El RENACIMIENTO DE LA LENGUA GUARANÍ

La lengua guaraní estuvo normativizada y su expresión bastante normalizada en la época colonial, sobre todo a partir del siglo XVII. Su considerable riqueza léxica y estructura quedaron registradas en obras memorables: gramáticas, diccionarios y textos impresos, que son la prueba de esa normalidad lingüística.

 

Lo ganado en el tiempo colonial en cuanto a normativización fonológica, gramatical, y léxica, se perdió paradójicamente después de la Independencia -aunque el deterioro ya había comenzado a la salida de los jesuitas en 1768- en un proceso paulatino pero continuo de desestructuración.

 

En el siglo XX los ataques a la lengua fueron persistentes, sobre todo desde la nueva sociedad burguesa que se instaló en el país. Se ninguneó sistemáticamente a los individuos y clases sociales que hablaban guaraní. En la actualidad, revive con fuerza una realidad que no se consigue superar: una especie de indignidad de la lengua. Es decir, la lengua guaraní no es estimada como un bien cultural y económico, digno y relevante, para el desarrollo de la sociedad paraguaya. Ni es usada dignamente.

 

Por otra parte, la gran fuerza –certificado de salud– de la lengua guaraní, que es su uso cotidiano en amplios sectores de la sociedad, es paradójicamente su talón de Aquiles y su debilidad, ya que ésta no consiguió entrar en el mundo moderno, de la comunicación especializada, en el cual, en mayor o menor grado, todos nos movemos. En el campo de la justicia, por ejemplo, las clases más humildes de la sociedad paraguaya, para quienes la lengua materna guaraní es el único instrumento efectivo de expresión, se ven aplastadas bajo el peso de otra lengua que no es la suya y que nos les garantiza un juicio justo y sin discriminación.

 

Sin lugar a dudas, la ausencia habitual del guaraní en el campo de la economía, de las ciencias, de la administración, de los medios de comunicación, internet, señalizaciones y campos y ámbitos similares –el arte, la literatura de ensayo y la literatura histórica, el periodismo…–, le confiere un carácter de lengua abstracta y fantasmagórica; en principio todo se puede decir en guaraní, pero poco se dice. En suma, la supuesta «lengua de la cohesión nacional» se convirtió en la lengua de la exclusión social.

Este conjunto de factores negativos ha creado en los hablantes de guaraní un sentimiento de impotencia, que al fin dificulta y entorpece la comunicación, con esos saltos imprevistos de una lengua a otra, que mal llamamos jopará, siendo más bien jerigonza y algarabía; una incompetencia lingüística que afecta de hecho la racionalidad del discurso y reduce su dignidad.

 

Es cierto que hoy en día el guaraní, por falta de ejercicio y práctica, no está en condiciones técnicas para en él se hable de ciertos temas. No obstante, con un poco de esfuerzo y tiempo, la creación de una comunicación en cualquier campo siempre es posible y factible.

 

Mientras tanto, en vez de usar la lengua, nos entretenemos en discusiones de psicolingüística y sociolingüística sin dar los pasos necesarios para su fortalecimiento y desarrollo.

 

Nos parece una lástima que el guaraní, que tuvo en el siglo XVII y XVIII un desarrollo técnico avanzado y que no se amilanó ni achicó frente al mundo traído por los colonizadores, que consiguió generar y crear un lenguaje nuevo en religión y política y se lo hizo propio, haya entrado en tiempos modernos en esa especie de letargo y pereza para enfrentar situaciones nuevas. Es de lamentar que la gran creatividad de épocas pasadas haya sido relegada –incluso por los guaranistas o guaranólogos– al olvido y al desprecio, como si fuese una etapa superada, ruinosa, admirable pero no imitable, cuando, en realidad, los mecanismos de los siglos XVII y XVIII  pueden ser vistos como paradigmas para el futuro de la lengua.

 

La recuperación del patrimonio histórico guaraní 

 

Hace 40 años estas cuestiones eran ya objeto de mi interés e investigación. Establecí un largo y considerable catálogo de textos manuscritos y/o impresos, que considero motivo de gloria para cualquier lengua. Ni siquiera la lengua castellana hablada en los mismos siglos en el Paraguay muestra ni la creatividad ni la singularidad expresiva y técnica de los escritos en guaraní.

 

Actualmente, sin embargo, ese tipo de literatura está siendo revalorizada grandemente por los especialistas que, por paradoja, vienen de países extranjeros.

 

Todo lo que se investigue y, naturalmente, se publique en este campo no es un ejercicio gratuito y estético, ni una inversión a fondo perdido; es más bien el tiempo perdido que hay que recuperar. Estamos convencidos de que las investigaciones en este campo constituirán las bases y fundamentos de la lengua guaraní que puede ser hablada en el Paraguay. En este sentido, y conscientes de que el guaraní necesita bases científicas más sólidas, en el ISEHF –Instituto Superior de Estudios Humanísticos y Filosóficos- y en la Universidad Católica, a través del proyecto AVAKOTEPA, hemos transcrito numerosos documentos que obran en mi archivo personal en vistas a una antología de textos históricos, en una ortografía más actualizada.

