidamente supera a lo paraguayo.

Ahora, el otro sujeto que no es “beneficiado” aunque se vea así, es algo que nombro como racionalidad conservadora; esa que pretende tributar a una perspectiva única y superior de como se hacen las cosas; esa que ve lo “normal” centrado en una forma única y entendida como superior: “varón, adulto, católico, heterosexual, casado con hijos, propietario, universitario, asunceno”.

-¿A quiénes les convendría?

Creo que de alguna manera tiene que ver con poder pensar lo que nos pasa, con poder reconocer públicamente lo que nos pasa sin juzgarnos; como sociedad creo que tenemos tremendas dificultades para pensar juntos cosas; precozmente nos etiquetamos, nos descalificamos.

Ojo, a la vez, tenemos enormes dificultades para construir indignación y rebeldía.

 

 

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.