Escuela República del Paraguay

Desde Buenos Aires. Breve crónica de los comicios electorales paraguayos llevados a cabo en un instituto de educación primaria en Buenos Aires.

Foto: Ever Román.

Foto: Ever Román.

15hs. En la entrada se apretujan los votantes, no puede saberse si esperan entrar o ya salieron, en todo caso ahí están, conversando en jopará, intercalando siseos porteños con palabras guaraníes. Los tipos llevan zapatos recién lustrados, o directamente nuevos, las mujeres botas, tacos o sandalias. Se lucen, con lo que suele decirse sus ropas de domingo, y se agachan presurosos sobre las tres mesas de informes puestas en la entrada de la escuela. Rápidamente pasan las hojas con las listas de nombres y números y despachan a los que consultan a la mesa que les corresponde. Dos cámaras de televisión apuntan por todas partes, como al azar. Los reporteros despliegan apurados su guion preestablecido, entrevistando alguna vieja desprevenida o algún inspector de mesas. En los pasillos, la gente se apretuja. En calma y en silencio, resignados, como sin expectativas, la gente forma largas y retorcidas filas frente a las aulas donde están las urnas. En el patio, las caras se muestran despreocupadas, casi indiferentes. Los veedores caminan de aquí para allá, como si no tuvieran nada que hacer. Decenas de niños corren o permanecen sentados en el suelo, jugando o fingiendo jugar, al lado de sus aburridos parientes, padres, hermanos mayores, tías, que cabecean con los ojos semicerrados. Todo el mundo está hablando, o por lo menos balbucea. Se pronuncian sobre el clima, problemas de dinero, chismes, gruñen, mascullan. El murmullo mantiene una densidad constante y el volumen alto, aturde, atonta. En las mesas electorales, los contralores realizan sus tareas concentrados y burocráticos. Nadie parece tomarse en serio estas elecciones. No se ven expectativas en ninguna parte. Ni esperanza ni decepción. Esto se parece más a un camping que a una elecciones nacionales. ¡Así que esto es el civismo! Desapasionamiento absoluto. Urbanismo, rutina. De repente, gritos: “¡Queremos votar, estamos desde las siete!” Aplausos, abucheos. Quilombo en una mesa. “¡Hay una chica que no tiene experiencia y retrasa todo!”, dicen en la fila. Aparece un joven de traje gris y brillante corbata azul. Pregunta qué pasa. Le explican que la presidenta de mesa es torpe. El liberal finge mirar pero rápidamente se retira. No parece querer líos, no le interesa nada de eso. Minucias. En su camino se cruza con otros vestidos igual, se abrazan, ríen. Se acercan dos mujeres con ambos azules, cuyas inscripciones indican que son de la Junta Electoral. También preguntan qué pasó pero pronto se retiran. Ya nadie grita, la fila comienza a avanzar. Todo vuelve a la normalidad, pero la tensión se manifiesta en los gestos y las caras. Ya son las 17 horas. Encienden cigarrillos, cuchichean con el vecino. Las chicas de ambo azul recorren otras mesas y pierden completamente el interés y terminan recostadas contra una pared,

Foto: Ever Román.

contándose alguna cosa. Gritan de nuevo pidiendo que las filas avancen. Se acercan un par de hombres de traje, pero sin corbata. Fisgonean y se van enseguida. En el fondo, a nadie parece importarle lo que pasa en las urnas. “Esos tipos son colorados”, dice una mujer, señalando a los de traje sin corbata.  Luego agrega: “En la calle están los colectivos de Cartes, que trajeron gente”. Salgo corriendo a la calle, en busca de la foto. Colectivos de la empresa Crucero del Norte estacionados a una cuadra de la escuela. Son enormes, imposibles de disimular. Son colectivos de lujo, coche-cama, que viajan por todo el Mercosur. Hoy, sin embargo, transportan gente del conurbano bonaerense hasta aquí, gratis. También veo otros vehículos: colectivos de línea, minibuses, camionetas. Los choferes tensos ante el volante. Está atardeciendo y en las caras se nota la preocupación por los resultados. Se forman grupitos, tertulias. La boca de urna, el chisme, celebra el triunfo de Cartes, o se deprime. No hay gritos ni protestas, solo una tristeza general. Sin embargo, dicen que en San Justo ganó el Frente Guasú la senaduría. Un soplito de esperanza. Algo, entre tanta mierda y resignación.

Foto: Ever Román.

Comentarios

Publicá tu comentario