El regreso a la tierra, el aire puro y los alimentos sanos

De programador de computadoras, militante del software libre, el cine independiente, los discos sin patente, a los alimentos sanos, el aire puro y la vida sin tecnología. “Parte de la humanidad seguimos creyendo que los bienes son comunes y otra parte cree en alambrar, patentar, especular”. El universo Maxi Yegros. Ensayo de reportaje escrito y sonoro de Julio Benegas y Nicolás Granada.

Un sábado de buen sol, de vista relajada, de verde más intenso y de aire más puro. Un día como hoy, sanador,  aunque 10 años atrás, un sonido de extrañas cuerdas inundaba el microcentro asunceno, desde Estrella y Chile. Ahí estaba él, sentado en el suelo, con las piernas cruzadas, un tocadisco al lado, un vinilo que remontaba a otros aires, a otros mundos, a otros cuerpos girando sin apuros. Alrededor unos discos de Kusturica, Ravi Shankar y otros autores que la memoria ya no registra, con diseños de tapa muy coloridos y el sello de la Komarca Mainumby. Ahí estaba, ofreciendo al mundo música de paz, de contemplación y variedades que subvertían la absurda hegemonía de las cosas que se tragan y se escupen al vuelo. Ahí estaba el entonces Sebastián Yegros, a sus 32 años, como una partícula del viento.

Maxi Yegros explica los productos ofrecidos en el "mercadito agroecológico".

Maxi Yegros explica los productos ofrecidos en el «mercadito agroecológico».

Unos años más atrás, lo conocimos a Yegros promoviendo, con la misma pasión, el software libre. La liberación del código y la fuente “era y sigue siendo muy importante. Parte de la humanidad seguimos creyendo que los bienes son comunes y otra parte cree en alambrar, patentar, especular”.

También compartió con Natasha Rolón y Ana Invanova la exposición de cine independiente. Era encontrar un lugar y convocarse a ver películas que Hollywood, encantada con las armas, la comedia empaquetada, el miedo, el morbo, el terror y los desenlaces grandilocuentes, no se imaginaría jamás producir. Por esos tiempos, las películas de Emir Kusturica estaban muy de moda en el underground. Natasha sigue, incansable pareciera, recreando circuitos alternativos de cine, con incorporación de cortos y documentales made in Paraguay. Y Ana le hace a la interpretación escénica cada vez mejor.

De Sebas a Maxi

Unos años después, Sebastián Yegros informaría a toda su gente que él había elegido llamarse Maximiliano. Su segundo nombre. Como todas las cosas emprendidas, fue muy disciplinado en la tarea. “Me llamo Maxi, no más Sebas”, se lo escuchó decir en más de una ocasión, con esa calma macerada de alguien que ha sobrevivido al punga citadino con mucha paz.

-¿En qué andas, Maxi?

Más que nada en vivir. Ser consciente de mi existencia y de muchos seres alrededor. Más en contacto con el aire puro, con la tierra, con el agua pura, con el sol, con el fuego. Todo lo demás la humanidad lo ha construido como accesorio.

Maxi en su casa, produciendo alimentos.

Maxi, en su casa, produciendo alimentos. Foto de Nicolás Granada.

-¿Te desenchufaste completamente de la tecnología?

Me he desconectado completamente. Luego de haber almacenado miles de gigas de músicas, haber trabajado como programador informático… Es un proceso personal

-Hubo un tiempo en que explorabas también sonidos. Recuerdo que (junto con Soledad Viera), ayudaste en el equipamiento de la radio del Sindicato de Periodistas y otras radios comunitarias. Te vi haciéndolo con la misma pasión con que hoy te dedicás a los alimentos.

Lo interesante es ir integrando todas nuestras experiencias. Somos seres en danza con la vida. Ahora es, para mí, imprescindible volver a lo natural. Le doy toda la importancia. Se ha desnaturalizado todo, incluida la alimentación. Se refuerzan todos los alimentos con conservantes, agroquímicos…

Esa comprensión lo ha convertido en militante de los productos orgánicos, devoto en la exploración de nutrientes de cereales, granos. Hace pastas de sésamo que se pueden consumir de aderezo, sal de semillas, frutas secas. En eso está desde que ha tomado conciencia “de que la industria de la alimentación está enfermando a la población. Nos estamos muriendo muy rápido, matando el cuerpo, sus potencialidades muy rápidamente.

Todos los jueves, en el mercadito agroecológico de Carlos A. López casi Dr. Coronel (frente al Parque) comparte sus alimentos con otros trabajadores y consumidores. Aceites, perfumes, porotos, verduras “sin la intermediación del capital y sin explotación de supermercados”

-Y en qué más estás, Maxi

Maxi y sus compañeros del "mercadito agroecológico".

Maxi y sus compañeros del «mercadito agroecológico».

Un poco de ciencia y meditación. Me ayuda mucho la autoobservación. Me ayudó mucho a aprender mi propio cuerpo y aprendo mucho de afuera.

Del barrio Sajonia, Asunción, fue a vivir en La lomita, Ñemby, en una casa que construyó con ladrillo pre cocido, adobes, paja. “No la reconocerás, Julio, ya es un bosque”, cuenta abriendo los ojos como criatura encantada con el mundo. En la casa prepara los alimentos y comparte la experiencia con la madre que le da batalla al alzheimer.

Nicolás Granada lo acompañó hasta allá. Con los sonidos de Nicolás, que acoplaremos a esta semblanza cuando el compañero termine el reportaje sonoro, les dejaremos a la imaginación vuestra recrear la casa, el bosque y el universo Maxi Yegros.

El Espacio Sajonia

Los productos de Maxi.

Los productos de Maxi. Foto de Nicolás Granada.

Casi olvidamos un dato que la gente de buena memoria reprocharía con razón. A comienzos del 2000, Maxi y Jorge Buman pusieron en práctica lo que en el under asunceno se convertiría en una leyenda: El Espacio Sajonia. Pronto se sumaría el escritor Miguel Méndez con sus ediciones «El ombligo del mundo». Luego, desde el mismo espacio, Alejandro Lanas, Juan Heilborn, Carlos Elbo Morales, Nelson Viveros, Eulo García, Patricia Duarte, Carlos Bazzano y otros «innombrables» emprenderían vuelo con la revista semanal El Jakare. Bar, música, pintura, exposiciones, literatura. Una aventura que duraría un poco más de cinco años, primero en Paiva casi Carlos Antonio López, luego en España casi EE.UU. y finalmente en Ayolas y Haedo.

 

 

 

 

 

 

Escuchá el reportaje sonoro de Nicolás Granada:

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