El rostro técnico del saqueo nacional

El estimado periodista Luis Bareiro ha establecido, en una breve evaluación del gobierno de Horacio Cartes, que uno de los puntos buenos de este ha sido el nombramiento de un joven “técnico” al frente del Ministerio de Hacienda, un afiliado liberal, Santiago Peña, resistiendo las presiones de su partido.

El mundo está lleno de “técnicos”. Pero la técnica no es ausencia de sentido, de cuadro de representación, de visión de mundo. La formación técnica,  muy por el contrario de lo que se intenta sostener, puede anidarse en un cuadro profundamente recesivo, depredador, por un lado, o de de bienestar, de armonía y de paz social, por el otro.

En las ciencias existen marcos de referencia, de aproximación al fenómeno, al hecho social o al objeto de estudio completamente dirigidos por grupos de intereses. Cuántos “estudios técnicos” tiene Monsanto para decir al mundo, “científicamente”, que el veneno que produce (el roundup) para fumigar las semillas transgénicas no produce daños graves ni en el medioambiente ni en los animales ni en las gentes.

No es solo por su vocación “técnica” que el joven Santiago Peña piensa, sin interrogante alguno, que endeudarse más para pagar la deuda externa es muy normal. No es en vano que este joven haya sido funcionario del Fondo Monetario Internacional, el organismo encargado de promover las deudas y el pago puntual de las mismas. No es en vano que en lo primero que piensa es aumentar una deuda que nos encadenará por 30, 20 y 10 años en vez de imaginarse, recomendar y hasta a condicionar su permanencia a la aplicación de tributos a los más ricos de este país. Entre impuestos a la renta financiera, a la exportación en bruto de los granos, a la carne, a la transferencia de capitales al exterior, habría alrededor de 1.000 millones de dólares al año para el Estado, por los cuales no estaría pagando intereses desorbitantes.

Si alguien fuera un buen “técnico”, en función de gobierno debería pensar en el país y no solamente en aumentar la deuda y pagarla a hora.

Santiago es cuadro técnico neoliberal, recesivo, funcional a los intereses de los grandes banqueros y el Fondo Monetario Internacional.

No es un “buen técnico”.

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