Entrevista al guionista de “Pólvora y Polvo”

Javier Viveros además de ser ingeniero en informática, es escritor de cuentos y poesías. Su último proyecto es como guionista de los fascículos “Pólvora y Polvo” sobre la Guerra del Chaco, para un medio local.

Imagen del diario Ultima Hora

Javier Viveros, escritor nacional, ha publicado los siguientes libros: Urbano, demasiado urbano (cuentos), Manual de esgrima para elefantes (cuentos), En una baldosa (haikus), Mensajeamena (poemas), La luz marchita (cuentos), Ingenierías del Insomnio (cuentos), Dulce y doliente ayer (poesías), Panambi Ku’i (poemas en guaraní), Ñe’ënga Jarýi (ñe’ëngas). Además ha participado como letrista del proyecto musical Mborayhu Ñandutimíme que en diciembre pasado ha lanzado dos discos compactos. En esta entrevista hablamos sobre su último proyecto como guionista de la historieta “Pólvora y Polvo”.

 – Javier, sos ingeniero en informática, escritor de poesía y cuentos, participaste como letrista en el proyecto musical «Mborayhu Ñandutimíme» y ahora sos guionista de la historieta bélica «Pólvora y Polvo», ¿cómo fue para que te metieras a hacer el guión de esta historieta?

Si te ponés a pensar en ello, todo lo mencionado tiene que ver con la escritura. El factor  común de todo es la escritura; aun en el caso de la informática (cuando se trata de escritura de código).

Como escritor, no temo encarar ningún proyecto que involucre a la escritura. Ya se trate de narrativa, poesía, canciones, teatro o  guiones. Busco darle versatilidad a la pluma. Escribir siempre en el mismo género es, seguramente, de un aburrimiento espantoso y letal.

Mi objetivo inicial era redactar un libro de cuentos sobre la Guerra del Chaco, escribí solo dos de ellos y luego quise explorar el arte historietístico. Tuve la fortuna de que Enzo Pertile y Juan Moreno, artistas de talento inconmensurable, estuvieran interesados en dibujar estos que son cronológicamente mis primeros guiones.

 -¿Estudiaste mucho la Guerra del Chaco para hacer estos guiones? ¿Cuánto tiempo te demandó?

Sí, leí numerosos libros sobre el tema, tanto paraguayos como bolivianos, en digital y en papel. Recorrí las librerías y compré muchos materiales que ya no volvieron a mecerse en los brazos de la imprenta. Desde el 2011 estoy metido en el tema, pero no exclusivamente, porque hay muchos otros temas que ocupan mi atención.

– Me decías también que recopilaste anécdotas de gente cuyos antepasados estuvieron en la guerra: ¿cómo fue este trabajo? ¿cuántas entrevistas llevaste a cabo?

Efectivamente, pregunté a las personas de mi entorno. Quien más, quien menos, tiene o tuvo un padre o un abuelo que participó en la guerra. No fueron entrevistas formales o grabadas, fueron simples preguntas acerca de anécdotas que hubieran oído de boca de sus antepasados. En una buena anécdota puede estar el germen para un guión, una semilla que luego se hace crecer bajo la lluvia mansa de la ficción.

– ¿Cómo trabajas tus guiones? ¿Cómo elegís los acontecimientos que vas a guionar teniendo en cuenta que 16 fascículos es muy poco para abarcar toda la Guerra del Chaco?

Es como cuando escribirás un cuento. Un argumento que para vos es válido puede no decirle nada a otro escritor. Y viceversa. Posé la lupa en episodios históricos que me llamaban la atención o en anécdotas a las que pudiera sacarle provecho estético. Pero también inventé mucho, hay episodios completamente ficticios.

Escribí más de 30 guiones, de los cuales se han dibujado 16, porque el dibujo demanda más tiempo que la elaboración del guión. La Guerra del Chaco es una cantera inagotable.

– ¿Cuáles son los episodios en los cuales encontraste más dificultades para redactar el guión? ¿Por qué?

Los más complejos fueron los guiones históricos que involucran aeronaves o barcos, porque requerían la sumersión en un mundo que me resulta desconocido.

Hay que saber el tipo de avión utilizado, qué clase de bombas llevaba, qué posibilidades de maniobrabilidad tenía. Por ejemplo, para el episodio sobre el legendario primer bombardeo nocturno a los fortines Vitriones y Quijarro consulté con un especialista en el tema aeronáutico y fui a sacarle fotografías al motor del hidroavión Macchi M18 R5 que todavía está guardado en un hangar de Sajonia.

Lo mismo sucede con los buques de guerra, no basta con saber qué armamento llevaban o de qué estaban hechos. Es preciso saber el calibre de sus cañones o de sus ametralladoras antiaéreas, cuántos grados podían rotar, etc.

Porque en un cuento podés decir «los cañones antiaéreos derribaron al avión boliviano». Pero en la historieta tenés que mostrar eso, y si dibujás un avión que Bolivia no tenía en esa época o dibujás un cañón de un calibre que el buque en cuestión no portaba, sería un error.

Quizá la mayoría no va a detectarlo, pero alguien que conoce del tema enseguida se va a dar cuenta y considerará inválida o coja a esa historieta: un precio alto por la falta de investigación.

– ¿Cuál es el episodio que te gustó más?

Me gusta mucho cómo quedaron «La (des)aparición», que dibujó Juan y «Bajo la línea enemiga», ilustrada por Enzo.

– ¿Cómo te sentís en el género del guión para historietas?

Muy a gusto. El noveno arte tiene sus delicias. Es un matrimonio entre la literatura y la pintura. Me ayudó en gran manera mi experiencia como cuentista. Me obligó además a pensar en imágenes, a estructurar mi relato pensando en las imágenes, a encarar una descripción profunda de cada viñeta.

¿Qué otro proyecto tenés luego de estos guiones para «Pólvora y Polvo»?

Quisiera -más temprano que tarde- terminar mi libro de cuentos bélicos.

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