El Nobel para Batman. Aportes para una crítica al eurocentrismo

Hollywood, la Unión Europea y las narrativas colonizantes de Occidente.

 

Pintura «El mestizaje» del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamin. Fuente: lavozactiva2011.blogspot.com

Las primeras narraciones que los exploradores europeos realizaron sobre las tierras americanas invadidas describían a los habitantes de este continente como seres mitológicos, con características físicas que fusionaban lo humano y lo animal, y desplegaban la imaginación para construir seres salidos de los mejores relatos de ciencia ficción contemporáneos. Incluso, cuenta Eduardo Galeano, Pedro Martín de Anglería escribió la primera historia de América sin nunca haber pisado este territorio. Y aunque nos resulten anecdóticas estas historias y sintamos la tentación de explicarlas desde el “temor ante lo nuevo” que vivieron los primeros europeos que pisaron las tierras hoy llamadas latinoamericanas, no podemos pasar por alto sin hacer un minucioso análisis de por qué surgieron esas representaciones sobre los habitantes de este continente y que tan vigentes pueden estar.

En los “retratos” que los explorados europeos construían sobre el continente supuestamente descubierto por ellos, se descubre la matriz colonizadora de negar al otro para afirmar al yo europeo, es decir, Europa y todos los imaginarios que se han construido sobre Occidente – imaginarios asociados a la ciencia, vanguardia tecnológica, alta cultura – únicamente son posibles en la medida que se construya un “otro” subsidiario e invisible en los discursos e instituciones oficiales.  La razón se convirtió así en una práctica de poder para trazar el territorio de la desigualdad social. Por ejemplo, Hegel, el máximo representante del idealismo alemán,ubicaba a América en el conjunto de los “pueblos sin historia” ya que la razón no se había desplegado y situaba a Europa como el lugar donde se tejía la Historia consumada de la humanidad.

La Modernidad construyó un régimen de verdad fundado en la exclusión. Las pretensiones de universalidad y autonomía humana en base de la ciencia y la tecnología, implicaban a su vez el autosometimiento del hombre y la construcción de sujetos periféricos que no “encajaban” en los discursos hegemónicos. Así, nociones como progreso, desarrollo, evolución sirvieron para reafirmar a Occidente como el lugar donde la Historia debería confluir y donde los demás pueblos, más allá de los consensos, tendrían la obligación de transitar.

El proyecto occidental de la Modernidad posee un lado oscuro y obsceno que es la colonialidad entendida como la anulación del otro, de aquel diferente al “yo europeo”, y se expresa en las representaciones  que entrañan jerarquía (blanco/negro,  europeo/americano, hombre/mujer, urbano/rural, adulto/joven). Se atribuyen atributos esenciales a un sujeto o un colectivo por el hecho de ocupar cierto lugar geográfico. La metafísica aristotélica al servicio de la producción de desigualdades. El proyecto colonial también se manifiesta en las prácticas de ejercicio de poder y de a quienes se incluye y excluye en los espacios habilitados para la toma de decisiones. Y además, en el ámbito del saber también opera la matriz colonial puesto que frente al discurso hegemónico de la ciencia y la tecnología, los conocimientos ancestrales y populares son catalogados de “mito” y construcciones ilusorias de la realidad. En resumen, la colonialidad se manifiesta en el ámbito del ser, del poder y del saber (Aníbal Quijano).

Es preciso comprender que no se trata de una falla en la aplicación de las teorías o de la mala fe de los conquistadores, sino de la dinámica interna del propio proyecto de la modernidad que en su seno albergaba prácticas de colonialidad, es más, son las prácticas de opresión las que fundamentan el discurso racional y emancipador de la modernidad europea. Sin la construcción de las periferias, el centro no se hubiera sostenido como tal.

En términos psicoanalíticos se dice que el síntoma es una falla en el sujeto que revela la verdad del mismo. Un acto fallido, una palabra mal pronunciada, un chiste, el sueño son anuncios de que en lo más profundo del sujeto hay un quiebre y que en esa fisura podemos encontrar la verdad del sujeto. Hacemos alusión a esto para decir que la colonialidad es ese síntoma del proyecto de la modernidad que revela la verdad de la misma y en palabras de Adorno y Horkheimer podríamos decir que “hoy la tierra es testigo de esta fatal calamidad”.