 

Ese trabajo de investigación, enmarcado en un proyecto de corte histórico-diacrónico, denominado KORAVAREPA –Korpus Avañe’ẽ Rembiasa Paraguaipegua-, pretende sacar a luz lo más importante del patrimonio de la lengua guaraní. Se aspira, pues, a que los textos sean presentados en edición facsímil y, por lo tanto, en sus variables ortográficas que se han dado a lo largo del tiempo. Es lo que se ha hecho con el Catecismo de la lengua guaraní, del padre Antonio Ruiz de Montoya –publicado en 2008-, que presenta el texto de 1640 en edición facsímil y transliteración actualizada.

 

Los avances de la investigación están demostrando que en el ámbito jesuítico se llegó a una ortografía bastante generalizada y hasta normalizada, así como una cierta normalización semántica, a través del establecimiento de significados propios y precisos para cada término, mediante ejemplos. Por otro lado, arroja luz sobre el tema de la tipología textual de ese periodo histórico, refutando la falsa idea que se ha extendido sin razón, de que la literatura de los siglos XVII y XVIII era exclusivamente religiosa y específicamente catequética, compuesta por catecismos, explicaciones de catecismo, sermones, rituales y libros de piedad, según la nueva cultura socio-religiosa y política que había sido introducida.

 

La literatura religiosa ciertamente cuenta con el mayor número de páginas impresas, pero en la categoría de manuscritos prevalece una literatura política, en la cual los Cabildos de los pueblos guaraníes y sus representantes políticos dejan su expresión frente incluso al poder real y provincial. La Guerra guaranítica (1753-56), por ejemplo, desde sus preparativos hasta su término, registra una literatura guaraní de carácter político de primer orden. La mayoría de esos documentos, por su importancia, merecieron ya en la época una traducción que, junto con los originales, era enviada a España, y obran hoy en varios archivos del Estado español, como el Archivo de Simancas y el Archivo Histórico Nacional, en Madrid.

 

 

Hay, asimismo, un gran número de textos que quedaron en los archivos nacionales de Asunción, de Buenos Aires, de Río de Janeiro, del Museo Británico, para señalar los principales. Es hora, pues, de redescubrir este significativo acervo –patrimonio de la cultura guaranítica y del Paraguay– como digno reconocimiento de la lengua guaraní. Quizás, pero sólo quizás, estemos con este proceso de recuperación en vísperas de un renacimiento de la lengua guaraní.

 

Estudiar el pasado de la lengua guaraní para entender su presente y asegurar su futuro

 

Algunos textos de esa Antología histórica –ya trabajados– provienen de fray Luis Bolaños, cuyos primeros trabajos remontan a 1585 y fueron llevados a la imprenta en 1607 dentro del Rituale, seu Manuale peruanum, de Jerónimo de Oré; y de los jesuitas Alonso D’Aragona, Antonio Ruiz de Montoya, Pablo Restivo y José Insaurralde, entre otros. Lo más admirable es que existen documentos en los cuales las voces indígenas –y mestizas– son registradas con fidelidad, autenticidad y franqueza; tal es el texto de la Asamblea indígena de 1630, primer documento importante que reproduce un parlamento guaraní; un reportaje de guerra escrito por un indio de Corpus, y las ya citadas cartas y comunicaciones por ocasión de la Guerra guaranítica, que constituyen de por sí solas un corpus de lengua que supera todo lo conocido hasta ahora en ese género.

 

En estos tiempos de conmemoración del bicentenario de la Independencia Nacional nos encontramos abocados al rescate, la transliteración y publicación de una serie de más de un centenar de documentos que cubren un periodo de 80 años, que van de 1760 -época todavía jesuítica- a 1840 –muerte del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia –. A través de esta investigación hemos podido percibir que el guaraní sigue derroteros dignos de consideración, ya que a la salida de los jesuitas del Paraguay (1768) la lengua se presenta en un movimiento pendular, que va de la permanencia y lealtad a los estilos configurados en la llamada época jesuítica y franciscana a otro estado de lengua, muy variable, poco normativizado, que anuncia el acentuado proceso de mezcla léxica y también gramatical con el castellano que se dará desde la Independencia hasta hoy.

 

Se han identificado y recuperado también registros de carácter económico, cuentas de almacén, apelaciones judiciales y las sorprendentes Proclamas de Belgrano, que no tiene correspondencia en ningún otro prócer de la Independencia paraguaya; Belgrano tenía conciencia de que el pueblo paraguayo era de lengua nacional guaraní.

 

Hay que decir que para garantizar los derechos lingüísticos de todos los ciudadanos paraguayos, asegurar un Paraguay de bilingüismo sin diglosia y lograr efectivamente una educación para todos, convirtiendo a todos los paraguayos –sin exclusión de clase social- en ciudadanos de pleno derecho, es preciso, concomitantemente al proceso de rescate histórico-cultural, aunar esfuerzos para trabajar sobre una normalización consensuada de la lengua guaraní hablada en el Paraguay.

 

El cometido fundamental de este corpus diacrónico es servir de base empírica, tanto para la confección de un Diccionario Histórico de la Lengua Guaraní, que se encuentra en vías de desarrollo, como para cualquier estudio diacrónico relacionado con la lengua guaraní, constituyendo un marco epistemológico para documentar palabras, estudiar su evolución histórica e identificar el origen de algunos términos, su tradición en la lengua, las primeras apariciones de determinados vocablos, documentar la aparición de neologismos, estudiar el proceso de asimilación gráfica, fónica y gramatical de hispanismos y extranjerismos.

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