El sucio juego electoral y las cúpulas partidarias

“Cuidado con los pactos de demonios

que entregan patrimonios en hirviente sartén”.

(Mario Casartelli)

Fuente de Imagen: www.hacer.org

Las cúpulas de los partidos políticos tradicionales entran apresuradamente a la recta final del proceso electoral, recta en donde todo se compra y se vende, donde todo parece tener un precio, donde las negociaciones y los pactos más turbios tienen un lugar preferencial. De hecho, esta práctica de perversidad política, constituye una constante en las agendas de éstas cúpulas cambiando de cariz, según la coyuntura.

Al respecto, no debemos olvidar que hace unos meses atrás los partidos de UNACE, PLRA, ANR y PPQ  habían acordado unánimemente llevar a cabo un golpe parlamentario contra el entonces presidente Fernando Lugo, sin importarles en absoluto las nefastas consecuencias que acarrearía para el país. Estas mismas cúpulas partidarias son las que gobiernan hace décadas para un grupo de privilegiadas familias acaudaladas en el Paraguay, y que hoy emprenden el juego electoral con miras a seguir defendiendo esos mismos intereses.

El momento electoral se torna una pieza fundamental para legitimar su poder y dominio sobre la población, consolidar una democracia formal, verticalista, que ni siquiera llega a ser representativa y mucho menos participativa, que está muy lejos de dar salidas a los principales problemas que apisonan  a la mayoría de las personas que vivimos en este país.

Este juego eleccionario diseñado para favorecer siempre a los representantes de las oligarquías, del poder económico y de sus aliados internacionales, es el reflejo de una sociedad sumamente desigual, donde sólo los que concentran la riqueza pueden ser los candidatos favoritos. Un ejemplo de ello es el caso del partido colorado que sólo en el mes de febrero ha gastado en publicidad la suma de 17 mil millones de guaraníes, es decir 1.300 veces más de lo que otros partidos más pequeños lo han hecho en el mismo periodo de tiempo.

Otro anexado del momento en cuestión es el alto grado de corrupción, manipulación y mentiras que a través de varios canales  se somete a las más de 3 millones quinientos mil personas habilitadas para sufragar:

– Uno de eso canales tiene que ver con la exposición permanente de encuestas falseadas, que no presentan datos fiables y que buscan constantemente beneficiar a uno u otro candidato.

 – Otro, con las promesas falsas, las compras de votos, la extorsión económica, la prebenda, las amenazas y las persecuciones de diferentes índoles.

Desmontar este esquema  eleccionario  conservador de las desigualdades sociales y económicas, requerirá una participación en las urnas de manera consciente y alternativa al poder hegemónico, pero sobre todo requiere entender que necesitamos construir unidad entre los de abajo y desde abajo, fortalecer nuestros movimientos y organizaciones, llevar luchas conjuntas por nuestras demandas, apoyarnos y cuidarnos. Requiere la construcción de un contrapoder que impulse proyectos participativos de sociedad diversa, justa, pluralista y anti capitalista.

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