Ese gol de Olimpia del 79 por la televisión

Fútbol, sociedad, negocios, dictadura. Recuerdos del Olimpia en su primer Libertadores, la Intercontinental, y aquellos tiempos. (Crónica).

Olimpia Campeón de la Libertadores 1979, la vuelta olímpica. Foto: Pasión Libertadores.

Ese gol lo vimos por la televisión de tío Hilario, que funcionaba con un generador chiquitito al que había que darle mucha manija. A la llegada de la televisión a Yataity, un poblado de San Lorenzo ya desaparecido como tal, mi hermano Dionicio dejó la baraja y se instaló por las noches como inquilino seguro en la casa de “material” de tío Hilario. Por las tardes, luego de darle agua al caballo y comida a la vaca, nos reuníamos en torno de la radionovela. Si mal no recuerdo, por esos tiempos estábamos atrapados por la fascinante historia del León de Francia. Mientras que el cuartel se encargaba de “hacer hombres”,  los jugadores tenían la credencial del régimen de tener el pelo al viento, el shorcito ceñido al muslo y la camiseta dibujando el torso. Con los primos mirábamos las figuritas de los jugadores (envoltotorio de los caramelos “Kurtu”, me recuerda el compañero Arístides Ortiz)  y las comparábamos con la imagen en la televisión. “Son igualitos”, nos decíamos complacidos, al ver a Roberto Paredes con su barba, a Ever Hugo Almeida con sus cachetes o a Evaristo Isasi igualito a nuestro kamba de las figuritas. De pronto, nos concentramos en esa pelota ubicada cerca del área del arquero y en el hombre blanco con melena que lo chutaría. Con mi primo Venancio nos dimos cuenta de que no teníamos la figurita de Miguel Ángel Piazza, uruguayo, cosa que aumentó exponencialmente nuestra atención en el tiro libre. También, de repente, nos percatamos de que el arquero de Boca Juniors tenía una vincha, al igual que el tenista Guillermo Vilas, a quien lo ficharíamos un tiempo después de que también la televisión nos mostrara a Víctor Manuel Pecchi en la final del Roland Garros (1979). Un metro antes de llegar al arco, esa pelota rebotó en el suelo y, evitando las piernas delgadas de Hugo Gati, se internó en el arco. Era el 2-0 para Olimpia, en el Defensores del Chaco, frente a Boca Juniors que venía de haber ganado la edición anterior de la Copa. Del partido en la Bombonera, no me queda nada. Seguramente porque un cero a cero es para el olvido o porque no lo vi o por ambas cosas que para esta humilde crónica da lo mismo. Tiempo después me daría cuenta que tanto ese Olimpia campeón de la Libertadores como esa selección paraguaya que ganara la copa América el mismo año representaban el modelo popular de juego en los poblados y en las campiñas. Que Venancio, mi primo, era el Roberto Paredes de nuestro equipo, el que manejaba la zona central de la defensa, salía jugando y redestribuía la pelota. Que Primitivo era Hugo Ricardo Talavera, guardaba la pelota, gambeteaba cortito y lanzaba al vacío para que los veloces corredores (wines) intentaran el centro en busca de esa cabeza precisa, frontal, o para la incursión abrupta de los delanteros laterales. Y que la escuela uruguaya, de la mano de Cubilla, le había reforzado como función inapelable a un par de mediocampistas cortar la incursión del equipo rival a como dé lugar. En el Olimpia del 79 esa función recayó en el locuaz Carlos Kiese y en el muy eficiente Jorge Guasch. Artemio Villanueva lo describía así: “En un equipo lleno de estrellas, el volante tapón Guasch daba inicio a una larga carrera. Marcando, haciendo el relevo y debiendo entrar fuerte cuando era necesario. El temor de los delanteros hacia el volante era parte del juego”.

La emergencia de Domínguez Dibb

Osvaldo Domíguez Dibb, al centro, con el equipo de Olimpia campeón de la Libertadores. Foto: Pasión Libertadores.

Un año antes, irrumpió la titularidad del club un hombre enérgico, procaz, camisa desprendida, cadena de oro al cuello, carretones en los dedos y muchos billetes en el bolsillo: Osvaldo Domínguez Dibb. En el reparto de los negocios, Domínguez Dibb era un adelantado de triangulación de cigarrillos: esto de traer los insumos de Brasil, empaquetarlos acá y reenviar al mercado brasilero de contrabando. Un negocio “simpático” de renta importante que ahora Domínguez Dibb “comparte” con otros adelantados, muy adelantos ya, como Horacio Cartes.

Así como Osvaldo (hermano de Humberto, casado con una de las hijas de Alfredo Stroessner), era un beneficiado con el negocio de cigarrillos de triangulación, la familia Napout (Juan Angel es el actual titular de la Asociación Paraguay de Futbol) lo era con los cigarrillos importados de marcas norteamericanas. La empresa Gloria S.A. inundaba el mercado de productos norteamericanos, que, en su buena parte también terminaban en ciudades importantes de Brasil y Argentina, aprovechándose el alto arancel establecido en esos países para la importación. El acompañamiento de la familia Napout a través de uno de los hermanos a la carrera de Víctor Pecchi sería sumamente importante para sostener a este buenísimo jugador de tenis en los circuitos internacionales.

En 1979, la dictadura de Alfredo Stroessner disfrutaba de un esplendor extraordinario. Ya se había matado la insurgencia principalmente rural (Fulna, Movimiento 14 de Mayo), se había desarticulado las Ligas Agrarias Cristianas y emergía una casta con un poder económico poderoso sostenida básicamente en los negocios de reexportación: traer todo de afuera, dejar algo acá y el resto meter a los enormes mercados vecinos. Con la persecución de las familias rurales y el reparto de millones de hectáreas de tierras públicas a los amigos del régimen y a los terratenientes brasileros (más de siete millones de acuerdo a la Comisión Verdad y Justicia), vastos territorios ingresaban al caudal de la ganadería extensiva, dejándose el algodón como el rubro de renta de la agricultura familiar, sin tecnología y sin capital más que para los acopiadores y agroexportadores.