Las teorías poscoloniales afirman que los procesos de colonización no terminaron con los movimientos independistas del siglo XIX – y que actualmente ha dado lugar a celebraciones por el Bicentenario de la Independencia en varios países de Latinoamérica –  sino que continuaron por otros mecanismos y dispositivos de dominación de los cuales el capitalismo ha resultado el más eficaz. En este momento, por las limitaciones de nuestro texto, no queremos profundizar más en este campo, tan solo enunciar que hoy en día las prácticas poscoloniales de dominación no pueden ser entendidas sin el capitalismo y que la hegemonía del mismo ha construido un Sur donde habitan todos los pueblos y países víctimas de este proceso de crecimiento y de acumulación inequitativos de bienes.

Para terminar, queremos centrarnos en el ámbito de la cultura para analizar la presencia de los imaginarios coloniales. La cultura entendemos como aquel espacio de intercambio de representaciones simbólicas que organizan nuestra realidad y donde se dan disputas por el poder y por alcanzar la hegemonía, en otras palabras, la cultura antes que ser un territorio blando y celebrativo es un sitio de confrontación social. Sabemos que el ser humano no tiene un acceso directo de la realidad, sino que la misma está mediada simbólicamente y de ahí que la cultura organiza nuestro modo de habitar en el mundo.

Desde la perspectiva que venimos desarrollando, la hegemonía colonizadora de occidente se halla presente en la cultura y para esto tomaremos dos casos distintos en su campo pero que pueden ser leídos como instrumentos de construcción hegemónica.

Nobel de la Paz 2012.  Curiosamente el anuncio de los ganadores del Premio Nobel de este año fueron anunciados un 12 de octubre, fecha que marca el inicio de la etapa colonial de Europa en América, y resulta curioso porque quien salió adjudicado con dicho premio fue la Unión Europea la cual en esta época está atravesando por una fuerte crisis financiera, de la cual no ha logrado salir y donde  la aplicación de las políticas neoliberales están trayendo un descenso en la inversión social y la cobertura de los servicios básicos para los ciudadanos. A lo cual debemos añadir la alta producción de armamento que la UE tiene y los casos de violación a los derechos humanos en lo que política migratoria se refiere.

Si el Nobel es un galardón para encontrar referentes mundiales que orienten a la humanidad en la construcción de mejores sociedades, en este momento la Unión Europea no es el mejor testimonio. ¿no hubiese sido más sensato reconocer a los movimientos contrahegemónicos como “los indignados” en su búsqueda de justicia y así respaldar su lucha social? ¿no es acaso este Nobel un premio para que en medio de la crisis crear una imagen de estabilidad y de vanguardia de la UE? Ciertamente resulta presuntuoso entregar semejante premio en medio de una época de incertidumbre para la UE, quien está en vilo que no estalle otra crisis en otro país europeo y que las medidas de ajuste financiero resulten efectivas para la macroeconomía (porque la microeconomía sabemos que será difícil recuperarse) y mucho más con los altos índices de paro que en este momento España atraviesa.

No siempre lo que es bueno para el mercado es bueno para la gente y en el ámbito de lo simbólico un premio así no viene más que a reafirmar el punto de vista europeo sobre la crisis, o para decirlo más precisamente, es un punto de vista que no se mira a sí mismo como una parcialidad sino como una totalidad capaz de conducir los demás puntos de vista como por ejemplo las demandas de los movimientos sociales o de los gobiernos del Sur. Pensemos que hubiera pasado si este premio hubiese sido otorgado a por ejemplo al Foro Social Mundial o a algún gobierno de los llamados progresistas de América del Sur.

Esto nos recuerda una vez más que el proceso de descolonización tiene dos vertientes: por un lado,  el del lado del sujeto colonizado que precisa asumir su autonomía y recuperar sus propias narraciones; y por otro lado, del sujeto colonizador quien debe abandonar las pretensiones universales de verdad y reconocer las falencias de sus propios procesos y la parcialidad de sus enunciados.

