Esperanza Martínez: maíces transgénicos no cumplían exigencias de Comisión de Bioseguridad

BASE-IS. La exministra de Salud Esperanza Martínez dijo que durante su administración (2008-2012) rechazaron la entrada de varios cultivos de maíz transgénico porque no cumplían con todos los requisitos de la Comisión Nacional de Bioseguridad Agropecuaria (COMBIO)

Esperanza Martínez fue ministra de Salud Pública desde el año 2008 hasta el 2012. Foto: Paraguay.com

Sobre la aprobación del algodón de Monsanto durante el gobierno de Federico Franco dijo que se obviaron los protocolos de rigor previos. Sostuvo que una lucha debe hacerse para exigir que las etiquetas de los alimentos provean información completa sobre sus características.

El Equipo de Comunicación de Base Investigaciones charló con Esperanza Martínez sobre un tema que se empieza a debatir en el gremio médico de Paraguay, mientras en la sociedad ya está más profundizado. Tema complejo, delicado, controversial: el de los transgénicos y sus consecuencias sobre la salud humana. Ayer el gobierno de facto de Federico Franco aprobó comercialmente cuatro cultivos de maíz transgénicos, dos con toxinas incorporadas y dos que funcionan a base de rociados de agrotóxicos. Dos de propiedad de Monsanto, y otros dos de Syngenta y Dow, respectivamente.

Principio precautorio

En la conversación telefónica la extitular de Salud recordó que junto con sus pares de la Secretaría del Ambiente (SEAM) y el del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (SENAVE), sintonizaban a la hora de tomar decisiones en torno a transgénicos. Que siempre se acogían a precautelar a la gente cuando no estaba demostrada la inocuidad de los cultivos transgénicos. Aún más en ocasiones de cultivos que entrarían en la cadena alimentaria.

Sin embargo, señaló que no está en contra del desarrollo de la ciencia, ya que el mismo principio que los transgénicos utilizan las vacunas de las campañas públicas. Aunque el tema de las semillas transgénicas es más complejo, porque “se introduce toxinas dentro de las semillas”, agregó.

“Hay que hacer también una evaluación política de la introducción de las semillas dentro de nuestros países, especialmente por las consecuencias que pueda tener en la economía campesina y las semillas nativas”, dijo, en relación a los controles, oligopolios y monopolios que cometen las grandes corporaciones semilleras.

El ejemplo de El Salvador

Expresó que desde el momento en que los transgénicos están asociados al uso de agrotóxicos, se complejiza el asunto. Dio como ejemplo lo que está pasando en El Salvador, donde las enfermedades renales ligadas a agrotóxicos están cobrando niveles de epidemia nacional y concentrando esfuerzos de las políticas públicas.

“Lo que más preocupa en las semillas transgénicas ligadas a la alimentación es la introducción de los venenos”, resumió.

«Obviaron los protocolos»

Le preguntamos si cree que con el gobierno de Franco se flexibilizó la liberación de estos productos. “Se han obviado los protocolos previos a la habilitación, los elementos de rigor científico antes de las aprobaciones”, dijo en relación con las decisiones oficiales de liberar el algodón Bt-RR por decreto, sin hacer estudios de su impacto. “A los ocho días del golpe ya estaba aprobando la entrada de semillas transgénicas”, reforzó, calificando de “meteórico” ese proceso.

Como varios sectores de la sociedad, Martínez ve que el Estado paraguayo prioriza recursos para investigaciones tendientes a liberar cultivos, antes que investigar las consecuencias posibles de esos cultivos.

Recordó que muchas veces son las propias empresas con interés de lucrar con los cultivos los que financian los estudios y a veces asesoran a instituciones estatales a través de organismos “disfrazados de neutrales”.

“No cumplían los requisitos”

En Francia hay ministros que están poniendo en duda la inocuidad de los cultivos transgénicos -dijo-, luego de acceder a estudios independientes, que no se hacen al influjo del circuito industrial y las empresas del ramo.

Aunque no especificó cuáles, aseguró que ya durante su gestión varios cultivos de maíz genéticamente modificados formaban fila para pedir su aprobación. Y que si no fueron autorizados por su cartera es porque no llegaban a cumplir los puntos que exigía la Comisión Nacional de Bioseguridad Agropecuaria (COMBIO).

“¿Comería usted transgénicos?”

¿Usted comería estos productos transgénicos, recomendaría a su familia?, le soltamos a través del tubo del teléfono. “Yo trato de evitar…”, dijo. Agregó que en su entorno promueve consumir frutas de estación, agua y jugos naturales, aunque por falta de informaciones en las etiquetas, probablemente “estemos comiéndolos a través de las galletitas y las gaseosas” en algunas ocasiones.

Finalmente insistió en que es estratégico pelear por las rotulaciones que incluyan informaciones que puedan hacer decidir a una persona su opción de consumir o no estos alimentos.

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