Un poco de detalles

En ese tiempo, en la Argentina ya habían desaparecido a miles de personas, en tanto que la radio no se cansaba de repetir “la felicidad, ja, ja, ja” de Palito Ortiga, Topo Giggio quería ser “como mi papá”, Pink Floyd lanzaba en Inglaterra y EE.UU. The Wall y  el narcotráfico clavaba sus pies en este paisito con la protección del Ejército paraguayo a cargo entonces del General Andrés Rodríguez. Cerca de su cuartel general, la Caballería de Campo Grande, se construiría el estadio de Cerro Corá, que luego seguiría recibiendo el mecenazgo del sucesor de Rodríguez en el Ejército, y por lo tanto en los negocios del mismo, Lino César Oviedo. Cigarrillos, cocaína, autos, whiskies y electrónica, la construcción de Itaipú Binancional y la extensión de la ganadería en latifundios dispararían la envergadura de los capitales en nuestro país a estadios nunca vistos. Nacerían como hongos las financieras y  bancos para sostener este movimiento infernal de capitales rápidos, de comprar y revender, creándose, a la sazón, un Estado, con su banco central, su banco de fomento, su Hacienda, su Aduanas, para sostener esta forma de acumulación económica que hasta el presente, aún en volúmenes superiores, domina la economía paraguaya.

Olimpia enfrentando al Malmo de Suecia, por la Intercontinental. Foto: La Redo.

La Intercontinental y otras imágenes

El Olimpia del 79 se consagraría campeón de la copa Intercontinental en el 80, frente al subcampeón europeo Malmö, al abdicar Nottingham, de Inglaterra -emulando a otros equipos europeos-, de jugar aquella final por razones hasta ahora muy poco esclarecidas. Nottingham terminaría luego en el entramado de las ligas de ascenso. En el partido en Suecia, mi jugador predilecto, Evaristo Isasi, un tremendo win, declararía la superioridad de Olimpia. Ese mismo año, la selección paraguaya se alzaría con la Copa América en Argentina, jugando contra Chile en la final, coronando una década de jugadores maravillosos.

Poco tiempo después, el Canal 9 nos mostraría el desafío a duelo entre Humberto Domínguez Dibb (HDD) y Oscar Zacarías Cubilla, dueño de Librerías el Colegio, en el Parque Caballero. Ahí vimos, aunque ahora la memoria lo registre muy confusamente, al mítico nuero de Alfredo Stroessner, HDD en un coche descapotable y un impecable traje blanco. Era la primera vez que con los primos asistiríamos a un duelo con pistolas y, de japa, televisado. Pero a Zacarías ya se lo ve con un policía que lo viene atajando y bueno, “qué mierda, puro show, otra vez será”.

Con la precaria televisión, sin redes de energía eléctrica, con campos desalambrados, chacras abiertas, cocos y frutas por los senderos al arroyo, a la escuela, los clubes de Asunción no disparaban la pasión de hoy (qué tremendo se ha vuelto esto) como sí lo hacían los equipos de las ligas, en nuestro caso de Capiatá y San Lorenzo, los domingos. Asistir a un clásico capiateño de la Ruta 1 como  Olimpia de Posta Ybycua y 29 de Setiembre, de Posta Yybyraro, era un escenario frugal en las diatribas contra los réferes y en el recogimiento de las faldas de las mujeres que por las madrugadas traían al Mercado Cuatro sus hierbas y hortalizas, mientras otras recorrían las cuadras de Asunción con las verduras y frutas para los “patrones” de la ciudad. Eran jefas de hogar como mi madre y la mayoría de sus primas y, como tales: fuertes, ampulosas, determinantes y casi siempre inapelables en la crianza de sus hijos.

Olimpia comandaría todos los campeonatos locales próximos, dejando en el recuerdo las muchas glorias cerristas de principios de los 70. Yo, que debía cortarme el pelo necesariamente por ser “hombre”, andaba maravillado con el pelo largo de Aldo Florentín, aunque mi hermano mayor, Alfonso, era admirador de Saturnino Arrúa. “O jugakuaiterei ko pe tipo che hermano. Che aechama chupe”, me dijo un domingo de sol pleno, en tanto que yo, en mi imaginación, comparaba a  Arrúa con Papini, el ídolo mediocampista de Olimpia de Posta Ybycua.

Eran, claro está, otros tiempos, otros volúmenes, otros capitales. Como un dato contextual de los montos de transferencia de jugadores de la época, el portal clubcerro.com nos cuenta “que con las transferencias de los jugadores Juan Manuel Bataglia en 150.000 dólares y Gerardo González, en la suma de 60.000 dólares, hechos registrados en enero de 1.979, ingresa al Club una buena cantidad de la divisa fuerte, con lo cual la entidad afrontara nuevos compromisos en pos de su ascendente marcha”.

De esa época a esta hay un largo recorrido y han ocurrido cambios extraordinarios en nuestra sociedad. Olimpia ha llegado a siete finales de la Copa Libertadores, ODD intentó la presidencia de la República a través de las internas del Partido Colorado de 2002, gastando seis millones de dólares, según él mismo lo asumiera, y en agosto asume la presidencia alguien que lo desplazó del centro de la venta los cigarrillos, entre otros negocios, Horacio Cartes. Bueno, se ha vuelto un poco largo esto. Así que es probable que haya una segunda parte.


Olimpia Campeón de la Libertadores, 1979


Campeón Intercontinental

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