Esclavitud moderna

El caso Daniel Solano y el sometimiento de los guaraníes de Rio Negro por parte de las empresas del agro en Argentina.

Daniel Solano.

Daniel Solano.

Daniel Solano vivía en la Misión Cherenta, en Tartagal, Argentina, vecino de otros 3.000 guaraníes que deambulan sus días en la ausencia de empleo, para quienes el trabajo golondrina suele ser la única y tenue esperanza a la que asirse cada mañana de cada año.

Hay indudablemente un entramado profundo que desnuda la médula del trabajo golondrina. “La cadena de complicidades incluye a empresarios, intermediarios, sindicatos y al Estado”, afirma Guillermo Neiman, investigador agrario de la Flacso, cuando analiza la estructura íntima de la explotación rural.

Una cadena que sigue acoplando engranajes y aceitando sus eslabones en cada nuevo micro cargado de trabajadores extorsionados en la sumisión, a sabiendas de que una larga fila de desarrapados los podrá reemplazar ante el menor gritito tenue en medio del silencio.

Daniel era uno más, en esa mayoría de olvidados. Llevaba en la sangre la pertenencia indisoluble a la etnia guaraní, y ahora se le extraña en el Sportivo Guaraní, donde la hinchada viva su nombre y grita su ausencia en la segunda fase de un certamen de la Asociación del Fútbol Argentino. Es el primer equipo indígena de la historia que llega a esa instancia, pero él no pudo saberlo.

Buscaba un lugar en el mundo y, como tantos en los arrabales de esa patria olvidada, viajó hasta Choele Choel, a ganarse unos cuantos pesos en la cosecha de la manzana.

Más de un día y medio en el traqueteo del colectivo desgastado, junto a otros 60 guaraníes y, a medio camino de 2.000 kilómetros, los bajaron del micro y les hicieron llenar y firmar un simulacro de contrato en el que se aseguraba que ante el menor “conflicto” con la policía o la justicia, la empresa los echaría sin miramientos.

La historia de Daniel pincela a borbotones la crónica rancia y oscura de este sistema económico-social, engullidor cruel de sueños, velados y rotos. Había nacido el 02 de noviembre de 1984. Único varón en una familia de seis hijos. La mamá Dorila, murió cuando Daniel tenía apenas 14 años.

Cuentan que, en cada zafra, un puntero del lugar es contratado para promover el trabajo en las cosechas, hablando por una FM del lugar, para difundir las bondades de la propuesta de “trabajo duro pero de buena paga”.

Ya Daniel había viajado el año anterior. El 10 de octubre llegó por última vez a Choele Choel y se hospedó en gamelas, como todo el resto. Sabía que en esta ocasión debería trabajar en el raleo de la manzana. Ir quitando a mano el exceso de frutas para equilibrar la maduración y mejorar la cosecha.

Una de las manifestaciones de la comunidad guaraní de Tartagal exigiendo justicia para Daniel Solano.

Una de las manifestaciones de la comunidad guaraní de Tartagal exigiendo justicia para Daniel Solano.

Cuando el 28 fue a cobrar su primer sueldo, se encontró con que apenas se le pagaban 800 de los 3000 prometidos. Hizo lo que no se debía hacer: reclamar y hacer oír la voz suele ser un peligro de efectos colectivos y eso no se debe permitir.

Daniel tenía lo que pocos tienen: un título secundario de la escuela técnica OEA, de Tartagal. Hay quienes dicen que le ofrecieron entonces el rol de puntero, pero que él no quiso.

El 4 de octubre compró un teléfono celular, le escribió a su novia “te extraño, mi amor” y le pidió que le cargara 10 pesos de crédito. Sus últimas huellas se diluyen en el boliche Macuba, algunas horas más tarde y un par de días después, una patrulla de buzos buscaba su cuerpo con perros rastreadores.

La misma búsqueda en los mismos exactos lugares en que lo había buscado, a poco de su desaparición, la policía comandada por uno de los ahora 22 imputados en la causa de su desaparición.

Walberto Solano, piel salteña y guaraní, papá de Daniel, después de diez días en huelga de hambre en Río Negro, fue internado en terapia intensiva con signos de hipotermia. No puede aceptar, sin protestar, la desaparición de su hijo, tras trabajar “de sol a sol”, el común denominador para los trabajadores rurales que sobreviven en condiciones de semiesclavitud.

Taperas, gamelas, carpas plásticas suelen ser el refugio en las noches para un trabajo dolorosamente duro. Hacinados en camiones, amontonados en colectivos añejos, son llevados desde una tierra de hondas pobrezas hacia oasis de cultivo donde las promesas mutan en decepción.

En Río negro las denuncias suelen multiplicarse año tras año como epidemia imparable. Como aquel enero de 2010 en que encontraron a cientos de trabajadores hacinados en un galpón de la misma ciudad, donde en octubre de 2011 se hospedaba Daniel Solano.

“Les habían ofrecido 81 pesos por día y vivienda. En cambio le daban 30 pesos y un tinglado superpoblado. La mitad de los trabajadores dormía sobre el piso. Si alguien reclamaba, en el predio había policías de la provincia que amenazaban con reprimir”, escribió Darío Aranda en Página 12.

La cosecha del ajo y la uva, en Cuyo; de la manzana y la fruta fina en el Valle Medio y Alto, de la oliva, en Catamarca y La Rioja; del arándano, en Entre Ríos, multiplican esa práctica ancestral de esa explotación sostenida, que forja riquezas a fuerza de silencios y complicidades.

Todo indica que Daniel ha sido víctima del ahora disuelto y temible grupo antimotines Bora, de la policía rionegrina, que ejercía de guardia privada de la empresa Expofrut Univeg SA en sus instalaciones frutículas de Lamarque, firma que sostiene el eslogan de «estricto cumplimiento de estándares de calidad y buenas prácticas» mientras mantiene en la semiesclavitud a miles y miles de trabajadores golondrinas.

Daniel Solano ya no está. Desapareció aquella madrugada del 5 de noviembre de 2011 a poco de haber levantado su voz contra la contratista Agro Cosecha que lo llevó a trabajar para Expofrut. Hay 22 policías imputados por presunto encubrimiento, empresarios sospechados, dirigentes políticos y gremiales que callaron o asintieron.

 

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.