El peligro del otro

El golpe de estado del 22 de junio del 2012 entre otras cosas, derrumbó con una patada la aun endeble estructura que se estaba erigiendo para sostener el respeto a la diversidad en Paraguay.

El uniforme «caqui» de la policía se cambio tras el golpe parlamentario. Foto: Mónica Omayra.

Con una assustadora potencia desde el 2008 con la victoria de un outsider para la presidencia de nuestro país por primera vez en 200 años de vida nacional, se asomaba la presencia amenazante de los otros: los diferentes.

El bicentenario de la gesta independentista de la colonia española nos recordó cuan poco inclusivos hemos sido como sociedad en éstos 200 años; el Bicentenario en nuestro país se instaló con un sentido de «fiesta», olvidando la reflexión y la resignificación de varios elementos de nuestra historia y nuestra sociedad. Fiesta que exaltó formas recalcitrantes del patriotismo nacionalista (multitudes enaltecidas salieron a desfilar al son de marchas militares vistiendo viejos uniformes de secundaria).

Al ver esto los que siempre administraron el poder recordaron que la hegemonía de la intolerancia seguía regia y soberana, como el dispositivo más eficiente para conservar el stattu quo y a menos de un año la tímida instalación de la idea de la diferencia sufría uno de los peores atropellos del autoritarismo más excluyente.

El golpe de estado del 22 de junio del 2012 entre otras cosas, derrumbó con una patada la aun endeble estructura que se estaba erigiendo para sostener el respeto a la diversidad en Paraguay.

Los derechos culturales como soporte para la diversidad

Los derechos culturales en Paraguay están establecidos en el texto de 20 artículos de la CN, 18 Convenios y Tratados internacionales ratificados y 11 leyes nacionales.

Toda está normativa relativa a cultura organiza el corpus de los “derechos culturales” en Paraguay y su aplicación conlleva el establecimiento de una política cultural estatal.

Los derechos culturales son básicamente los derechos que tenemos los individuos en solicitar que las sociedades respeten y reconozcan nuestras particularidades y diferencias de comportamiento y expresiones; implica el respeto por a la diversidad. Los derechos culturales conforman el conjunto de los derechos humanos.

Las políticas culturales trabajan el subjetivo y complejo campo de los contenidos simbólicos de una sociedad, abordando sobre las expresiones estéticas, los hábitos y usos cotidianos, las historias, los  signos que legitiman categorías para ese colectivo humano.

La tarea de desarrollar una política cultural demanda la construcción de una institución que cuente con los requerimientos necesarios, para llevar a cabo tan complejo trabajo, obliga al Estado paraguayo la tolerancia hacia la diversidad de su población.

El Estado paraguayo en éstos años de revisión, desde la caída del dictador Alfredo Stroessner ha ido lenta, muy lentamente incorporando nuevos ámbitos para la aplicación y el establecimiento de sus deberes, uno de esos ámbitos constituye el de las políticas culturales.

Sabemos que la institución encargada de implementar las políticas culturales del Estado adquirió autonomía recién en el 2007 con la Ley 3051/06 y que su presupuesto cobró cierta significación cuantitativa recién en el 2010.

La administración de otro repertorio

Entre la herencia de una historia de guerras y de dictadura militar, está un repertorio simbólico restricto y restrictivo, que proyecta y administra una identidad nacional.

Rigurosamente determinado ese repertorio estaba constituido por los símbolos patrios, ellos narraban y representaban una única e indivisible historia nacional, donde las diferencias no tenían espacio, ni posibilidad.

Los símbolos patrios no representaban a los ciudadanos desobedientes, los símbolos patrios no identificaban la disonancia, los símbolos patrios eran incuestionablemente sagrados; ello permitía una sociedad convocada y dirigida desde una sola palabra: soberanos.

Habilitar este horizonte establecido por una “identidad nacional” constituye el peligro inminente de lo diverso, lo desconocido, lo ingobernable. Ante una ciudadanía uniforme toda diferencia que asoma se torna amenazante.

La idea de que todos los diferentes somos iguales y además, potadores de los mismos derechos ciudadanos, resulta insoportable  a la hora de cumplir con los deberes y roles de la administración de la cosa pública. Los sectores de nuestra población históricamente invisibilizados por los símbolos patrios: los indígenas, los campesinos, los artistas, entre otros, constituyen el bolsón más subversivo con su fastidioso hábito de la re creación constante, de la re significación permanente, generan un terreno demasiado movedizo para los administradores de la uniformidad.

Quizás uno de los mayores pecados de la administración del Gobierno de cambio fue precisamente señalar la posibilidad de que éstas fronteras se amplíen, de que aquel repertorio simbólico que nos representa e identifica como paraguayos y paraguayas pueda contener mundos imaginarios diferentes, validos con iguales derechos.

Nuevamente aquellos que elaboran constantemente sentidos, discursos, formas han sido relegados al sitio marginal de la locura. La sorpresa y el desafío será convertir ese sitio marginal, al cual ya estamos acostumbrados, en trinchera de resistencia creativa con la complicidad del canto y la palabra.

22 junio 2013

obs: assustadora: del portugués assustador: que da miedo.

Outsider: del inglés forastero. Aplicado al sentido de forastero de los ámbitos tradicionales de la política local.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Publicá tu comentario