Entre la encrucijada del cambio o la inacción

Universidad Nacional de Asunción.

Antonio Rodríguez y Froilán Peralta. Este último se hizo con el rectorado. Foto: Radio 1000.

Antonio Rodríguez y Froilán Peralta. Este último se hizo con el rectorado de la UNA. Foto: Radio 1000.

Con amplia difusión mediática y en medio de duras críticas, fue electo el nuevo rector de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).  Tal vez el problema no haya estado centralizado sólo en los dos candidatos, quienes finalmente proceden del mismo sector partidario y representan – en cualquiera de los casos- la continuidad de un modelo educativo cuestionado desde hace tiempo, fundamentalmente por no haber iniciado nunca un proceso de saneamiento y democratización de su estructura. En todo caso, la diferencia entre quienes disputaron el cargo estuvo en el hecho de que uno de ellos contaba con un padrino político de peso y aseguró tener mayoría casi absoluta en la conformación del tribunal electoral y el otro, no.

Significativos fueron  los síntomas de reacción de los docentes y estudiantes de la UNA frente a uno de los tantos atropellos que históricamente han demostrado los partidos políticos tradicionales en la universidad, como es la injerencia. Lamentablemente, los gremios, no lograron llegar organizados con candidatos y propuestas que planteen un cambio más real.

Mientras tanto, el partido colorado, con esta victoria, mantiene casi intacta la estructura de poder –arrastrada desde tiempos de la dictadura- con la mayoría de los decanatos de las 12 facultades de la UNA y por supuesto, el rectorado.

¿Qué importa si cargan sobre sí con una larga lista de denuncias acercadas, en estos 25 años de democracia, por los sectores estudiantiles, que trascendieron -en distintos momentos- con denuncias sobre prácticas prebendarías de las autoridades, corrupción, partidización y la advertencia en el descuido de los planes académicos, los proyectos de investigación científica y el pedido de mejoramiento de la calidad docente? Denuncias que, por cierto, recibieron por respuesta silencios rotundos, represiones violentas y persecución a dirigentes estudiantiles.

Hoy sigue pendiente retomar lo que desde algunos sectores estudiantiles se logró levantar como consigna -tiempo atrás- sobre la educación pública, gratuita y de calidad; y el engranaje que esto supone en el compromiso de cada estudiante de acompañar el mejoramiento de las condiciones sociales de un país.

También sobre las prácticas antidemocráticas que coronan a este nuevo rector y sobre todo porque se mantiene una educación verticalista, divorciada de un proyecto de país, donde los estudiantes se reciben estudiando de fotocopias, sin experiencias reales de extensión universitaria, estimulados por el individualismo y  desconectados de la realidad como si no existiera vínculo entre la educación y la construcción de un país más justo, solidario y equitativo.

Con este nuevo rumbo para la educación superior, se garantiza el cobarde vitaliciado del sectarismo partidario que nunca salió de la UNA y con un rector que se mantuvo por más de dos décadas en el cargo de decano de la Facultad de Veterinaria, situaciones que ponen en evidencia que si no hay organización de todos los sectores: estudiantiles, docentes y egresados no docentes, y sociedad civil, se mantendrá a la educación universitaria entre la encrucijada del cambio o la inacción.

 

Manifestación estudiantil contra la injerencia político partidaria en la UNA. Ayer. Foto: Cigarrapy.

Manifestación estudiantil contra la injerencia político partidaria en la UNA. Ayer. Foto: Cigarrapy.

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