Encarnación acosada por el reggaeton ¿Una cultura turística nacional?

El turismo no debe ser visto ya como un plus en la venta de productos y servicios, y menos aún como un capricho de decoradores. El desarrollo turístico no es un fin en sí mismo, sino un proceso en el que se apoya el desarrollo general de una sociedad y un territorio.

Costanera de Encarnación.

En Encarnación, he tenido el infinito placer de observar cómo automóviles particulares y camionetas publicitarias preparadas para la tradicional invasión acústica reguetonera tornaban inservibles sus potentes amplificadores de sonido ante la advertencia de las autoridades de bajar el volumen de los equipos volviéndolos obsoletos. Atónitos, los conductores aún no habían cerrado siquiera las puertas traseras de sus vehículos para la salida masificadora de un Daddy Yankee o de Los K-chiporros.

La inminente aculturación a la que será sometida la ciudad de Encarnación debido al flujo turístico que promete ir en aumento cada año luego de la finalización de su franja costera, presenta más aspectos positivos que negativos.

Consideremos que un turista o un anfitrión que ha crecido con estereotipos puede tener un cambio de paradigmas al conocer una cultura distinta. El paraguayo se caracteriza entre otras cosas por crear estereotipos y quizá en otros países se crean estereotipos del paraguayo.

Encarnación se ve enmarcada en un cambio de paradigmas tras el éxito que suscitó la costanera, sobre todo en cuanto al respeto a las normas básicas de convivencia. Anteriormente –hoy en menor medida- la convivencia se reducía a un autoritarismo casi patriarcal. El cambio obedece, entre otras cosas, a que los encarnacenos vieron en el turismo una fuente inmediata de ingresos principalmente en el sector servicios, generando de empleos –aunque también sub empleos temporales- además de incrementar el flujo comercial. Por lo tanto, los medios de difusión públicos y privados de la ciudad tratan de establecer nuevas reglas para tratar correcta y espontáneamente a los turistas. Esto me recuerda a los uruguayos, para quienes el mantenimiento de sus normas de convivencia, como atractivo turístico, se ha vuelto una cuestión de supervivencia.

En contrapartida, la costanera presenta algunos problemas serios. En primer término surge la duda sobre la soberanía territorial de las playas de Encarnación, pues la entidad binacional Yacyretá se ha apropiado de éstas y concesionado a la municipalidad de Encarnación por largo tiempo. Una vez finalizada la concesión, esas playas pertenecerían al Paraguay sólo en un 50 por ciento, atendiendo a que la EBY pertenece también a la Argentina. Todas las costas y riberas limítrofes deben pertenecer a la fuerza naval fluvial de los países anfitriones.

En cuanto a aculturación, debemos poner la lupa sobre los reasentados (la mayoría comerciantes, además de varios pescadores y artesanos), que otrora generaron un polo de desarrollo comercial y cultural en la ribera y que hoy no pueden volver a los lugares que estratégicamente sirvieron para la venta de sus productos. Esto debido a que la municipalidad de Encarnación alquiló las playas y veredas más potables de la costanera a empresas privadas, incapaces de valorar el potencial humano característico de la ciudad, partícipe de su geopolítica. Aún hoy no existe un plan efectivo de contención socioeconómica para reasentados.

El mayor problema sin embargo es la falta de conciencia ambiental de las autoridades. Algo que puede verse fácilmente una vez sopesado el esplendor de la costanera. La ausencia de árboles en un ancho espectro, además de extensos terrenos circundantes comprados por la EBY rasados completamente, no sólo evidencian la falta de criterio ambiental sino además obligan a comprar o alquilar sombrillas y protectores sol y de insectos a quienes quieran disfrutar del nuevo atractivo turístico encarnaceno.

Mientras otros países compiten férreamente por atraer turistas con originalidad, nosotros nos empeñamos en querer mostrar lo que todos los países ya tienen de sobra: cemento y simetría.

Brasil fue clasificado en el Índice de Competitividad en Viajes y Turismo de 2009 en la posición 2 en el aspecto recursos naturales según la OMT. Mientras el Brasil vigila sus recursos naturales como una reserva estratégica para el futuro, aprovecha al máximo el rédito que de éstos pueda sacar en turismo sustentable.

Efectos políticos: el turísmo puede influir en cierta medida en la política de un país pues su mala imagen internacional puede afectar los flujos turísticos.

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