En el nombre de la cruz

Este Viernes Santo el cristianismo recuerda la inmolación de su Mesías por la redención del mundo. Hasta nuestros días el sacrificio de la cruz es emulado en los reclamos de justicia, libertad, trabajo digno, entre otras reivindicaciones.

Mariano Castro, de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Masacre de Curuguaty. Foto: Charizard.

Mariano Castro, de la Comisión de Familiares de Víctimas de la Masacre de Curuguaty. Foto: Charizard.

Martirio y redención son los hechos más intrínsecamente ligados a la simbología de la cruz. La emancipación a través de la vía del dolor y el sacrificio. En momentos extremos, desesperados o muy dolorosos, el acto de clavarse a una cruz o cargarla al hombro se constituye en un acto en que el martirio es llevado a un extremo tal con el fin de sublimarlo.

El cristianismo recuerda este Viernes Santo la inmolación de su Mesías con el fin de redimir al mundo de sus pecados. De distintos modos, hasta nuestros días dicho acto expiatorio es emulado con varios sentidos y finalidades, las más de las veces bien concretos y ciertamente distintos a los de la salvación pos mortem.

Recordemos, por ejemplo, el vía crucis realizado en diciembre pasado en memoria de los fallecidos a un año y seis meses de la masacre de Curuguaty. Bajo un sol de 40 grados,  familiares de las víctimas de la masacre recorrieron varios kilómetros con una cruz a cuestas llorando a sus muertos y exigiendo justicia. El sentido del rito fue caminar por donde los fallecidos de Yvy Pytã caminaron en el pasado y homenajear el acto de abnegación que ofrecieron en su lucha por un pedazo de tierra.

Don Mariano Castro, de la Comisión de Familiares de Víctimas de la masacre de Curuguaty,  reflexiona que la cruz encierra tanto la vida como la muerte; el pesar y, a la vez, el triunfo.

“Ipohýi ko kurusu jagueraháva, pero al mismo tiempo ome’ê oréve vida. La vida ipohýi pero jareko avéi triunfo”, dice don Mariano sobre ese símbolo que precisamente encierra la dicotomía o los actos sucesivos de muerte-resurrección.

“La cruz ome’ê oréve vida, aliento para seguir luchando. Aunque la lucha ipohýi ivevyive ko’ãnga. Rohasáta peteî Pascua feliz porque roraha con vida ore familia kuéra”, añade con su habitual e imperturbable serenidad. (En el momento en que hablábamos no imaginábamos lo que ocurriría con Rubén Villalba).

Doña Elida Benítez y don Mariano Castro son padres de Néstor y Adalberto Castro Benítez, quienes regresaron a su casa familiar de Yvy Pytã luego de pasar 58 días en huelga de hambre en reclamo de la prisión domiciliaria hasta que la Corte resuelva el litigio sobre la titularidad de las tierras de Marina Cue. También son padres de Adolfo Castro Benítez, fallecido el 15 de junio de 2012 con claros indicios de haber sido ejecutado.

Choferes crucificados

Entre los meses de agosto y setiembre pasados, diez choferes de la Línea 30 permanecieron más de 60 días crucificados, la mitad de ellos también en huelga de hambre, tras haber sido despedidos por formar un sindicato. La extrema medida fue realizada para exigir derechos básicos y reconocidos por la ley como el salario mensualizado, el seguro social, las 8 horas laborales y el día de descanso semanal.

Los choferes que fueron despedidos de la Línea 30 se crucificaron en reclamo de sus derechos. Foto: Charizard.

Los choferes que fueron despedidos de la Línea 30 se crucificaron en reclamo de sus derechos. Foto: Charizard.

A fin de participar de la primera reunión tripartita convocada en el entonces Viceministerio del Trabajo, se realizó un peregrinaje desde la ciudad de Luque bajo el caliente setiembre hasta el centro de Asunción, con los crucificados siendo transportados en carritos. Ante el fracaso de varias reuniones, los huelguistas permanecieron varias semanas frente a la oficina estatal hasta que la medida fue levantada tras lograr un acuerdo.

Sin embargo, la empresaria Vanguardia cumplió solo parcialmente su compromiso y hasta ahora cuatro de los doce despedidos siguen luchando por su reincorporación y reconocimiento formal, puesto que uno de los trabajadores, dedicado al lavado de las unidades, nunca fue siquiera registrado por la empresa.

Sobre el sentido de la cruz, Sergio Cardozo, uno de los choferes crucificados, rescató el valioso significado que representó para la lucha por un trabajo digno.

“Tiene un significado valioso para rescatar. Es la verdadera lucha y también las cosas de la vida que no nos damos cuenta. Por ejemplo, el prójimo que se nos acerca y nos ayuda, nos da fortaleza para seguir adelante. Luego de nuestra crucifixión valoro más a la familia y a nuestros amigos”, resaltó.

Además de la cruz, la huelga, en especial la de hambre, es otro símbolo del sacrificio en pos de la redención. Tal  como insistiera Rafael Barrett en su conferencia a los obreros paraguayos presentada bajo el título de “La huelga”, la inactividad del trabajador es un arma inexpugnable. Para este escritor que reivindica la figura de rebelión que encarna Cristo pero a la vez repudia la burocracia eclesial formada en su nombre, la huelga es el salvador que desciende por segunda vez.

“Se teme, se espera. Algo salvador desciende por segunda vez a este valle de llanto… la huelga.  Los soldados os seguirán y se declararán en huelga. Vosotros les libertaréis del peso de sus armas y trocaréis sus herramientas de matanza por las herramientas de unión y de trabajo”.

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