Batman y el Caballero de la noche asciende. ¿Por qué tomar un elemento de la cultura popular, como lo es una producción de Hollywood para entender el colonialismo hoy? El cine es un ámbito de disputa ideológica y los productos de Hollywood tienen tal lugar en la construcción de nuestros imaginarios que condicionan en gran medida la manera de entender las problemáticas sociales. El caso de Batman resulta muy revelador. La última trilogía del director Cristopher Nolan tiene un Batman más “humano” y una ciudad Gótica que va experimentando las transformaciones del capitalismo.

La última entrega podría leerse como la respuesta de Hollywood a los gobiernos de izquierda del Sur. La trama de la película versa fundamentalmente sobre un movimiento de reos (¿el proletariado quizá?) que quiere revelarse a la institucionalidad jurídica y política que los anuló socialmente. Se convierten en un movimiento subterráneo que atacan al capital financiero y amenazan con destruir toda la ciudad para construir un nuevo orden. Este movimiento subterráneo (podríamos decir del Sur) se revela contra la estructura que crea ricos y pobres y asumen un discurso que podría equipararse al de la izquierda. Un reclamo justo ciertamente, pero tal como es leído por Hollywood esto representa una amenaza de carácter terrorista de tal modo que este movimiento insurgente es retratado como aquel que utiliza la interpelación ideológica para satisfacer fines destructivos del orden social establecido y que la manera legítima para borrarlos es fortalecer la institucionalidad, expresada en la policía y su renacimiento desde el subterráneo de la ciudad.

Cuando Nolan probablemente nos conduciría por una historia que optaría por el punto de vista del oprimido y la redefinición de lo que implica el heroísmo encarnado en Batman, elige resolver la situación desde los términos que el poder hegemónico a articulado, a saber: criminalizar la protesta y hacerla monstruosa. Al parecer para Hollywood todo aquello que está sucediendo en América Latina con los gobiernos progresistas es una amenaza subterránea que viene a destruir las capas sociales que han traído estabilidad al actual orden mundial. Batman en este caso es el héroe que el capital financiero necesita para seguir creando la imagen de que el Norte imperial es el que debe seguir decidiendo sobre el futuro del Sur.  Y si a esto añadimos la “humanización” que el personaje ha recibido (que ha sido considerada uno de los grandes logros de estas superproducciones, el presentar personajes más humanos) fácilmente nos dejamos conducir por una suspensión crítica y política del personaje y la aceptación de sus acciones en función de aspectos puramente internos.

Lo que unen estos acontecimientos al parecer tan disímiles es la resistencia de las formas hegemónicas para aprender del Sur y con el Sur, manteniendo la mirada en aquello que de las formas hegemónicas del poder se sigue insistiendo. Con cierta ironía podríamos decir que en el universo ficticio de Batman, él hubiese recibido el Nobel de la Paz por su lucha directa contra el crimen (siempre y cuando no se le ocurra gestionar proyectos de economía solidaria o respaldar a algún movimiento social anticapitalista o si quiera volver la mirada hacia los pueblos originarios para construir alternativas).

No pretendemos asumir posiciones chauvinistas de deslegitimar todo aquello que proviene de Occidente y mucho menos relativizar tan sencillamente sus aportes, más bien queremos situarlas en un contexto poscolonial y reconocer la emergencia de un Sur del cual también se puede aprender y al cual hay que mirar en búsqueda de una orientación sobre el mundo que queremos construir. Aprender con el Sur es recuperar esos saberes-otros, aquellas formas de participación y construcción colectiva de la palabra, las otras maneras de relacionamiento con el otro y con la naturaleza y desde ahí construir resistencias y alternativas a la hegemonía capitalista.

Zizek en varias ocasiones ha llamado la atención de que en estos tiempos no basta con hacer simplemente (el famoso Just do it de Nike) porque eso no da pauta para cuestionarnos nuestras prácticas y resituar las preguntas que hacemos sobre la realidad. Es un tiempo para pensar también y pensar desde las periferias del poder porque desde allí se aprecia mejor cómo este opera.  Es momento de decir junto a Fanon “Cuerpo mío, haz de mi un hombre que siempre pregunta”.

 

 

 

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