El pueblo no tiene por qué demostrar que el agrotóxico es insano, afirma investigadora

En el caso de existir dudas sobre el efecto de los agrotóxicos se debe suspender su uso, por precaución, dice la médica investigadora Stela Benítez Leite. “Es el Estado o las industrias los que deben demostrar que no dañan, no el pueblo”. Acá, la entrevista de Magalí Casarteli.

Semanas atrás el ministro de Agricultura y Ganadería, Jorge Gatini, había expresado que nunca recibió una denuncia seria acerca de los daños que agrotóxicos generan en la salud, y que los campesinos están acostumbrados a faltar a la verdad. Desafió a los campesinos a que demuestren el daño del que hablan. De este y otros asuntos relacionados conversamos con la doctora Stela Benítez Leite, pediatra con varios trabajos de investigación sobre los transgénicos, agrotóxicos y efectos en la salud humana quien, además, realizó para el Serpaj Paraguay una revisión bibliográfica acerca de los plaguicidas y efectos sobre la salud humana.

Stella Benítez Leite, investigadora de usos de plaguicidas.

Stella Benítez Leite, investigadora de usos de plaguicidas.

-¿Los agrotóxicos  hacen o no daño a la salud humana?

Los agrotóxicos o agroquímicos son necesarios para el control de las plagas, pero claro que producen daño, en toda la esfera de la vida humana. Desde los seres humanos, la biótica acuática… en todo el ámbito.

-¿Quiénes son los responsables de probar si hacen daño?

En el uso estricto de los cultivos extensivos que utilizan una metodología nueva, ellos son quienes deben demostrar que no daña a la salud. No nosotros, o el pueblo. Es el Estado o las industrias que están fomentando este tipo de cultivo son quienes deben asegurarnos que no hace daño a la salud.

 -Enfermedades crónicas y enfermedades agudas,  ¿qué relación tienen con los agrotóxicos?

 Los agrotóxicos o agroquímicos pueden tener un efecto inmediato, esos son los agudos. Esos efectos pueden ser de los más leves como dolor de cabeza e ir in crescendo como lesiones en piel, problemas respiratorios hasta convulsión, pérdida de la conciencia, encefalitis y muerte. Esto por sus efectos agudos que depende de la cantidad y del grado de exposición y de la clasificación del agrotóxico. No olvidemos que los agrotóxicos están clasificados por sus efectos agudos y no por sus efectos crónicos. Y desde el punto de vista de los efectos crónicos hay mucho todavía por decir. Se necesita de mucho, mucho tiempo. Voy a referirme solo al uso de los órganos clorados que en 1960 se decía que era lo más noble, era menos dañino que la sal cuando que después se prohibió su uso porque se demostró que tenía efectos muy dañinos a la salud humana.

Entonces, no todos los efectos potencialmente crónicos pueden ser demostrados inmediatamente, y estos efectos son varios, como trastornos de la fertilidad o abortos espontáneos. Hay trabajos en animales de experimentación que demuestran claramente que dan malformaciones congénitas, otros trabajos donde se muestra la formación de tumores o cáncer. Entonces, como los estudios del mayor nivel científico que son los ensayos clínicos aleatorios no pueden ser realizados en seres humanos, porque no podemos experimentar con agrotóxicos y seres humanos, eso se hace en animales de experimentación y ahí es que no podemos demostrar en forma directa la causa-afecto, sí en forma indirecta. Y entre los efectos crónicos el cáncer es uno de los que más preocupan. En nuestro país es la segunda causa actualmente de mortalidad. La primera son las enfermedades cardiovasculares como en todo el mundo.

Principio de precaución

Dados todos los avances tecnológicos hay que tener cuidado de aplicar por aplicar. En este caso, cuando existe controversia científica; es decir, cuando un grupo de investigadores demuestra daños a la salud y otro grupo dice que no, eso es una controversia científica. Hasta aclarar eso, se debe aplicar el principio de precaución. Eso significa que aunque nos lleve 10, 20 o 30 años para tener claro el panorama de que no provocan daño a la salud, esos agrotóxicos no deben ser utilizados. Creo que acá en el país necesitamos redefinirlo con los legisladores, los académicos y toda la ciudadanía.

-En enero el gobierno de Cartes aprobó la licencia del maíz transgénico NK603. Un caso de controversia científica

Seralini (científico francés) lo que demostró siguiendo por mucho tiempo el ciclo vital de las ratas  y lo hizo poniéndolas en tres grupos. Un grupo ingería ese maíz, otro el maíz común y otro que no ingería ninguno. Lo que demostró es que las ratas que ingerían ese maíz tenían mayor propensión a tumores. Solo que después un grupo de investigadores descalificó el trabajo de Seralini, dijeron que tenía dificultades metodológicas y esto hay que decirlo porque de alguna u otra manera uno lo escucha. Creo que en esas declaraciones de otros científicos se basaron para agarrarse y descalificar el trabajo de Seralini. Pero hay que leerlo in totum (completo y no una parte) porque ese maíz fue aprobado con otro grupo de investigadores y que solo siguieron 9 meses (la investigación). En otras palabras, en realidad no está todo claro y con más razón es cuando debemos aplicar el principio de precaución y no utilizar nomás. En este caso, con más razón, se demuestra la controversia científica.

-Ante el hermetismo y secretismo de las aprobaciones, cuál es la responsabilidad de las organizaciones sociales

Creo que es deber de todos los seres humanos comprometernos con la vida, con el futuro de nuestra descendencia. Y si el Estado maneja estas cosas con secretismo, es tiempo de que nosotros le exijamos todo lo contrario. Que no aceptemos este tipo de actuación.

Fuente: Serpaj Py.

 

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