El reencuentro y la reedición bipartidista

Por Carlos Verón de Astrada

A juzgar por el discurso de Horacio Cartes el 3 de noviembre pasado, que probablemente haya sido el más políticamente pensado,  queda claro que existe el intento de la recuperación del partido Colorado por parte del gobierno. A la luz de la corta experiencia del mismo, se ha visto que el principal escollo para la gobernabilidad fue la incompatibilidad entre el histórico modelo prebendario del Partido Colorado y el proyecto tecnocrático “modernizador” de Cartes de apertura al capital transnacional. Parece ser que este se convenció por fin de que si quiere sustentarse en una estructura partidaria sólida, tiene que reeditar el modelo prebendario y autoritario en que se afianzó la dictadura de Alfredo Stroessner y a su vez afianzó al Partido Colorado.

En  una revisión ligera de nuestra magra historia política, se puede apreciar que existe una relación directa entre la constitución del Partido Colorado como potencia política con Stroessner. Con auspicios imperiales, Stroessner logró montar una estructura que se expandió por todo el territorio de la república con  más de 200 seccionales y miles de subseccionales que se convirtieron en focos de control social implementados con prebendas y represión.

Si se quisiera utilizar esa misma estructura y allanar la gobernabilidad, había que reeditar el modelo stronista. De esa forma, superar las fricciones que dieron lugar a grietas con “disidencias” que no eran más que  las expresiones de reclamos por recuperar los espacios de poder (típicos del stronismo), que se fueron perdiendo con Cartes en un “divorcio” poco sostenible.

No es casual que ese intento verbalizado en un acto político en el este del país, se haya realizado en la fecha del cumpleaños del dictador.

En el discurso de marras, volvieron a aparecer los símbolos de la identificación del dictador con el partido. “Vamos a teñir de rojo el país” (antes se decía de colorado);  “El mejor amigo de un colorado, es otro colorado”; “celebramos la unidad del partido”; “Los únicos que hacemos obras somos los colorados en el gobierno”;” Solo la ANR salvará al país”; “Esta es una fecha feliz”; “Hoy se quejan muchos de los que se beneficiaron con las obras de esa época”. Y para completar el espectáculo, un elemento que se constituyó en una impronta recurrente: la hurra desde la platea, en que se exalta la “unidad granítica del Partido Colorado”.

Se puede afirmar que aquí no hubo exabrupto, hubo una verbalización que expresa sin tapujos el anuncio del camino del reencuentro entre un presidente que comprando el Partido Colorado, usó su signo político para llegar al poder, y hoy se da cuenta que para sostener su gobernabilidad, debe reencontrarse con su base de sustentación como es un partido que a su vez se sustenta en la prebenda, convocándose en torno a su figura. Un trillado modelo  que sometió al país por tres décadas y media en la dictadura más nefasta que conoció su historia.

Este proyecto sin embargo debe considerar el escenario regional. Escenario que ahora mismo está bastante enrarecido.

Nada en la historia se repite, aunque como un alemán de gran barba como su talento, alguna vez dijo que a veces se repite “una vez como tragedia y la otra como farsa”.

Esperemos que  esto que estamos viviendo desde el 2013, que de farsa tiene de sobra, no nos conduzca a una situación que exacerbe las tensiones, hasta conducirnos a una insostenible tragedia.

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