¿Es superior el “delito” de homosexualidad que el abuso de menores y otras violaciones?

El escritor Blas Brítez nos trae una mirada sobre el escándalo mediático en la Iglesia entre Pastor Cuquejo y Rogelio Livieres Plano. De esta olla, que muchos temen destapar, Brítez interpela a los católicos a preguntarse qué “delito” es superior: el abuso, las violaciones o la homosexualidad.

Rogelio Livieres Plano, jefe de la Diócesis de Ciudad del Este.

Rogelio Livieres Plano, jefe de la Diócesis de Ciudad del Este.

Monseñor Pastor Cuquejo no es ningún «santo», por supuesto. Afiliado a la masonería -como solía contarme un conocedor de la misma, Chester Swann, allá por el año 2000, en los tiempos en que escribía su novela sobre las Ligas Agrarias Cristianas, «Sangre insurgente en los surcos»-, desde allí estuvo siempre en contacto con todos los bandos del poder político y económico paraguayo. Superior «redentorista» en los 60, nunca se investigó profundamente su responsabilidad en la represión a las Ligas Agrarias en los años 70 (como no se ha investigado a fondo el papel de la Iglesia como cómplice de la dictadura), a las que se oponía con su consuetudinario conservadurismo.

Como bien lo recuerda en la redes sociales el activista paraguayo Gustavo Zaracho, además “Cuquejo sucedió en la capellanía castrense a Ramón Mayans, sacerdote redentorista, confesor e íntimo amigo de Alfredo Stroessner. Mayans fue acusado por la Dra. Gladys Meilinger de Sanneman en su libro «Paraguay y el Operativo Cóndor» de extraer confesiones de presos políticos torturados, cumpliendo el rol de un interrogador más”.

Repito, Cuquejo no es ningún «santo». Pero que ante las acusaciones hechas a Rogelio Livieres Plano de ser encubridor de un cura denunciado por pedofilia -además de encubrir a otro que está buscado en la Argentina por crímenes de lesa humanidad- éste «se defienda» acusando a aquél de «homosexual», como equiparando el nivel de sus «pecados», es demostrativo del concepto que tiene el poder eclesial sobre la homosexualidad: para ellos, «ser puto» es aún más grave que el delito de encubrir violadores seriales de niños y violadores de derechos humanos.

Pastor Cuquejo, arzobispo de Asunción. Fuente: Paraguay.com

Pastor Cuquejo, arzobispo de Asunción. Fuente: Paraguay.com

Cuquejo no tiene -mal que le pese a Livieres Plano- por qué responder sobre su sexualidad. No es ningún delito para ninguna ley paraguaya la práctica libre y responsable de la misma. Pero sí lo es, hasta donde sé, para las reglas de la iglesia de la que forma parte. Con lo que sin querer ambos prelados, en su particular «teleshow» mediático, nos brindan un caso perfecto de diferenciación de jurisdicciones en el juzgamiento del comportamiento sexual de las personas: si el católico promedio así lo desea, puede condenar la supuesta homosexualidad del arzobispo de Asunción, pedir que se lo aparte de la actividad sacerdotal, hacerlo así como respetuoso cristiano dogmático; como ciudadano de la República del Paraguay, no tiene forma de sancionarlo, de discriminarlo. A Livieres Plano, sin embargo, como católico tanto como ciudadano del Paraguay, uno debería pedir su investigación por la posible falta a la ética cristiana, así como por la supuesta comisión del hecho punible de encubrimiento de un delito. Pero apuesto que el católico promedio no se animará a acusar ni a Cuquejo ni a Livieres Plano: molesta más el puto no católico y los criminales «ajenos» que los de la propia casa.

 

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