El referéndum es la gran pelota tata

Por Mariel Andersen

El 9 de octubre del 2011 se celebró por primera vez en la historia del Paraguay un referéndum. Los migrantes, desde el exilio económico y cultural (que finalmente es político), lograron, a través de una difícil construcción de identidad, discusión de clase, reconocimiento de ciudadanía y derechos, sensibilizar a un país que los expulsó y someter a un referéndum su derecho al voto.

Es oportuno, en este contexto, traer a colación este antecedente y esta experiencia de lucha desde un sector que se construyó como sujeto político para ejercer participación y halló en la CN la vía para un dialogo y acuerdo social sobre este tema.

Así el referéndum se constituyó en una herramienta de diálogo social, con discusiones generadas desde las organizaciones de paraguayos residentes en todo el mundo, de sus familias, vecinos, amigos y organizaciones a quienes se les invitó a visualizar la injusta exclusión y a llevar adelante esa reivindicación dentro del país.

La enmienda en esa ocasión afectó al Artículo Nº 120 de la Carta Magna e incorporó la posibilidad de que los paraguayos residentes en el exterior voten en los comicios generales. El pueblo debía votar por el SI o por el NO a la enmienda de este artículo, enmienda que corregía la exclusión.

El referéndum, a pesar del constante acoso y los intentos de control ejercido por la Justicia Electoral (aparato diseñado para garantizar una participación limitada y conveniente a los poderes y garantizar la hegemonía del partido más poderoso), se ha experimentado como una celebración democrática. La ciudadanía migrante se apropió de ese mecanismo y lo construyó legítimamente como herramienta.

Hoy, más allá de la definición técnica de lo actuado por el cartismo, el FG y otros como Golpe o no Golpe, se ha maniobrado para forzar el camino hacia un referéndum embanderando la democracia (reducida a lo electoral), con la consigna dulce de que el pueblo decidirá. Decidirá sobre algo que no ha demandado, decidirá sobre algo que no ha discutido, decidirá sobre algo que no sabe; o sea, no decidirá. Más bien estos sectores nos obligarán a legitimar maniobras poco transparentes y anticonstitucionales.

Sin embargo, los defensores de esta confabulación ya no discuten la cuestión de la anticonstitucionalidad de la enmienda1 para este caso, se lo coloca en segundo o quinto plano al derivar en el pueblo una enmienda cocinada entre 25 personas, impone el referéndum al pueblo transfiriendo una pelota tata para que éste lo apague en las urnas y todo vuelva a la normalidad. La normalidad de una democracia electoral mucho más macabra y peligrosa que antes.

Se modificaron varios artículos del Capitulo II, se incluyen y alteran artículos, sin consulta ni más reflexión que la que hicieron las personas interesadas, una enmienda a medida de unos pocos. Es grave, es decir, la enmienda realizada no es honesta, los artículos modificados no son honestos, tienen un alcance crucial para nuestro débil sistema democrático. No son “inocentes” tal como aquel modificado en la enmienda del 2011, al contrario. Sin olvidar que se trata de artículos sensibles en la memoria, con carga de sangre, tortura, muerte, pobreza, puesto ahí para salvaguardarnos mínimamente de eso que no se derrocó en el 89, la estructura autoritaria y caníbal del coloradoestronismo. Bien sabemos que esta estructura siguió enquistada en el poder todo este tiempo. Y así nos va.

No es liviano equiparar la democracia al acto eleccionario. Jorge Lara Castro, luego del golpe de 2012, mientras rejuntábamos nuestros pedacitos y velábamos al embajador Gabriel Enciso López se preguntaba: “Cuál es la dimensión política de la democracia? La respuesta es que la democracia en Paraguay, en su historia de autoritarismos y dictaduras, adquirió un concepto muy limitado. Pensar la democracia como igual a procesos electorales y aplicar ese modelo sin ninguna referencia o experiencia democrática a costado al Paraguay una difícil y sangrienta construcción de su democracia. Más bien, ha consolidado un modelo diseñado en función del poder oligárquico, convirtiendo el periodo de transición en sucesivas legitimaciones.

El ciudadano constitucionalmente libre, históricamente excluido, en el momento del voto retorna inmediatamente a su condición servil al transferir su poder colectivo a los representantes del poder oligárquico”2

La justicia electoral se constituye en el órgano de ejecución y guardián de esa legitimación, y los mecanismos constitucionales son interpretados hoy a conveniencia de esos poderes económicos para apropiarse de la voluntad colectiva. (En este caso, esta propuesta de enmienda va de la ANR al Senado bis, de ahí a la “mesa de diálogo”, de ahí la bendición de la Iglesia Católica, de ahí a Diputados, de ahí a la Justicia Electoral de ahí se le enzoqueta al pueblo, del pueblo a la Justicia Electoral y de ahí…)

En todo caso, la modificación de los artículos de la CN en cuestión3, merece mayor discusión, y el pueblo merece participar de esa discusión. La Reforma Constitucional podría ser, a duras penas pero sí, podría ser una oportunidad para dar un salto cualitativo hacia una mayor participación y mayor justicia social. Hoy no es 1992. Y me arrogo la prepotencia de decir también lo que supuestamente quiere “la gente”, la gente está podrida de ciertas prácticas, podrida de ser utilizada y podrida de que todos sepan, por la gente, lo que quiere la gente.

1 La CN en su artículo 290 especifica que «No se utilizará el procedimiento indicado de la enmienda, sino el de la reforma, para aquellas disposiciones que afecten el modo de elección, la composición, la duración de mandatos o las atribuciones de cualquiera de los poderes del Estado«

2 J. L. Castro 2012. Conferencia post golpe parlamentario. Buenos Aires.

3 La Constitución Nacional en su artículo 229 «De la duración del mandato» dicta cuanto sigue: «El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el 15 de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso».

Comentarios

Publicá tu comentario