Enrique Careaga: el propulsor de viajes cósmicos infinitos

(Opinión de Gustavo Rodríguez Jara) Homenaje al desaparecido artística plástico paraguayo. 

Pintura  de Enrique Creaga. Fuente: Portal guarani

Pintura de Enrique Creaga. Fuente: Portal guarani

Cierta vez dijo Jimmy Hendrix que el día que escuchó a Muddy Waters, el gran blusero norteamericano, sintió miedo. Esa fue mi reacción cuando vi por primera vez una obra de Enrique Careaga. El encuentro con la línea más pura con la cual me había tropezado en mi vida, me dio miedo, ver esas perspectivas sin fin y colores que me llevaron hacia el exilio de nuestra realidad, en un viaje hacia el infinito. Miedo significó también respeto, y eso está bueno, haber tenido un norte adonde poder mirar. Esto empuja al oficio de ser mejor cada día, pero también implica ser mejores personas.

Es difícil resumir la obra de Enrique y no creo ser el más apto para esto, pero aún así asumo la insolencia y lo hago con mucho respeto.

Cierta vez me dijo tácitamente el maestro, cuando le pedí si podía presentar una de mis últimas muestras,  “no me gusta hablar de la obra de otros artistas”; me di por satisfecho y respeté su decisión.

Careaga asume su delicado trazo con un viaje al infinito, algo así como lo hizo Pink Floyd en la Inglaterra de los sesenta. Psicodélia de la pintura le llamaría yo.  El arte pictórico es algo que carece de sonido, pero si uno mira una obra detenidamente –y sobretodo la de Careaga- notará que se transforma en una sinfonía de color mezclada con la mejor música del interior de uno mismo. Más aún en la obra de Enrique, en la que el cientismo irrumpe en todo el espacio expuesto y termina devorando al espectador como lo hace un agujero negro. Si bien la perspectiva domina la escena pictórica en su obra, los colores y la luz logran una composición que asusta.

Chiqui Avalos me dijo hace un par de noches: “Mientras nosotros pintábamos con crayolas, él ya pintaba en serio”. Careaga fue el pintor más internacional que tuvimos. Cecilio Báez solía decir que en este país nadie pierde ni gana prestigio. Lamentablemente es así, muy pocos supieron darle a Enrique el lugar que le correspondía –el tampoco lo reclamaba, no le interesaba.  Su línea de trabajo estaba por sobre cualquier intento de fama mediática.

Hace muchos años un amigo me dijo que la obra de Careaga era pura trigonometría. Eso me asustó un poco, pues para las matemáticas tengo escaso talento. Entonces me dije: estoy perdido, tendré que esforzarme el doble para lograr acercarme a un ángulo de su obra. Lo bueno del tiempo es la búsqueda y el estudio, la constancia; esto nos enseñó Enrique, a trabajar sin descanso y avanzar, solo avanzar. Una escuela del ejemplo y buen gusto, cada obra suya era una joya y algunas con más brillo que otras y la siguiente te dejaba sin aliento. A Pink Floyd solo le faltó hacer una tapa con su obra, sus viajes infinitos nos hacían literalmente volar, cruzar dimensiones de universos imperceptibles al tacto visual, pero si uno se atrevía podía fácilmente despertarse al otro día.

La obra de Careaga fue mi primer encuentro con el color, mi primer encuentro con la forma prolija, exquisita y exacta. No era nada que se pareciera al resto del arte paraguayo en general; tuve el placer de conocerlo allá por el ’82, en una noche que partimos -Nico, Gabriel Brizuela, Mingo Demestri y yo- rumbo a su casa -la de Enrique- para ayudarle a terminar unos trabajos que el expondría en el Uruguay en aquel entonces. Entré a una sala-estudio repleto de gente que trabajaba con una pulcritud que asustaba, él me dio unos dibujos a lápiz y comencé a colorarlos según las indicaciones del maestro. Estaba nervioso pero feliz, fue como entrar al estudio de Picasso y decir ¿En que le ayudo maestro? Que insolente, ¿verdad? No sé hasta qué hora nos quedamos trabajando. Luego pasó el tiempo y logre realizar mi primera muestra profesional en el Centro de Estudios Brasileros, patrocinada por el gran Livio Abramo. El maestro Careaga asistió a la misma. Nunca recuerdo a alguien haber recorrido tantas veces la sala de punta a punta. Cuando casi ya no quedaba nadie en la sala, se acercó y me saludó con mucha cordialidad -era un gentleman-; me dijo, «quiero felicitarte por tus trabajos, son extraordinarios, me quedé hasta esta hora pues quería observarlos sin el barullo de toda esta gente». Esto para mi fue algo muy significativo, sobretodo porque estaba yo haciendo mis primeras armas en esta hermosa profesión y apenas tenía como 22 años. Claro que fue importante, fue un aliciente, no era cualquier persona quien lo decía. Después, con el correr del tiempo, nos seguimos encontrando en algunas muestras suyas y mi admiración por su arte siguió creciendo aún más hasta el día de hoy. Debo aclarar que este detalle lo recordé hace poco, pero quedó impreso en mi memoria para siempre.

Pintura Careaga 1Enrique  Careaga significa para el arte paraguayo un punto neurálgico dentro de nuestra cultura. Fue él quien le dio un nivel de exquisitez internacional a nuestro arte como nadie antes. Supo representar a un país pequeño en el mapa, pero gracias a él, fue conocido en la escena mundial. Su exquisito sabor por el espacio serán irreemplazables y sus colores una escuela de la cual todos, y en especial yo, seguiremos aprendiendo.

Las escalas cromáticas que utilizó a lo largo de su vida artística tenían un porte de impacto casi tangible, ese fenómeno que se da en las artes gráficas con escalas de colores desconocidas por el público. Esas que  se pueden medir y ver realizadas solo en impresos. Pero el maestro las llevó a una tridimencionalidad de locura, la luz fue explotada a niveles inimaginables, y en sus últimas series de trabajos este efecto tomó ribetes de poesía. Por esto considero que Enrique Careaga ya había traspasado el umbral de lo cotidianamente humano, simplemente quedé asombrado; era como proponer ante todos nosotros una prueba física de que el universo se podía desdoblar en varios niveles, como universos paralelos, casi con soles simultáneos. La calidad artística de Careaga se había adelantado a su tiempo. Hoy por hoy estas obras pueden ser realizadas digitalmente, cualquiera que tenga la oportunidad de observar una obra de este genial artista dirá casi sin titubear :“Pero esto está hecho en computadora”, pero no, este genial artista las hizo a mano demostrando a propios y extraños que la exactitud de sus trazos era lo único real en la escena de su arte.

Pintura Careaga 2La psicodelia es un viaje solo para valientes, solo para personas que no quieren estar atadas a un mundo de complacencias banales. Es por esto que considero que Enrique Careaga fue el mayor propulsor de viajes cósmicos del Paraguay. Por suerte su nave tenía asientos para todos nosotros.

Adiós Enrique,  que tengas un muy buen viaje querido amigo. Estoy seguro que el universo de hoy en más tendrá nuevos colores y líneas al cual le podrás pintar personalmente.

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