Elecciones del 2013 y la errática izquierda

Análisis. Cuales son las estrategias y posibilidades del entorno de Lugo de cara a las elecciones, cuando el coloradismo amenaza volver.

Fernando Lugo y Miguel Angel Rojas, uno de los principales del "entorno". Foto: Presidencia.

Los dos anillos

En esta compleja coyuntura en que la ANR amenaza retornar al poder y el oficialismo intenta perpetuarse, aparecen dos actores oficialistas fundamentales: 1) el “entorno” presidencial, representado por Kencho Rodríguez, Miguel A. Rojas, Pompeyo Lugo y otros referentes colorados, embarcados en un proceso de acumulación económica desde el 2008, y 2) la izquierda oficialista, con un proyecto de acumulación de fuerzas, representada por el Frente Guazú.

El entorno presidencial, cuya cabeza vivible es Miguel Ángel Rojas, que de la mano de Kencho Rodríguez, logró convertirse en secretario privado y confidente de Lugo, es quien hoy marca la agenda presidencial, y es el principal articulador en el gobierno, ubicando en los puestos claves de recaudación (aduanas, directores de Itaipú, aeropuerto, Yacyretá, etc.), a personajes leales, y dirige los negocios del poder. Rojas es hoy por hoy el

Con Kencho Rodríguez, otro del "entorno".

hombre más cercano a Fernando Lugo, y es el operador orgánico del “primer anillo” económico, mientras que el FG es el operador orgánico del “primer anillo” político.

Los dos actores y los planes de perpetuación en el poder

Los dos actores están coaligados en una especie de alianza, donde la hegemonía es ejercida por el “entorno”, mientras la izquierda oficialista cumple una función de subordinación.[1] El “entorno”, en connivencia con el presidente, impulsó la enmienda constitucional que permitiría la reelección presidencial, pero el proyecto no prosperó por la negativa del Parlamento. Ante el fracaso del plan, el FG intentó la modificación delestatus de senador vitalicio para allanar el camino a la senaduría activa de Lugo, cosa que tampoco tuvo

éxito. Actualmente el FG (siempre acicateado por el “entorno”) impulsa la candidatura de Lugo para encabezar la lista de senadores de la izquierda en el 2013, buscando repetir la experiencia de Duarte Frutos del 2008. La izquierda no discute la legalidad o no de la candidatura, su jugada consiste en que tras la lista liderada por Lugo ingresarían masivamente los referentes de la izquierda a la cámara de senadores.

La izquierda oficialista no tiene un proyecto propio, y a través de la incestuosa alianza con el “entorno” sólo busca ocupar nuevos espacios (o cargos) que le permita un mejor posicionamiento político. Los dos actores tienen propósitos comunes: perpetuarse en el poder, uno para seguir su proceso de enriquecimiento, y el otro, para la consolidación de sus planes sectoriales, ocupando espacios de poder. No está en debate la profundización democrática o el modelo de Estado. Para la izquierda no es trascendente el debate ideológico, al contrario, está embarcado en un pragmatismo que raya el oportunismo, hasta el punto de barajar la posibilidad de incluir en la alianza electoral al neofascista partido UNACE o candidatar al propio Kencho Rodríguez.[2]

De la definición del Partido liberal depende gran parte del escenario político del 2013, y los posibles actores.

La difícil alianza con el PLRA

La fracasada campaña por la reelección de Lugo, además de errática, demostró la pobreza política de la izquierda oficialista que en tres años de gobierno no supo articular una referencia propia, y lo que es peor: no sabe interpretar que en la coyuntura actual no puede disputar hegemónicamente con el PLRA, ya que la correlación de fuerzas es netamente favorable a los liberales. Aun cuando la izquierda -con fines de acumulación política- acepte una alianza con el PLRA de cara a las elecciones del 2013, se enfrenta con un problema estructural; los azules aceptarán un acuerdo sólo si encabezan la chapa presidencial. Esto significaría el desplazamiento del “entorno” de Lugo, que hoy tiene el control monopólico del poder. Por lo tanto, el “entorno” busca por todos los medios arribar a las elecciones con un candidato subordinado a sus intereses. Ya empezaron a lanzarse candidaturas mediáticas como las de Mario Ferreiro, buscando opacar a Efraín, y Federico Franco, candidatos explícitos del liberalismo.

Cuando los polos se repelen

Ante el sostenido avance del coloradismo, el dilema para el oficialismo (PLRA-“Entorno”) es cómo enfrentar con éxito las elecciones del 2013. Los dos frentes oficialistas luchan por imponerse hegemónicamente; el ala progresista del PLRA, que busca convertirse en clase dominante por la vía de acceso al poder en el 2013, y por la otra el “entorno” luguista, que intenta mantener sus privilegios tratando de reeditar la experiencia del 2008, a través de la constitución de una chapa presidencial en alianza con el liberalismo, pero encabezada por un independiente.  La alianza con los liberales es estructuralmente dificultosa por la tenaz oposición del entorno luguista, que no puede aceptar una concertación liderada por el PLRA, lo que significaría su disolución como grupo económico.[3]

Referentes del Frente Guazu.

La hora de la izquierda

UNACE y el PPQ son partidos burocráticos (solo tienen cargos parlamentarios) sin base social, que se irán diluyendo como partidos y no representan garantías exitosas para una alianza electoral para el PLRA. La izquierda, por su parte, que obtuvo alrededor de 250.000 votos en las elecciones municipales del 2010 puede constituirse en el factor clave para el triunfo oficialista en el 2013.

En este escenario, una alianza del PLRA con UNACE y el PPQ sería un error grave para los azules. Al PLRA solo le queda una alianza con la izquierda si pretende convertirse en poder. La izquierda, por su lado, debe saber negociar un gobierno compartido y no una simple alianza electoral, tal como sucedió en el 2008. El momento es de acumulación de fuerzas y no de lucha hegemónica por el poder como erróneamente pretenden algunos referentes de izquierda. Acumulación de fuerzas, vía alianza táctica con el partido liberal, pensando en el 2018 es probablemente la opción más razonable para la izquierda y el campo popular, en este complejo contexto en que el coloradismo amenaza retornar al poder.


[1]Fernando Lugo al no ser parte de ninguna organización partidaria, no responde a ningún colectivo político; él responde a sus intereses personales y a su entorno más cercano. La campaña por la reelección es impulsada por éste círculo cercano al presidente que busca perpetuarse en el poder para seguir su proceso de enriquecimiento, e instrumenta a la izquierda (subordinada a Lugo por la condición de empleados públicos de la mayoría de sus dirigentes) devenida en izquierda burocrática.

[2] Quencho Rodríguez, es quien en el 97 junto a Wasmosy, ratificó la deuda espuria de Itaipú, que ya supera los 20.000 millones de dólares actualmente.

[3] El llanismo, movimiento mayoritario del liberalismo y principal aliado del luguismo, probablemente acepte una alianza con un candidato no liberal, pero para su concreción debería imponerse en las internas, cosa difícil por la oposición mayoritaria que enfrentará en el seno partidario.

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