Elecciones golpistas

Paraguay va a unas elecciones en las que el frente golpista legalizará su ascenso al gobierno, luego de la masacre campesina del 15 de junio de 2012.

Foto: TeleSur.

Un candidato ligado al lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas y cigarrillos, principalmente, y un dirigente liberal sin proyecto histórico más que la ocupación de cargos dentro del estado stronista y la entrega de los pocos recursos que quedan por entregarse aparecen como “los favoritos”. El frente antigolpista va disgregado y jugará a posicionarse en el Parlamento.

La socióloga Mariel Palau lo explica muy claramente: “ las elecciones del 21 serán la legitimación del golpe de Estado ocurrido en el país el 22 de junio de 2012”. Estas elecciones convalidarán la reincursión del país al plano internacional con derecho pleno, derecho que varios países de la región y el mundo le quitaran con la rápida destitución del presidente Fernando Lugo a una semana de la masacre campesina de Curuguaty. El amplio, aunque atemorizado y umbilical frente antigolpista, no pudo tomar un sentido unitario para estas elecciones por una serie de razones que escapan a esta crónica de escenario. Así las cosas, Horacio Cartes, el nuevo patrón en el Partido Colorado, con dinero que amasó en operaciones de lavado de dinero provenientes de mercaderías traídas de otros países y reexportadas principalmente a Brasil (drogas, armas, cigarrillos) y el ex ministro de Obras Públicas del gobierno de Fernando Lugo, Efraín Alegre, ex presidente de la juventud del Partido Liberal Radical Auténtico en tiempo en que esta organización era liderada por el histórico caudillo Domingo Laíno, aparecen en un mano a mano. Este mano a mano ha recrudecido con la alianza del proyecto Alegre con el movimiento creado por el fallecido caudillo militar Lino Oviedo, en su tiempo jefe del Ejército paraguayo, y en tal condición, padrino de los negocios de rexportación: autos, drogas, armas y todas las mercaderías que se importan, legal o ilegalmente, en este país, para meterse luego a los grandes mercados de la región.

Hasta el golpe sicario promovido por la corporación de partidos tradicionales, gremios económicos locales y trasnacionales, el frente gubernista ocupaba el centro de una posible disputa electoral, pero este centro se disgregó, y desde ese momento emergió casi imbatible la figura de Cartes, con un dinero irrefrenable, como el candidato casi inapelable a la presidencia del país. Pero con el correr del tiempo, la figura de Efraín Alegre fue creciendo, al principio como expresión de centro modernista, y luego, ya como aliado del oviedismo, como contendor de temer para este día. Desde el efímero gobierno de facto, a cuya cabeza Federico Franco, toda la atención fue puesta en conseguir los recursos para monetizar la campaña electoral, además de posibles comisiones de trasnacionales que quedaron muy contentas con el golpe corporativo: la Monsanto, por un lado, la petrolera estadounidense Dahava Petróleo y la canadiense Río Tinto Alcán. El gobierno de Franco habilitó la comercialización de las semillas de algodón transgénico, concedió la exploración de petróleo y habilitó la negociación con Río Tinto Alcán para procesar aluminio con uso intensivo de la energía eléctrica paraguaya.

Tanto la masacre como la rápida destitución de un gobierno elegido por el 43 por ciento de la población no fueron parte de los debates públicos emitidos por los medios comerciales hasta el punto en que se invita a la gente a votar como si el país estuviera gozando de una plena forma democrática.

El golpe formalizado por el Parlamento paraguayo el 22 de junio dejó a muchísima gente con la idea de para qué votar si finalmente unas cuantas personas completamente deslegitimadas en sus funciones terminan desechando el voto popular. Este sentimiento mayoritario sumió en el más profundo descrédito al sistema político tanto que buena parte de la población solo irá a votar si le pagan por su voto. “Maera ja vota ta si la ñande voto no valei”, manifestaba sin esperanzas un vendedor de películas en la plaza de la Libertad en esos primeros tiempos del golpe, expresión que se resignificaría en muchas formas, aún la más cuestionada y evidente: la compra de los votos. Esta realidad sensible, evidente, hizo y hará que estas elecciones sean las más caras desde que se “decretó” la llegada de la “democracia” en el país en 1989, luego de 35 años de gobierno del dictador Alfredo Stroessner.

En síntesis, en estas elecciones no estará en juego nada extraordinario para el orden que montó Alfredo Stroessner: latifundio, rexportación y agroexportación y su modelo político prebendario y clientelar y su posición de enclave de la doctrina de Seguridad Nacional promovida por EE.UU. luego de la Segunda Guerra Mundial.

La tierra, concentrada en un 80 por ciento en manos del dos por ciento de la población, centro de la disputa política más importante, no está en debate. Incluso el enemigo interno creado como cuco permanente, el fantasmal Ejército del Pueblo Paraguayo, casi desapareció de la gran prensa que cercó toda posibilidad de transformación ubicando principalmente a los campesinos “como peligrosos invasores de la propiedad privada”, “desestabilizadores de la paz y prosperidad” en ese afán de dejar la tierra en manos únicamente de los sojeros y la narcoganadería. Aunque, algunos candidatos a presidentes como Atanacio Galeano, Patria Libre, sostienen que es mejor un gobierno de Alegre porque terminaría el bipartidismo en el país. Es decir, la gente sabría que ambos partidos tradicionales, el colorado y el liberal, son “exactamente lo mismo”, con la cual entraría en fase terminal la  profunda crisis de los partidos tradicionales como administradores del conflicto social.

Muchos pronostican que en estas elecciones se rubricaría el acta de defunción de un partido de clase media y media alta con apariencia de of sider pulcro y elegante, Patria Querida, como ya quedara completamente diezmado un proyecto parecido que le antecedió: el Partido Encuentro Nacional, hoy, aliado menor del proyecto Alegre-Rafael Filizzola.

El nunca bien ponderado voto “independiente” que estos dos sectores disputaban antiguamente migraría al proyecto que encabeza el comunicador Mario Ferreiro, en tanto que un grueso sector organizado en asentamientos del mundo campesino votaría por el Frente Guasu, que presenta al ex presidente Fernando Lugo a la cabeza de la lista de Senadores y a Aníbal Carrillo Iramaín a la Presidencia sin chance real de competir hoy en ligas mayores. La consolidación político electoral de esta masa que se encuentra en el centro de la disputa con el modelo terrateniente es tal vez la novedad más importante.

Una corriente feminista, casi una plataforma en formación, KuñaPyrenda, y que en su gran mayoría integraba el anterior gobierno de Fernando Lugo va también con listas propias para Presidencia y Parlamento. Perdido el sentido unitario, el Parlamento, con capacidad constitucional de acordar embajadores, organismos judiciales, aumentar o disminuir presupuesto nacional, legislar expropiaciones de tierra, y proteger a sus miembros de procesos judiciales por delitos comunes, será el espacio de mayor disputa en estas elecciones para los sectores que quedaron fuera de los aparatos tradicionales y “vomitados” por estos de la estructura del Estado con el golpe sicario formalizado por el Parlamento paraguayo el 22 de junio del año pasado.

Hay un sinfín de listas parlamentarias fuera de los grandes partidos que por sus capacidades electores podrían neutralizarse mutuamente favoreciendo un Parlamento con amplia mayoría de los dos partidos tradicionales: el Partido Colorado y el Partido Liberal Radical Auténtico. Aunque algunas personas creen que el pueblo, aun subestimado por una corporación que lo dejó como convidado de piedra de la democracia formal, puede dar sorpresas en el “cuarto oscuro”.

Comentarios

Publicá tu comentario