El Paraguay colonizado

Reflexiones a propósito del primer aniversario de la victoria electoral de Horacio Cartes y la militarización norteamericana.

El contralmirante George W. Ballance, director de Cooperación en Seguridad del Comando Sur, y el ministro de Defensa paraguayo, Bernardino Soto Estigarribia. Foto: semanariovoz.com.

El contralmirante George W. Ballance, director de Cooperación en Seguridad del Comando Sur, y el ministro de Defensa paraguayo, Bernardino Soto Estigarribia. Foto: semanariovoz.com.

¿Qué fuerzas poderosas hicieron que Horacio Cartes llegue a la presidencia de la República? Entre los hechos más evidentes resaltan el golpe parlamentario del 22 de junio de 2012 y, por supuesto, el inmenso caudal de dinero sucio que detenta.

Como antecedente de la gestación del golpe, es un hecho a destacar la negativa del gobierno de Fernando Lugo de prorrogar la “cooperación” militar norteamericana en nuestro país. Ante esto cabe preguntarse si la mayor potencia militar del mundo iba a resignarse dócilmente a perder una de sus principales bases en América del Sur.

En la apertura de este camino de Cartes a la presidencia, es preciso reconocer la pávida abdicación de Lugo de reconocer el viciado juicio político, a pesar de tener el apoyo de todos los países de la región. Aunque el endeble gobierno del actual senador jamás planteó cuestiones centrales en cuanto a cambios económicos, la banca internacional y los terratenientes veían con recelo a un mandatario que promovió mensuras judiciales y destrucción de cultivos transgénicos no aprobados.

Esto sin desconocer la responsabilidad de ciertos sectores políticos, confundidores profesionales, que intentan llevar agua a su molino con las marchas y contramarchas, huelgas de hambre y otras medidas de innegable legitimidad.

Pero insistiendo en los factores geoestratégicos, la operación se dio en un contexto en que se observaban importantes cambios políticos, económicos y militares en varios países de América Latina, como el Consejo de Defensa Suramericano, creado por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), y el Consejo de Paz y Seguridad, para garantizar la paz regional. Hay que recordar como uno de los principales avances en este sentido que en una cumbre de Unasur, realizada en Bariloche el 28 de agosto de 2009, se planteó una campaña por el desmantelamiento de las bases militares norteamericanas en la región.

Es necesario insistir en que el imperio jamás iba a renunciar a las bases que posee en el corazón de América Latina. A través de las instalaciones militares norteamericanas en Paraguay, de distinto uso y magnitud, circulan sus tropas y sistemas de vigilancia.

Juguetes de guerra

La ingeniera geógrafa Rina Bertaccini menciona algunas de ellas como el edificio/destacamento de la Drug Enforcement Administration (DEA) en Pedro Juan Caballero y la Base Militar en Mariscal Estigarribia, Chaco paraguayo. Esta instalación cuenta con una pista de aterrizaje de 70 metros de ancho y 3.800 de largo, constituyéndose en el más grande y en mejor estado del país. Aquí los EE.UU. pueden bajar sus juguetes de guerra para tener a tiro a los países que rechazan seguir sujetos a su tutela.

En la Embajada en Asunción, una colosal trinchera urbana de 6 hectáreas, llegan todas las informaciones de los países vecinos y de aquí se derivan a los despachos diplomáticos y a los órganos de inteligencia de Washington. En su mayor parte ignoramos qué guardan tan celosamente en sus confines, teniendo en cuenta tan solo que la muralla sobre la calle Kubistchek costó 8 millones de dólares.

Simplificando, Horacio Cartes es otro más de los gánsteres puestos por el imperio para disponer a su antojo de nuestro país. El actual mandatario es otro más entre los salpicados por narcotráfico que hacen de caballo de Troya del imperio, al decir del politólogo Atilio Boron. Así como Andrés Rodríguez, utilizado para derrocar a su consuegro Alfredo Stroessner cuando este no quería soltar el poder, Cartes es otro “blanqueado” entre los peones de dudosa procedencia ungidos por el gendarme mundial.

«Emergencia climática»

El Comando Sur se instaló en el Norte para colaborar en un supuesto plan de "emergencias climáticas". Foto: Última Hora.

El Comando Sur se instaló en el Norte para colaborar en un supuesto plan de «emergencias climáticas». Foto: Última Hora.

Para completar nuestro camino a la colonización, en el departamento de San Pedro se inauguró en febrero de este año una base de operaciones del Comando Sur para un supuesto plan de ayuda en casos de “emergencia climática” con un “Centro de Operaciones de Emergencias (COE)”. Esto precisamente en una de las zonas donde hay mayor contestación y resistencia al agronegocio, predominantemente compuesto por el capital norteamericano a través de firmas como Monsanto, Cargill y ADM.

Para coronar la dependencia, hace poco se anunció con orgullo que el Ejército paraguayo llevará el mismo uniforme camuflado que utilizan los soldados norteamericanos.

En definitiva, Cartes representa la aceleración de un modelo extractivista de concentración que apela directamente al factor militar para dirimir los desequilibrios producidos por el agribusiness. Como muestra más clara basta mencionar la militarización en el Norte, con la aplicación de una política de terror para ahondar un modelo que nos convierte en extranjeros en nuestra propia tierra.

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