El Paraguay que nos espera con Cartes como presidente

Opinión. «Cartes, un candidato bastardo».

Horacio Cartes, durante uno de los debates de Cerneco y Dende. Foto: Perfil de Facebook del Candidato.

Frente a la derrota en el 2008, el partido colorado se vio obligado a pactar un acuerdo con Horacio Cartes, el único capaz de sacarlo de la crisis, no por su liderazgo sino por la fortuna que posee. Cartes no es un militante colorado típico, pero tiene suficiente dinero para financiar la campaña electoral del partido que más convence por la cotización de los votos que por su ideario político. Es un advenedizo en la política, prueba de ello es que va a votar por primera vez en unas elecciones en que precisamente es el candidato con mayores chances. La política nunca ocupó su agenda, excepto ahora que los colorados le abren la posibilidad de ampliar su nada despreciable fortuna. La Asociación Nacional Republicana, centenaria organización, profana así sus tradicionales y apela a un candidato casi bastardo para recuperar el poder, el partido donde la tradición es un sagrado postulado propone a un candidato sin ninguna tradición partidaria. La candidatura de Cartes surge así de un pacto oligárquico, que no está sustentado en un proyecto político, sino en un acuerdo entre una clase política marginada del poder y un empresario devenido a político que busca aumentar sus ingresos. Un pacto de origen espurio, casi al estilo de la mafia, que en ciertas circunstancias negocia con una banda enemiga por necesidades de supervivencia mutua.

El día después

A los colorados y a Cartes nada sustancial los une, excepto el interés de ganar las elecciones. Para sus promotores (Galaverna, Afara, etc.) Cartes es un candidato utilitario con fecha de vencimiento: el 21 de abril, día en que si gana, habrá cumplido la tarea. Las disputas por el poder y las conspiraciones en su contra se desencadenarán ese mismo día, si es que ya no empezaron. O sea, sus mayores enemigos van a ser los caudillos del partido que hoy le postulan para el cargo más importante del país. Hoy Cartes es el ser más sublime para los políticos colorados, pero desde el 22 de abril será probablemente el más molestoso.

Los brazos liberales

La supervivencia de Cartes como presidente dependerá de su habilidad en repartir prebendas, y tendrá que construir su propio poder con los parlamentarios colorados, muy elásticos a la hora de recibir alguna ración para su suerte. Pero siempre tendrá en frente a los antiguos caudillos que buscarán el premio mayor. En ese escenario podría recurrir al auxilio de su amigo Blas Llano, presidente del partido liberal y futuro senador. Cartes es financista de las carreras de rally de Llano, y se sospecha que fue también el principal financista del golpe contra Fernando Lugo, y que el político liberal habría actuado a sus órdenes para consumar el golpe.

Cartes, de ser presidente, y frente al hostigamiento de los caudillos colorados, se verá obligado a reeditar seguramente un nuevo pacto de gobernabilidad con la oposición conservadora, una operación relativamente fácil, teniendo a un aliado-empleado como presidente de los liberales.

Paraguay, un país de bolsillo

Horacio Cartes, desde donde se lo mire es un candidato ilegitimo, pero tiene comprada a toda la dirigencia colorada y al presidente del partido liberal, que no es poca cosa advirtiendo la importancia de estos dos partidos tradicionales. Ya lo dijo hace algunas semanas: “Soy capaz de poner plata de mi bolsillo para gobernar sin que los políticos me molesten”, demostrando la concepción que tiene del Estado, una factoría privada, que puede administrar según su voluntad, una especie de la teoría absolutista de Luis XIV, el “Estado soy yo”, y al Estado lo manejo de acuerdo a la disponibilidad de mi bolsillo. Cosa no muy alejada de la realidad, considerando que su maratónico ascenso hacia el poder no se debe a alguna virtud personal, sino a la exclusiva generosidad de su bolsillo.

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