El voto útil

El golpe parlamentario del 22 de junio fue un contundente, un casi perfecto acto de defensa de los intereses oligárquicos. La ANR es solo uno de los partidos de la oligarquía que participó en aquel golpe. El PLRA de Alegre-Filizzola tiene la misma naturaleza y función dentro de la Oligocracia paraguaya.

Imagen: redmexicanamigrante.org

Los vientos electorales que soplan cada vez con más fuerza traen consigo una solicitud que ha sido recurrente en la denominada “Transición democrática” en inminentes momentos de elección: el voto útil.

El pedido se sostenía –se sostiene- en un discurso binario, moral y político. Usar pragmáticamente el voto para elegir a los “honestos”  y rechazar a los “corruptos” en el gobierno; voto útil para elegir a los “demócratas” y rechazar a los “autoritarios”. En ese juego binario, los colorados oficialistas aparecían como“los corruptos” y los “autoritarios”, y el resto de los partidos de oposición como sus antónimos. Así, desde 1989 hasta el 2008 el discurso blanco-negro permitió el pedido de voto útil para que no ganen los candidatos colorados, porque se entendía a la política como una lucha moral entre “buenos” y “malos”, y no como una lucha de intereses materiales y simbólicos entre clases, grupos y sectores sociales, una lucha por los recursos naturales y económicos expresados en modelos de gobierno y de distribución de la riqueza del país.

Esta interpretación simplista de la política –de las relaciones de poder- facilitó el ocultamiento de una forma de hecho de gobernar y de concentrar la riqueza en Paraguay: la Oligocracia. Grupos económicos herederos del stronismo administraron –administran- el Estado a través de partidos funcionales a sus intereses, entre los que está la ANR, el más eficiente de sus administradores, aunque no el único; también lo son el PLRA, Unace, Patria Querida y el PDP del matrimonio Filizzola-Massi.

Entre los efectos contradictorios que trajo el golpe parlamentario del 22 de junio, uno es especialmente positivo y pedagógico: la indisimulada acción coordinada de los partidos oligárquicos para destituir al gobierno electo en el 2008, en defensa del modelo reinante; una acción abierta, casi perfecta, que enseñó cómo defender intereses de clase con una velocidad inaudita: en 7 días cortaron un proceso que no podrían controlar y que amenazaría, en el futuro, seriamente sus intereses.  La gente vio con sus ojos y escuchó con sus oídos cómo actuaron los políticos de los partidos oligárquicos. No necesitó que nadie le explicara lo que pasó.

Aquella lección política del 22 de junio más los aprendizajes políticos recogidos a lo largo del proceso post dictadura permiten hoy arriesgar la afirmación de que, por lo menos, una parte de la gente de este país  ya no se tragará en las elecciones de abril el falso planteamiento del voto útil. Un binarismo falso que hoy propagan, principalmente, los liberales a través de sus candidatos presidenciales Alegre- Filizzola y de la mayoría de los grandes medios de comunicación.

Ellos que  fueron pieza clave en la ruptura del proceso democrático en defensa de la oligarquía de la sojeros, los ganaderos, los banqueros, los importadores, las trasnacionales, los dueños de supermercados y de grandes medios;  ellos hoy vuelven con la mentira del voto útil.

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