El “Nuevo Rumbo” de HC y el coloradismo fascistoide

Horacio Cartes, en su afán de controlar a su arbitrio el proceso económico del país, es hoy la expresión desembozada de una voluntad de entrega de los bienes públicos a los intereses capitalistas locales e internacionales. Para el logro de sus fines, ha puesto en marcha un aparato político de represión que en nada se diferencia del sistema dictatorial de Stroessner. 

Momento en que los antimotines empiezan a arremeter contra los manifestantes: Foto: Charizard.

Vuelven a mi memoria las imágenes de aquellos días de 1959 en que la policía de Alfredo Stroessner atropellaba con sus caballos y sus gases lacrimógenos a los estudiantes insurgentes que denunciábamos a la dictadura y sus aparatos represivos. ¡Hace más de medio siglo!

¿Qué ha pasado en el Paraguay desde entonces? La dictadura cayó en 1989 abatida por un general narcotraficante, oportunamente blanqueado por el poder imperial. El Partido Colorado siguió detentando el poder bajo una máscara seudodemocrática que no disimulaba la corrupción y la prepotencia establecidas durante treinta y cinco años de brutal despotismo fascistoide.

En 2008 el pueblo, harto de la mierda política, votó por una alternativa más prometedora. El nuevo gobierno, encabezado por un obispo sin experiencia política y de borrosa e inestable ideología, acosado por un Partido Liberal ávido de poder y cómplice de los herederos de Stroessner, cayó sin culminar su mandato. De por medio, la matanza de Curuguaty, montado por técnicos en golpes de Estado, de larga experiencia en dictaduras como las de Pinochet y Videla. Siguieron unos meses delirantes, en que vimos a los políticos de la nueva clase saqueando con avidez demencial las arcas del Estado y dando lugar al retorno del fantasma autoritario.

Y así, de pronto, emerge la insólita figura de un opulento empresario de oscuros antecedentes delictivos, también vinculado ―conforme a diversas publicaciones locales e internacionales―  a la mafia de la droga y al contrabando. El nuevo presidente había conseguido, con mucha plata de por medio, según dicen, que lo aupara el viejo Partido Colorado stronista. Nada de qué sorprenderse: en el último tramo del siglo XIX, ya el fundador del Partido, el general Bernardino Caballero, había despojado al país de las tierras públicas y de los antiguos yerbatales, entregándolas a la Industrial Paraguaya y a Carlos Casado. Esos territorios pasaron a ser los más grandes latifundios de América, y lugar de la más feroz explotación esclavista de campesinos e indígenas.

Los yerbatales de La Industrial y los quebrachales tanineros de Casado perdieron valor y posteriormente fueron sustituidos por los sojales que hoy desertizan vastos territorios del país, expulsando de sus tierras ancestrales a campesinos e indígenas. Al mismo tiempo, emergía el poder narco, de notoria constitución criminal. La vieja oligarquía ha venido a coincidir con sojeros, narcos, transnacionales e imperialismo en una cacería de referentes campesinos que ya se ha cobrado centenares de vidas en los últimos años.

Horacio Cartes, en su afán de controlar a su arbitrio el proceso económico del país, es hoy la expresión desembozada de una voluntad de entrega de los bienes públicos a los intereses capitalistas locales e internacionales. Para el logro de sus fines, ha puesto en marcha un aparato político de represión que en nada se diferencia del sistema dictatorial de Stroessner: allí están las expresivas imágenes del enfrentamiento y persecución de manifestantes, con un saldo importante de heridos y contusos.

He aquí el neoliberalismo en acción, el capitalismo que traerá “bienestar” al Paraguay. ¿Cuándo? El dolor paraguayo, denunciado por Rafael Barrett hace más de cien años, se ha perpetuado y seguramente se consolidará si no se reacciona a tiempo.

Pero el ignorante y prepotente HC, sostenido por un partido corrupto hasta la raíz y asesorado por técnicos de la sangrienta dictadura de Pinochet, ha empezado a inquietarse. Las manifestaciones multitudinarias en la capital y en puntos neurálgicos del país no las esperaba. De ahí que haya lanzado contra los manifestantes del 28 de octubre sus brutales fuerzas policiales represivas. Un día de estos los veremos huir, en  pánico, a él y a los políticos que traicionan a los intereses populares.

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