El robo terrorista

Pastan en tranquila pradera, con sus bienes malhabidos a buen recaudo. El Estado como su campo de expresión, blanquéandose a través del fútbol, hoteles de cinco estrellas con habitaciones vacías, cigarrillos, bebidas y grandes construcciones. Manejan los hilos del Poder Judicial como un yoyo, la fiscalía es su brazo ejecutor, la policía su garrote contra los peligrosos “desestabilizadores del orden”.

Si bien acá son grandes acaudalados, muchos de ellos no son más que correa del gran capital brasileño, al comprarle papeles, tabacos, máquinas y químicos para reenviar millones de cajas de cigarrillos “paraguayos”. Al mismo tiempo de llenarse la boca de nacionalismo, entregan territorio a la agricultura empresarial de capital brasileño que vomita pueblos enteros a costa de producir los granos compran en China para criar puercos e importan de todo.

Los que no están “legalizados” se oponen al Impuesto a la Renta Personal y todos los demás al impuesto a los granos, a la carne y al latifundio, mientras nos oprimen con un impuesto del 10 por ciento sobre el consumo, a más de imponernos también pagar impuesto por trabajar como “prestadores de servicio”.

En los últimos tiempos todos parecen uno: hablan casi el mismo idioma, utilizan el terrorismo stronista para perseguir zurdos, campesinos organizados, homosexuales y cualquier “otro” de modo a seguir metiendo miedo en la población y mantener así, a través del miedo, su infame poder.

Durante el régimen de Alfredo Stroessner no necesitaban legitimarse a través del voto; lo hacían a través de las botas. Ahora que los votos son “importantes”, nos hablan de trabajo y honestidad cuando que la mayoría de ellos se pasan carburando cómo especular, traficar y estafar.

En su vida plantaron maíz y poroto y, por lo tanto, también les parece bueno, entre otras cosas, desahuciar la tierra con los transgénicos. En algunos de sus medios, te muestran un tractor y el campo deforestado como el “mundo del trabajo”, en un páramo con dos solitarios trabajadores rurales que demuestran que “también hay campesinos que trabajan”.

Algunas veces parecen estar peleados, pero para defender sus intereses cierran filas sin empacho contra “la subversión”.

Algunos dicen cuestionar la dictadura stronista pero usan el mismo discurso y prácticas desterradores.

Ahora, «en democracia», a toda costa pretenden hacernos creer que el único problema del país es la corrupción estatal.

Son unos poquitos, pero tienen casi el 80% de todas las tierras del país. Cuando decimos esto, sus perifoneros te dicen que alentamos la lucha de clase. Y luego, rápidadente, niegan que sean stronistas.

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